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Modernidad, desesperanza y suicidio

El suicidio, el quitarse la vida, lo que tanto amamos, es el fenómeno más complejo dentro del estudio de la psique humana que no sólo tiene en el medio ambiente de una persona un factor importante de origen, sino que también se debe a la herencia, al consumo de ciertas sustancias, a algunos estados emocionales, además, hoy en día, está el de la decisión frente a una situación límite como una enfermedad grave. Ante los trastornos psíquicos el notable médico vienés creador del Psicoanálisis como teoría de la personalidad y como método de tratamiento de las aflicciones emocionales, Sigmund Freud, nos dejó un gran aporte para su entendimiento: las series complementarias, una teoría de la causalidad. 

Nos dice que en un fenómeno psíquico hay tres series causales, en la primera, está lo hereditario y lo congénito. En la segunda serie están las experiencias infantiles que, junto con la primera crean una pre-disposición. Después, está la tercera serie, que son los factores desencadenantes o actuales. En algún momento de la vida puede suceder que la pre-disposición encuentre un factor desencadenante o que nunca coincidan. El control que la sociedad puede tener sobre la herencia y lo congénito, es decir, lo traído al momento de nacer, es casi nulo hoy en día, pero la ciencia avanza y jamás se le puede poner un límite. Sin embargo, sobre las experiencias infantiles y sobre un factor desencadenante de la actualidad sí es posible tener un grado de influencia. Es el factor desencadenante el que aquí nos interesa para asomarnos un poco en torno al suicidio -un tema trascendental tratado por notables estudiosos de la psicología-   porque, hay un incremento de ese hecho en los últimos tiempos en nuestro país, sobre todo dentro de la juventud, muy relacionado con los entornos educativos y las metas que se desean alcanzar. Surge entonces la pregunta, ¿qué pasa en nuestra sociedad actual que está incrementado los suicidios?

Es muy difícil para los seres humanos comunes y corrientes detenerse a pensar, ¿en qué época estoy viviendo, ¿cuáles son sus características sociales, políticas, económicas? Si no hay tiempo para vivir la realidad concreta llena de afugias, menos habrá tiempo para estas abstracciones, sin embargo, subidos en un bus o a la espera de una atención médica cuando el uso del celular satura puede que nos preguntemos eso y también, ¿influye la sociedad en nuestro modo de ser hasta llevarnos, en un momento dado, al suicidio? Sí, un medio ambiente familiar, laboral, educativo puede hacer eso…, y, ¿por qué se ha incrementado en los últimos tiempos?

El sociólogo y filósofo boliviano Juan José Bautista nos decía muy lúcidamente que, cuando hablamos de un ser humano también lo llamamos sujeto, que significa atado a, es decir, que los humanos originariamente estamos sujetos, atados, unidos, vinculados a la madre, al padre, a la familia, a la sociedad y como seres de la Tierra, a la naturaleza. Sin embargo, durante los últimos quinientos años, la edad de la Modernidad, por diferentes factores se ha venido gestando un proceso cultural donde a los seres humanos se les va cortando lo que los sujeta a la vida: los vínculos con la madre, el padre, la abuela, el barrio, la ciudad, el país, las creencias espirituales, los mitos, los ritos, la naturaleza…, hasta cortarle toda conexión dejándolos suspendidos en el aire.

Durante la niñez el vínculo con la madre, el padre, la familia es tan indisoluble por la misma inmadurez orgánica y emocional que el ser humano no alcanza a cuestionar su ser en el mundo, pero cuando llega a la adolescencia la persona se desprende de las formas originarias de unión para vincularse de otra manera: creando su propia familia y su propio quehacer. Esa es una de las razones por las que en la juventud se presente un alto porcentaje de suicidios, es un salto de un mundo a otro como en ninguna otra etapa de la vida, se sueltan unos lazos, necesariamente hay que construir otros, porque el ser humano necesita sentirse y saber unido al mundo. De ahí la importancia de la familia y la sociedad en general de convertirse en manos extendidas y en una red que les permita a los jóvenes contener una caída, una red de afectos y de posibilidades de realización personal.

La realización profesional es la cristalización de la identidad, del Yo, nadie puede vivir sin una identidad, los seres humanos al tener conciencia de sí, necesitamos darle un sentido a la vida; un quehacer es una manera de darle significado y de pertenecer a la comunidad. Podremos vivir sin el amor de una pareja, sin los hijos, pero sin una unión con la sociedad es muy difícil. Los factores emocionales predisponentes que un joven lleve al ámbito educativo son incontrolables por parte de este campo, de lo que se trata es que las instituciones incidan los menos posible en desenlaces fatales brindando el trato digno que toda persona se merece; se trata de que los medios educativos y en general todos los campos, no se conviertan en los desencadenantes del suicidio.

Nos enseñaba el filósofo Juan José Bautista, descendiente del pueblo ancestral aymara de Bolivia, que esta Modernidad –que nos ha hecho creer que es el culmen de la evolución de la sociedad dizque por el grado de desarrollo- ha ido absolutizando la vida humana, la ha ido desconectado de la naturaleza y de los lazos afectivos entre los congéneres. Como si la vida humana y de todas las demás clases de vida no fueran interdependientes. Esta Modernidad vive y piensa como si la existencia humana se diera porque sí. Para una gran parte de esta sociedad no es importante el lazo con la madre tierra ni con la madre que los parió, por eso acaba con los ríos, los mares, el aire, abandonan a los hijos, a los padres y abuelos…, porque desprecian la circularidad, la interrelación de cada ser humano con el cosmos en todos los niveles. La racionalidad moderna lentamente ha ido negando la causalidad de los fenómenos humanos partiendo de los afectos, para ella, el ser humano es un autómata frío…, así llegamos a la psicopatía, esa máscara de la cordura de decenas de médicos, juristas, economistas, políticos, artistas, gente del común, etc., desprovistos de ternura a la que miran con desprecio, infringiendo dolor con la más pasmosa crueldad y excusándola como parte de algún proceso de crecimiento. La Modernidad sueña de manera perversa y, en eso está empeñada, en que exista algún día la inteligencia artificial autónoma, desprendida de lo humano. No sueñan con crear las condiciones de un mundo más afectivo entre nosotros, no, fantasean con la frialdad de lo robótico, de la trashumanidad, con la cosificación de los humanos.

Hace unos meses la Universidad de Antioquia a través de su decano de Medicina el doctor Pablo Patiño, me invitó a dictar la conferencia Humanismo, modernidad y salud porque, él y otros médicos de la facultad como los doctores Joaquín Gómez y Olga Lucía Restrepo están preocupados, precisamente, por esta tendencia a cosificar la vida humana. Es desde dentro de las instituciones educativas, laborales, estatales, etc., con una actitud de auto crítica como se deben corregir los ambientes aversivos, psicopáticos, que se convierten en centros de tortura empezando por el o la líder de esa institución porque, su subjetividad trastornada será modelo para casi todos los demás en una cascada de mal trato. De los procesos más importantes para una buena salud mental dentro de las instituciones es la elección de un líder con una subjetividad armoniosa, empática, cálida.

La palabra que tal vez mejor describa el sentimiento de quien se quiere ir de este mundo es desesperanza, anuncia que la persona ya no puede sujetarse a alguien o, a algo, que ya no cree en nadie ni en nada; que se halla en una situación donde la única solución para ella factible es pasar al otro lado de la vida, y esta sociedad colombiana gobernada por una élite deshumanizadora sí que ha esparcido desesperanza durante doscientos años por todo el territorio donde la gente trabaja intensamente, se esfuerza todos los días, lucha por sus ideales, pero termina agotándose al ver lo anhelado imposible de alcanzar por el diseño obstructivo de las instituciones privadas y estatales.

¿Qué es lo que aparece cuando aparece el suicidio en esta sociedad? Una sociedad que se equivocó de horizonte, que, en vez de cuidar las condiciones que hacen posible la esperanza en la vida, eligió las de la muerte

luceromartinezkasab@gmail.com

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Psicóloga. Magíster en Filosofía – luceromartinezkasab@gmail.com

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