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Fraudes en la era Trump (1 de 3)

América Latina en 2025 y en paralelo a la 2ª administración de Donald Trump, ha vivido cuatro elecciones presidenciales de necesario análisis de cara a las tres procesos electorales que tendrá Colombia en los próximos meses. La doctrina Monroe 2.0 lanzada por Trump, es la “legalidad” con la que Washington justifica su ahora descarada intromisión bélica en el Caribe, y además, en los procesos electorales latinoamericanos. Aprender de los fraudes en las elecciones presidenciales de Ecuador y Honduras, de las derrotas en Bolivia y Chile, así como, de la historia reciente de las elecciones colombianas, son un contexto imprescindible a considerar, son herramientas necesarias para el blindaje del mandato de las mayorías de izquierda y progresistas en Colombia el año 2026. También sirven para los próximos procesos electorales del continente.

De las recientes elecciones presidenciales en Honduras y Ecuador, destaco cuatro elementos de vulneración electoral y sus mezclas: injerencia, manipulación, coacción, y fraude. En estas dos elecciones, las encuestas daban como ganadoras a ambas candidatas progresistas Luisa González y Rixi Moncada, que al final resultaron víctimas de fraudes. No profundizo en Bolivia donde se decanta otro jinete del apocalipsis, la división, producto del desencanto de sectores populares con incumplimientos del gobierno de Luis Arce, que llevo al progresismo a correr con dos candidatos, división que viabilizó el retorno de la derecha al gobierno. Tampoco el más reciente caso chileno, donde Jeannette Jara si bien encabezó la 1ª vuelta, no era favorita en la 2ª, aquí estaríamos ante desencantos similares por el gobierno de Gabriel Boric, que no llegaron hasta la división, pero si a la apatía, impulsada por una manipulación que sobredimensionó la inseguridad. En ambos casos, hay quien acusa de tibieza a los mandatarios salientes, de falta de trabajo en sectores populares, resultado de visiones excluyentes de los más pobres. Pero esto no libra los procesos de injerencias externas, tampoco es descartable que, también a estos contundentes triunfos de la derecha, se les haya revuelto alguna dosis de fraude, porque es evidente que Trump no escatima a la hora de combinar todas las formas de alteración de la voluntad popular.

Recordemos la historia de las elecciones colombianas recientes, ahí también nos aparecen los cuatro elementos de vulneración electoral citados. Me refiero a los resultados electorales de Colombia hasta la 1ª vuelta presidencial del 2022, donde el fraude lo ejercía la derecha sin limitantes, característica que reapareció en las elecciones locales y regionales de 2023. Ante esta historia continuada de fraudes, vale subrayar la sorprendente excepción de la 2ª vuelta de 2022, cuando -por alguna razón- se consiguió que fuera respetado el triunfo popular. Vale la pregunta ¿Qué cambio el 19 de junio de 2022?

Iván Cepeda duplica a su inmediato seguidor en la encuesta INVAMER de noviembre 2025, su efecto en el público es positivo porque evidencio la caída de la derecha, sin embargo, también es de cuidado porque parte del progresismo entró en éxtasis triunfalista. Este texto pretende pellizcar, busca aterrizar en una realidad donde aún no es temporada de repartir puestos, si no de volver a ganarse -uno a uno- los votos necesarios, así como, de la obligatoria necesidad de construir -además de las veedurías electorales- herramientas cibernéticas para vigilar y blindar nuestros resultados y así impedir su alteración en los computadores de la registraduría.

Ante los resultados del Ecuador, vale reseñar el sorprendente mecanismo logístico con que fue perpetrado el fraude en la 2ª vuelta de las presidenciales del pasado 13 de abril. De acuerdo con la información suministrada por el candidato a la vicepresidencia Diego Borja, en nuestro vecino las alarmas saltaron cuando la izquierda paso de una previsión de triunfo estrecho en las encuestas -del 0,17%- a perder por 11,5 puntos. El hecho de tal diferencia es la manipulación de la boleta electoral y los lapiceros en un numero parcial de mesas y electores. Una cantidad limitada de lapiceros eran de una tinta acuosa, y estaban ubicados en mesas con boletas donde la casilla de Luisa tenía papel expulsor de tinta, mientras en la de Noboa el papel absorbía y secaba. Así, el voto cambiaba de lado al doblar la boleta electoral (Borja, 2025-2).. La investigación realizada por Borja y denunciada ante la OEA en Washington en octubre pasado, documenta esta modalidad de fraude. Inicia citando el propio Informe de la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (MOE-OEA) que en su página 13, reseña tal anomalía: “Al Momento del cierre y escrutinio, tanto en la votación en el exterior como en el territorio nacional, la Misión observó que se registraron inconvenientes porque la tinta utilizada para marcar las papeletas se transfirió entre las opciones políticas al doblarlas, debido a la simetría del diseño. Esta situación generó confusión en la interpretación del voto y, en algunos casos, derivó en su anulación” (Borja, 2025-1).

Nos parece ciencia ficción, pero está comprobado por auditores forenses de México e Islas Canarias. Específicamente el Instituto Canario de Análisis Criminológico ICAC, expresó en su informe: “Este tipo de tintas con disolventes a base de agua y disolventes de secado lento, en el que se utilizan disolventes como el fenoxietanol y el alcohol bencílico, así como colorantes violeta de cristal y amarillo de metilo, y benzaldehído, se caracterizan porque son de fácil transferencia, por lo que no deben usarse en un proceso electoral cuando los diseños de las papeletas favorecen que en los fenómenos de transferencia por contacto se marcan las casillas de ambos candidatos.” Agregando, que “La hipótesis de que la tinta pueda desaparecer del sitio original con independencia de la composición de la tinta no puede descartarse”. Complementó lo anterior el Corporativo de Servicios de Investigación, Protección de Documentos y Ciencias Forenses CSIPD & CF de Ciudad de México, que realizó el análisis de papeletas electorales, consignando en su informe que “es posible la transferencia accidental de la tinta de bolígrafo por deficiencia en su secado y de manera intencional a través del uso de algún tipo de disolvente”. Dentro de las investigaciones de Borja, quedó claro que es un procedimiento normal en artes gráficas, en especial en imprentas offset a altas velocidades (Ibid.).

Ahora bien, para entender la sorpresa de las fuerzas progresistas del Ecuador, vale conocer que la Revolución Ciudadana, durante los 10 años de gobierno de Rafael Correa, creó un disciplinado cuerpo de 42,000 veedores electorales para cubrir las mesas de votación, y así el progresismo ecuatoriano asumía poder controlar el 100% de las mesas, por esto, los desconcertó la incongruencia entre los sondeos a boca de urna y el resultado registrado por sus propios veedores, mientras ganaban en la encuesta por casi el 6%, perdían en el conteo por 11,5%, tal fue el resultado del trasteo de la X de un lado al otro en algunas boletas electorales. El reconocimiento inmediato del “triunfo” de Noboa por parte de Washington y todas los veedores internacionales, consolido rápido sin discusión el resultado fraudulento (Borja, 2025-2). Si bien -por su peculiaridad- podríamos llamar artesanal a este fraude, no es descartable que también se haya dado en la modalidad cibernética que más adelante veremos.

Quedamos notificados, una alerta para las veedurías que logremos organizar en las elecciones del 2026, es que no basta reportar los resultados de cada mesa registrados en las actas E14 después de las 4 p.m., sino que previo a las 8 a.m. se necesita verificar los tarjetones de votación y los lapiceros en cada mesa. En la actualidad no llegamos a cubrir todas las mesas con veedurías, tampoco tenemos cobertura de internet para transmitir desde el 100% en los colegios electorales. Para acercarnos a un cubrimiento aceptable, se necesita del trabajo conjunto de todos los equipos veedores, de todas las coaliciones a la izquierda del espectro político, léase Pacto Histórico, Pacto Amplio, Fuerza Ciudadana, Unitarios y de los candidatos progresistas verdes y liberales, así como en las circunscripciones de víctimas y étnicas, . Viendo las discrepancias en las elecciones atípicas del Magdalena, es claro que esta unidad requiere una ardua labor de filigrana.

Bibliografía:

Borja, Diego (2025-1), “Fraude electoral en Ecuador en abril de 2025”, presentación ante la OEA, Washington, 2 de octubre de 2025.

Borja, Diego (2025-2), entrevista telefónica, Bogotá, 4 de diciembre de 2025.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Felipe Tascón Recio (@felipetascon57) es economista, Doctor en Ciencia Política y experto internacional sobre la problemática de la coca y la cocaína en el mundo.

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