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El horizonte recobrado y la Cumbre Ambiental COP16

Se celebra en la capital del Valle del Cauca, Cali, la cumbre ambiental COP16 Paz con la naturaleza   a partir del 21 de octubre hasta el 1 de noviembre.  Desde cuando el gobierno lanzó esa idea meses atrás sentí una gran alegría porque, en el presente, es el evento más importante del mundo junto con el que logre detener el genocidio en Palestina; es organizarnos alrededor de la naturaleza, de la biodiversidad, discutir, ponernos de acuerdo entre todos los países asistentes sobre cómo, desde la economía, y desde los demás   frentes, detener la crisis ambiental que nos está llevando al suicidio colectivo porque, hemos roto la armonía con la naturaleza.

La humanidad está llegando al fin de una era, la modernidad, para dar paso a otra que todavía los grandes pensadores y pensadoras no se ponen de acuerdo en cómo llamarla, pero eso no importa; lo que interesa es que estamos dejando atrás una civilización, un sistema de más de cinco siglos que hunde sus raíces en dos mil años, que tuvo en 1492, cuando Europa descubrió el Océano Atlántico e invadió lo que se llamaría América, el inicio de una época donde el ser humano occidental se confundió, perdió tanto la razón, que no supo dónde estaba la vida, empezando a caminar hacia la muerte.

Como continente nos sucedió lo peor, fuimos asociados a la palabra fortuna en medio de hombres atravesados por la codicia. Nos cuenta Enrique Dussel en su hermoso libro 1492, el encubrimiento del otro, que los mexicanos recibieron con atenciones gentiles y nobles a Hernán Cortés a quien trataron como al dios Quetzalcóatl, gran error del Destino, no supieron los mexicanos lo que le hicieron sentir a aquel hombre codicioso que no tenía donde caerse muerto, que vino como todos a eso, a probar fortuna, se sintió como un dios el resto de su vida. El primer día los invasores españoles recibieron complacidos en las orillas del mar las ofrendas de los embajadores mexicanos…, al segundo día los echaron a bala, los embajadores huyeron atemorizados mientras los españoles les dijeron Que se fuesen como tales a México que ellos venían ya a conquistar a los mexicanos y que a sus manos morirían todos…, es la línea de quinientos años que nos lleva hasta el genocidio de hoy en Palestina.

Los pueblos originarios de Abya Yala, el nombre que ellos le dan a América, fueron desalojados de sus tierras donde eran amos, obligados a irse a las cumbres o a deambular por las calles pidiendo limosna, han resistido cinco siglos preservando su cultura, su visión del mundo:  que la naturaleza es la madre, nosotros sus hijos y los humanos, hermanos y que entre todos debe reinar la reciprocidad…, por lo tanto, la naturaleza es sujeto como el humano y no objeto como dijo la ciencia moderna…, así de sencillo.  Hoy, cuando el mundo se halla en un callejón sin salida, cuando apenas se está dando cuenta del tamaño del error de haber disociado el pensar del sentir con el pienso luego, existo de Descartes, de haber creído que la naturaleza era para dominarla y no para cuidarla, que el humano era un ser sólo individual, sin comunidad, algunos de los pensadores europeos más lúcidos les dicen a los nuestros allá en América, con los indígenas, podría estar la salvación del mundo.

Porque nuestros pueblos originarios siempre mantuvieron en lontananza a la vida comunitaria, a la reciprocidad, a la unión del cuerpo con el alma y a la naturaleza como madre guiándolos; principios que la modernidad miró con desprecio y que estuvo a punto de despedazar. Esta cumbre climática en Cali, COP16, pensada, organizada y promovida por el gobierno de Colombia en cabeza del presidente Gustavo Petro y de la ministra del medio ambiente Susana Muhamad está inspirada en ese horizonte de nuestros pueblos ancestrales. La cumbre en Cali señalará al mundo el inicio de la rectificación del mayor error de la racionalidad europea: creer que el ser humano porque pensaba, no era naturaleza. Enrique Dussel lo aclaró, somos naturaleza consciente después de 3.500 millones años de empezar la vida en la Tierra, venimos del Big Bang, somos polvo de estrellas, naturaleza que piensa.

El humano es el único ser –que sepamos hasta ahora- que posee la conciencia de vivir por eso, su racionalidad tiene antes que todo, una función ética, la responsabilidad de cuidar todas las formas de vida.  Cuidar la vida desde los detalles más pequeños es el mayor signo de inteligencia humana, no es conseguir dinero, no es acumular tierras, no es taladrar montañas, no es contaminar los suelos y mares…, no es estrangular los ríos.

Conocí de niña a la ciudad de Cali donde viví un tiempo, era hermosa en medio de esas montañas verdes desde el avión y verdes por sus avenidas y jardines, con una frescura al atardecer. Decir Cali era decir Pacífico colombiano, distinción, finura en el trato, cultura alrededor del arte de la literatura, de la pintura, de la música, de la danza…, decir Cali, es decir El Saladito donde mi padre nos llevaba a través de una carretera que se iba internando en una neblina felizmente misteriosa para llegar a un aparador rodeado por el aroma de los  eucaliptos donde nos bajábamos a tomar chocolate con queso…, decir, Cali, es decir bañarse en sus ríos y dejarse llevar por las aguas frías, volver a subir para, nuevamente, deslizarse por las aguas hasta el cansancio. Estoy feliz que Colombia lidere el cuidado de la naturaleza, he experimentado toda su biodiversidad desde el infinito del mar en la Guajira, las rocas prehistóricas del mar en Cañaveral, el agua transparente del río Guatapurí con sus pececitos de mil colores, las cumbres blancas de la Sierra Nevada, el oxígeno puro de las montañas del Cauca, el alba en la llanura de Córdoba…, lástima que no estaré en esa cumbre en la ciudad de Cali.

Y, como si esta cumbre fuese poco, la semana pasada el presidente Petro firmó dos documentos que redimen a nuestros indígenas, uno, un proyecto de ley para la articulación entre la Jurisdicción Especial Indígena con el Sistema Nacional Judicial y, dos, un decreto que establece las nuevas competencias de los pueblos originarios sobre la protección de sus ecosistemas y el uso de la tierra. Entramos en otra era en Colombia y en el mundo, donde intentaremos recuperar el horizonte que los pueblos originarios nos guardaron…, debemos pedir perdón y volver a la sagrada Madre Naturaleza, así, salvaremos nuestras vidas.

luceromartinezkasab@gmail.com

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Psicóloga. Magíster en Filosofía – luceromartinezkasab@gmail.com

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