Recordemos las imágenes que tanto hemos visto donde un hombre o un puñado de ellos entran en el palacio de gobierno de un presidente elegido por voto popular, derrocándolo en un breve lapso de tiempo. Tenemos frescas las fotografías de 1976 del general Videla en Argentina en contra de Isabel Perón, pero aún más las del desenlace fatal del presidente de Chile, Salvador Allende, ante las fuerzas del general Augusto Pinochet en 1973 rodeándolo por tierra y aire hasta que el presidente se suicidó.
Imaginémonos ahora a un antiquísimo colectivo humano de las praderas africanas de donde somos oriundos teniendo una confusión entre sus integrantes sobre cómo organizarse alrededor de la caza, la pesca, la búsqueda del agua, la protección contra los animales, el cuidado de los hijos porque, tal y como venían haciéndolo ya no funcionaba…, ¿qué hicieron? Pararon, tal vez unas horas, tal vez un día para reunirse alrededor de un líder y así cambiar a las personas, los procedimientos y las cosas, es decir, para organizarse de nuevo entre todos. Eso se llamó asamblea constituyente, pero nuestros antepasados no lo supieron nunca ni falta que les hizo para dar con la forma de asegurar la vida de su colectividad. La palabra asamblea viene del latín assimilare que es juntar, formar unidad entre varios miembros, como quedó el significado en francés. La palabra constituyente significa que, establece completamente, por lo tanto, en política asamblea constituyente es la voluntad de reunión del pueblo para establecer la forma de organizarse de manera civil.
Golpe de Estado y asamblea constituyente son dos actos distintos del campo político, uno, utilizado para atacar intempestivamente la administración de un Estado y, el otro, la unión de la gente, de la mayoría, del pueblo, para constituir paso a paso la administración del Estado. Ambos actos están rondando a Colombia en estos días esparciendo angustia y ansiedad. Esta persecución mediática, jurídica y legalista contra el presidente Petro y todos sus electores se viene creando desde el momento mismo en que él asumió la presidencia. La asamblea constituyente es la respuesta del pueblo al percatarse de las malas intenciones de la derecha opositora.
Ese hecho del Consejo Nacional Electoral, un ente administrativo, de abrirle una investigación al presidente quien fue elegido por votación popular prendió ya todas las alarmas sobre la intención de un juicio y la destitución del presidente. Es un golpe a la democracia. Ante esto el primer mandatario convocó a una asamblea nacional constituyente de manera inmediata. Es curioso, estamos más enterados de lo que es un golpe de Estado que, del significado de una asamblea nacional constituyente, es decir, sabemos más sobre cómo atentar contra un gobierno que sobre cómo constituirlo; de ahí la desorientación dentro de la gente y de ciertos profesionales de todas las carreras, incluso, entre los mismos políticos ante el llamado desde hace meses del presidente Petro a esa asamblea porque, es una figura política que no se estudia a profundidad en las universidades ni se habla en las esquinas; es un secreto guardado por la educación manejada por la derecha en Colombia y el mundo porque, es la vía revolucionaria legítima por excelencia…, un legado de nuestros antepasados.
Este derecho político inherente e inalienable del ser humano y su colectividad que puede traducirse como el pueblo está por encima de la Constitución porque, es el soberano se reserva para aquellas ocasiones cuando la comunidad ve naufragar sus derechos en medio de unas instituciones caducas con miembros corruptos, a quienes mantiene con sus impuestos. La sociedad en manos del neoliberalismo ha ido invisibilizando a esta figura política cada vez más, quitándole el papel central al pueblo soberano en la creación, reforma e implementación de su Carta fundamental pasándoselo a los jueces. Pero, si la derecha avispada no menciona adrede a la asamblea constituyente como quien le oculta al preso la salida, la izquierda la tiene enfrente sin darse cuenta o no se atreve a abrir la puerta. A pesar de que mucha gente se apartó de la idea de la guerrilla le quedó ese ánimo clandestino que no le permite asumir la lucha de manera franca a la luz del día durante este gobierno progresista y, así, defender ampliamente la idea de una asamblea nacional constituyente que es legítima, para derogar aquellas instituciones que se volvieron inoperantes.
Una asamblea nacional constituyente, su nombre lo dice, es para restablecer completamente una forma de organización política con las instituciones que sean necesarias para ello; de tal manera que el pueblo convocado en este caso por el presidente Gustavo Petro -quien tiene todo el marco jurídico del Acuerdo de Paz para hacerlo, no necesita de otra ley ni de permisos de las Cortes, según lo aclara el exfiscal Eduardo Montealegre en su rueda de prensa ante el país el 5 de junio de 2024-, el pueblo, digo, podría sesionar desde el Congreso de la república para hacer las reformas y ajustes institucionales que necesite Colombia y el Acuerdo de Paz firmado en la Habana por las FARC y el Estado colombiano en cabeza del presidente de entonces, Juan Manuel Santos, para que sea cumplido tal y como se comprometió a través de una carta de Declaración Unilateral de Estado que hace parte del cuerpo del Acuerdo de Paz entregado a la Organización de las Naciones Unidas –ONU- en 2016.
Suele ser muy difícil que un pueblo valore en su real dimensión la presencia de un líder dentro de sus días como Gustavo Petro que siente, interpreta, mueve las ideas y los procesos que detienen el crecimiento del país. La gente alienada en su cotidianidad en esta sociedad que ha perdido la compasión no se da cuenta que tenemos a un presidente generoso, dispuesto a llevar a cabo esa asamblea para restablecer la democracia vaciada de las instituciones, exponiendo su vida con tal de poner al país en el siglo XXI. No importa mi vida, dijo el presidente indignado, una frase que le heló el corazón a muchos, pero a tantos no les importó, cuando dio a conocer que el Consejo Nacional Electoral, un órgano administrativo, lo investigaría sin ser la instancia competente y sin causa justa porque, toda la campaña estuvo entre los límites de las leyes. Difícilmente volveremos a tener esta sincronía de un presidente convencido de la necesidad de estremecer las estructuras de la derecha, de un Acuerdo de Paz que permite sanar las desigualdades y de un pueblo deseoso de liberarse de doscientos años de una oligarquía asfixiante. Se necesita, entonces, que las personas hombres y mujeres alrededor del presidente Petro sean tan comprometidas y valientes como él, que asuman con pasión y sudor el rescate de Colombia como también lo hace el pueblo.
Estamos a tiempo de ponernos al nivel del ánimo, la fuerza y la decisión del presidente Petro para rediseñar esas estructuras caducas como la Corte Suprema que dejó de ser suprema para convertirse en un organismo politizado; como la Fiscalía, la Procuraduría, el Consejo Nacional Electoral, el Consejo de Estado entidades volcadas contra el espíritu de las leyes, cuyos miembros han olvidado que fueron elegidos por el pueblo, para servir al pueblo, al que ahora traicionan. Instituciones que estancan el deseo ardoroso de la gente de una justicia justa, así, redundante, porque, lo que hoy tenemos es una justicia abusiva, pútrida, de tantas décadas de recibir las emanaciones de personas éticamente descompuestas. Nunca unos jueces pueden estar por encima del pueblo soberano, el pueblo no necesita permiso para reunirse y organizarse civilmente. No hay ley humana que subordine la ley de vida de los pueblos para buscar, mediante una asamblea constituyente, la forma más lúcida de salvar la vida de todo el colectivo humano.
Se necesita urgentemente ese espacio democrático amplio, implementando procedimientos sencillos, precisos, creando un órgano de divulgación en tiempo real sobre el avance de la asamblea para mantener al pueblo informado pues, ya no sería una marcha más por las calles para contentarnos con que se diga que fue multitudinaria y sólo con el deseo de hacer presión sobre magistrados, senadores, diputados, etc., eso ya no es suficiente. Será una asamblea deliberativa donde participarán todas las voces de los territorios a través de los constituyentes, los delegados, con el objetivo de llevar las propuestas de rediseño de las instituciones como el Congreso, las Cortes y los órganos de control. Que servirá también para facilitar los trámites que permitan concretar en el menor tiempo posible los pilares del Acuerdo de Paz: la entrega de tierras, el mejoramiento de los territorios, la verdad judicial y destrabar las reformas que el congreso bajo la oposición han detenido todo este tiempo. Agradezco las conversaciones y el ánimo de lucha del jurista Arturo Ascencio Tamayo alrededor de este tema, quien fue pre-constituyente de la Comisión Tercera preparatoria a la Asamblea Constituyente de 1991.
Entonces, el colectivo primitivo de seres humanos de hace doscientos mil años, al caer el sol en las praderas africanas concluyen la reunión para vivir bien entre todos y todas repitiendo como un canto para grabar en la memoria: ¨estos que estamos aquí, sueltos, invocando la protección de los dioses para que nos ayuden con la vida, la unión, la amistad, la comida, la rectitud, la igualdad, los sentidos, la soltura y la tranquilidad dentro de nuestras costumbres disponemos y anunciamos…¨ Un poco más sofisticado es el preámbulo de la Constitución Política de Colombia, El pueblo de Colombia, en el ejercicio de su poder soberano representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación…¨.