Ante nosotros el espectáculo del reestreno de la fumigación aérea de las matas de coca. Washington, Bogotá y ahora Barranquilla le regresan el protagónico en la autodenominada “guerra antidrogas”. Sin embargo, debemos abordarla como lo que es: La fumigación es una torpeza definible a la vez por dos antónimos: es tanto inocua, como nociva. Inocua por ser inofensiva frente a su meta de acabar la fabricación de cocaína y también sería “inocente”, al buscar resultados distintos, mientras reedita una acción cuyos fracasos se repiten. Nociva por la multiplicación de daños colaterales para la salud humana y animal, así como la agricultura legal, las tierras y las aguas.
Monitoreando la genuflexión de Espriella, Rubio lo visita y en automático presentan la fumigación como panacea y un experimento piloto en Putumayo. Para entender el relanzamiento en paralelo a tal inspección, bien valen las palabras de Trump dictadas a manera de paliativo a la desertificación: “El pueblo colombiano tomó la valiente decisión de elegir a Abelardo de la Espriella como presidente. Se ha comprometido a liderar una campaña enérgica contra el cultivo de coca y la producción de cocaína, que alcanzaron niveles récord bajo las fallidas políticas socialistas de su predecesor” (Semana, 2026). Así el narciso del norte revela que, si Abelardo se comporta como quiere, él, magnánimo, podría certificarlo.
Así será seguramente, porque al gobierno norteamericano, por lo único que le interesa esta “guerra”, es por su calidad de herramienta que garantiza la obediencia de países que considera satélites. Pero reitero, es una torpeza porque prioriza el espectáculo en vez de combatir las causas, ¿por qué? porque no les interesa resolverlas, sino justificar por siempre la metida de sus botas en nuestro territorio, mientras a sus narices les meten el producto. Al llamado “problema de las drogas” nadie quiere darle solución, por ser un precioso instrumento de intromisión. Por eso, las 3.300 toneladas de cocaína incautadas en el gobierno Petro (Swissinfo, 2026), para Washington son invisibles o intrascendentes.
Además, esta “guerra” siempre fue espectáculo; cuando en 1989 EE. UU. invadió Panamá para capturar al operador Irán-Contras y narco-dictador Noriega, lograron subirle la popularidad a Busch padre (Boyer, 2001). Es apenas lógico que a los faranduleros Trump & Espriella les apetezca la gala de avionetas asperjando veneno, para seducir televidentes ignorantes. Tranquilos que, para darle “seriedad” al asunto, se alega un supuesto éxito en 2013, único año en que después de fumigar, mermó el área de coca, pero cualquiera puede verificar que la razón verdadera de tal reducción fue la subida ese año del precio del oro, por eso las familias abandonaron los cocales para dedicarse al barequeo. Entonces, lo que sí prueba el 2013, es que solo cuando se generaliza un ingreso alternativo, se trasciende la economía de la coca para cocaína.
Abelardo pretende burlar las sentencias de la corte constitucional, como si la prohibición fuera solo al Glifosato, y bastara cambiar de veneno. Las condiciones fijadas por la corte en la sentencia T-236/2017 permitían reanudar las fumigaciones si estudios autónomos probaban que no había daño a humanos, ni al ambiente, si ofrecían plan de manejo ambiental, si se tomaba en cuenta a la población vecina y si se respetaba la sustitución voluntaria. Luego la T-413/2021 reconoció que la participación popular y los planes ambientales eran precarios o falsos, por lo que echo atrás fallos de la Autoridad Ambiental y refrendó la necesidad de consulta previa.
Dos putumayenses llevan la razón, la senadora Sandra Chindoy quien mandó a Espriella a experimentar asperjando sus fincas, porque en él Putumayo las fumigaciones “ya dejaron muertos, canceres y abortos espontáneos” (Chindoy, 2026), así como Enrique Meneses cuya tutela, aceptada por el juez 3° de Puerto Asís, señala la falta de participación popular “sin que exista información pública suficiente que permita descartar razonablemente posibles riesgos para la salud humana, los ecosistemas, las fuentes hídricas, los cultivos lícitos y las especies polinizadoras de la región” (Cambio-1, 2026).
Reto al vallenato que Espriella define filosofo, con uno salsero: “¿Y cómo lo hacen? – yo no sé, ¿Cuál es el negocio? – sepa usted” (Marrero, 1984), aclaro que no estoy pensando en su familia, estoy invitando buscar la diferencia en facturación entre el nuevo veneno glufosinato y el viejo glifosato. La clave puede que nos la haya dado el químico Francisco Ibla, quien señala la diversa forma de actuar de ambos venenos, mientras el glifosato ataca el metabolismo y la raíz, de donde -si la fumigación da en la diana- mata la mata, “el glufosinato puede quemar el follaje de la coca, pero eso no equivale, necesariamente, a matar la planta” (Cambio-2, 2026). Esto significa que, si el nuevo veneno solo ataca las hojas, se necesitaría fumigar cada predio en cada cosecha, es decir, la multiplicación infinita de los contratos de fumigación, el paraíso neoliberal para contratistas y contratantes.
Intensa la lucha que viene en todos los escenarios. Frente a un negociante como Abelardo, no basta con la protesta ordinaria contra los daños que produce el veneno a las familias cultivadoras. El debate parlamentario debe sumar tanto esta denuncia en defensa de la vida y el ambiente, como -muy importante- en las comisiones económicas buscar los hilos del negocio perenne que significa el glufosinato. Los entes de control igual, y si son autónomos deben vigilar y condenar la torpeza de reeditar a Colombia como el único país que envenena su gente y su territorio (Caballero, 2015), ningún negocio lo vale. Finalmente se necesita organizar la resistencia y alternativas desde las organizaciones sociales de base en los 17 departamentos productores de coca para cocaína, la lucha debe gestarse de abajo hacia arriba, sin que ningún partido ni “guerrilla”, suplante a las bases.
BIBLIOGRAFIA:
Boyer, Jean-François (2001): “La guerra perdida contra las drogas, narco dependencia del mundo actual”, Editorial Grijalbo. ISBN. 970-05-1351-3.
Caballero, Antonio (2015) “Narcos, o accionistas”, publicado el 10 de mayo de 2015, disponible en http://www.semana.com/opinion/articulo/antonio-caballero-narcos-accionistas/426907-3
Cambio (2026-1): “Juzgado de Puerto Asís suspende aspersión aérea con glufosinato de cultivos ilícitos en Putumayo”, publicado el 11 de septiembre de 2026, disponible en https://cambiocolombia.com/pais/articulo/2026/9/juzgado-de-puerto-asis-suspende-aspersion-aerea-con-glufosinato-de-cultivos-ilicitos-en-putumayo
Cambio (2026-2): “Nuevo gobierno, nuevo herbicida: ¿vuelve Colombia a una vieja guerra contra la coca?”, publicado el 16 de septiembre de 2026, disponible en https://cambiocolombia.com/poder/articulo/2026/9/nuevo-gobierno-nuevo-herbicida-vuelve-colombia-a-una-vieja-guerra-contra-la-coca
Chindoy, Sandra (2026): “¿Dónde están los estudios para fumigar Putumayo?”, publicado el 16 de septiembre de 2026, disponible en https://www.facebook.com/reel/1705228957244931
Marrero, Raúl (1984): “¿Como lo hacen?”, grabado por Frankie Ruiz y la Orquesta Primerísima, Top Hits.
Semana (2026): “EE. UU. mantiene la descertificación de Colombia en la lucha antidrogas por culpa del gobierno Petro. Viene nueva etapa con Abelardo De La Espriella.” publicado el 16 de septiembre de 2026, disponible en https://www.semana.com/mundo/noticias-estados-unidos/articulo/ee-uu-mantiene-la-descertificacion-de-colombia-en-la-lucha-antidrogas-hay-nota-sobre-el-presidente-abelardo-de-la-espriella/202605/
Swissinfo (2026): “Colombia incautó más de tres mil toneladas de cocaína durante el Gobierno de Petro.” publicado el 23 de julio de 2026, disponible en https://www.swissinfo.ch/spa/colombia-incaut%C3%B3-m%C3%A1s-de-tres-mil-toneladas-de-coca%C3%ADna-durante-el-gobierno-de-petro/91792338