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Los niños de Palestina

Tengo sobre mi mesa y dentro de mi corazón la situación de Palestina desde hace meses, la miro, la reviso, escribo, la dejo y la retomo. El día que asesinaron a la periodista Shireen Abu Akleh me dije ¨hoy es el día…¨, pero no pude ante tanto sentimiento impotente. Cuando repetían la imagen del niño asesinado al lado de su padre, los dos arrinconados en una calle pensé que podría y, tampoco; sucede que lo que más nos duele no se le dice a nadie ni tampoco se puede escribir…, sólo se puede llorar en silencio. ¿Cómo escribir sobre un genocidio divulgado al aire en tiempo real? ¿Cómo expresar lo que uno siente al ver los rostros incrédulos, horrorizados, demacrados de los niños, de las niñas huyendo con sus padres impotentes? No hay palabras, no las hay, por eso sólo queda el llanto; entonces, hablemos del llanto ante el genocidio de Palestina.

El lamento de las madres palestinas por el asesinato de sus hijos es imposible de escucharlo sin perturbarse, la naturaleza así lo quiso para que quien oiga el llanto se con-duela, reaccione y detenga el acto que lleva al sufrimiento o para que esa intensidad dolorosa atraviese el límite de lo imposible y el muerto se levante.  Si el llanto de las madres desgarra el alma, el de los padres palestinos es estremecedor porque se viene abajo la represión de milenios de los varones, entonces, lloran, como nunca en la historia humana. Ante este horror los niños y las niñas, gimen, sí, sin consuelo, pero, extrañamente, resaltan más entre las ruinas sus rostros estupefactos con los ojos desorbitados que no les alcanzan para mirar el desastre…, signo inequívoco del trauma de sus mentes infantiles que, si las criaturas sobreviven, serán habitadas en la adultez por las pesadillas más tormentosas; he visto a niños y niñas darles fuerzas a sus padres y los he visto entregarse sumisamente a la muerte a manos de los sionistas.

Los niños y niñas a través de los tiempos han sufrido un trato indigno, en el libro La historia de la infancia del psicoanalista Lloyd DeMause cuenta descarnadamente cómo han sido los adultos con los infantes a través de la historia de la humanidad: una pesadilla. Han sido tirados por los barrancos; abandonados en los bosques a merced de las fieras y del frío; asesinados con las propias manos de sus madres y padres; objetos sexuales para recreación de los adultos; sirvientes en sus propias casas; amarrados a sillas o camas para que no molestaran; si era varón se conservaba, si era niña, se abandonaba; había prelación por las criaturas normales y las deformes eran desechadas; eran tomados como rehenes ante deudas por dinero o por razones políticas y, de todos es sabida La matanza de los inocentes que cuenta La Biblia sobre el rey Herodes al mandar a asesinar a todos los niños menores de dos años para que no surgiera ¨el rey de los judíos¨; no se puede precisar cuánta ficción tiene esta historia, pero de lo que se trata es de observar en ese imaginario cómo los niños son despreciados por los adultos. El infanticidio era numeroso en Europa. Los supremacistas a través del tiempo tienen como regla desaparecer toda la descendencia del pueblo que eliminan para que nunca tome el poder político; por eso a los sionistas no les importan los infantes palestinos, son futuros reivindicadores.

El cristianismo con Jesús introdujo un cambio en la noción que se tenía del niño en la antigüedad al insertar el concepto de inocencia pues, los infantes estaban muy asociados con fuerzas malignas, el diablo, las brujas, la mala suerte; sin embargo, el concepto de inocencia trajo la terrible idea de que el niño no sufría, que no sentía placer, lo que aumentaba el abuso sexual sobre ellos por parte de los criados, de las familias, de los adultos. En los pueblos originales de lo que después se llamaría América los infantes eran sacrificados a sus dioses. El avance hacia el respeto de los niños en el mundo ha sido lento, jalonado por pedagogos y pedagogas, médicos, sacerdotes y padres y madres buenos que han ido trasmitiendo de generación y generación la actitud comprensiva, amorosa hacia las pequeñas criaturas…, pero el ataque de los sionistas sobre Palestina demuestra que existen grupos humanos presos de una condición brutal.

¿Qué se puede decir de las potencias mundiales que permanecen impertérritas ante este genocidio? ¿De qué nos ha servido que el más grande rey de Oriente, Hammurabi, de allá de las tierras de los sionistas, haya escrito ¨hice justicia con la viuda, el huérfano, el pobre y el extranjero¨ principios milenarios que recorren silenciosos los tratados internacionales de la ONU si son violados por los genocidas sionistas?

Las criaturas palestinas como todos los niños y niñas de la historia de la humanidad, como los de la Guajira, los del Chocó, los de Siria y Venezuela, los de Hiroshima, los del mundo entero, son la periferia de la sociedad cuando deberían ser el centro y no lo son porque, como humanos pensantes, nuestra racionalidad no ha dado para hacer de las criaturas el sujeto central de la justicia nacional e internacional. Hemos pensado fórmulas éticas, fórmulas del tiempo y el espacio, fórmulas robóticas para inteligencia artificial pero no hemos sido capaces de mirar a nuestro lado para descubrir que la criatura más necesitada de justicia es el infante, el niño, la niña por su grado de indefensión y seguimos pasando por encima de ellos, como lo hacen ahora los sionistas dejándolos mutilados, masacrados, huérfanos de padres, huérfanos de patria, huérfanos de vida, náufragos, en ese mar de sangre que es Gaza, sin que nadie los socorra,  ante los ojos adultos de las potencias mundiales cómplices de este genocidio trasmitido al Planeta en tiempo real que tiene a medio mundo llorando en las calles exigiendo clemencia. Es la debacle de la civilización occidental encabezada por ese grupo de humanoides que son los sionistas que se introdujo en el centro político y financiero de Estados Unidos para desde ahí controlar el mundo con sus preferencias. Ha quedado claro que la crueldad es humana, no sólo de la Alemania nazi, del fascismo italiano, del estalinismo ruso…, es también norteamericana, francesa, israelí, colombiana y que su fin es poner de rodillas al resto de los humanos como en la más macabra película distópica. La política mundial debe tomar con seriedad los estudios psicológicos relacionados con la política, ahí está en gran parte la clave del futuro. Alguien llora conmigo en este instante por todos los niños de Palestina.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Psicóloga. Magíster en Filosofía – luceromartinezkasab@gmail.com

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