La primera comida de un restaurante internacional que probamos en la niñez fue la china, con un sabor tan diferente a la criolla de la casa, que también era deliciosa, pero saborear la de los chinos tenía ese placer de la salida especial los domingos hacia un restaurante exótico ubicado en el distinguido barrio El Prado en Barranquilla.
La sola arquitectura de ese restaurante al estilo pagoda ya era un gusto, por dentro el color rojo predominaba en sus paredes y en una cantidad de pequeños detalles como manteles, lamparitas, cortinas de cristales, pinturas, peceras, abanicos de papel, cada rincón ofrecía algo agradable a la vista con una iluminación suave que envolvía todo el ambiente de manera cautivante, sus meseros corteses sin esa prisa que se mandan hoy todos en todas partes. Allá, detrás, salía la conversación de los chinos y se alcanzaba a ver a una mujer frente a un aparatico con cuentas de madera contabilizando las ventas con una asombrosa rapidez.
Barranquilla a finales del siglo XIX y comienzos del XX recibió un gran número de extranjeros de China, Grecia, Alemania, Italia, Francia, Líbano que le dieron a la ciudad un colorido cultural amplio y encantador. Entrar, por ejemplo, a la casa de las familias árabes era un placer porque tenían un olor a especias que nos trasportaban a lugares lejanos, de igual manera a los clubes alemán, italiano, anglo donde el tiempo transcurría en otra dimensión. En los colegios abundaban los apellidos extranjeros unidos con los locales. Los chinos llamaban la atención no sólo por sus restaurantes sino también porque empezaron el cultivo de hortalizas y criaderos de gallinas para vender sus huevos, tanto, que apellidamos una de sus verduras como el cebollín chino y el sitio donde los cultivan le llamamos la Ye de los chinos porque, ahí se bifurca la carreta que va a Puerto Colombia. Inolvidable el helado de los griegos, el Frozomalt, y las galletas griegas que se reparten todavía en las esquinas de Barranquilla.
Y ahora estoy asistiendo a una conferencia de un profesor oriundo de China que cuenta su experiencia criando la comida del futuro que ya está muy extendida en su país, los gusanos. Una fuente de proteína que se cultiva con poca tierra, agua y espacio en comparación con el ganado vacuno o porcino en un país inmenso que necesita alimentar a una población de 1.411 millones de personas. Otro participante nos cuenta cómo están dando su paso hacia la transición energética donde sobresale el cuidado ambiental con el fin de pasar a una civilización ecológica desde todos los campos. Recordamos, entonces, que China es una de las civilizaciones más antiguas del mundo inventó el papel moneda, la pólvora, la máquina de vapor y la imprenta que los europeos se apropiaron de estos últimos inventos, como lo denuncia el sabio historiador Enrique Dussel, y hoy ese país asiático está a la vanguardia tecnológica por su indiscutible disciplina.
No obstante, después de asistir a estas conferencias donde destacan la preocupación y las acciones por mitigar la crisis climática que despertaron en mí esos recuerdos de mi infancia, me invade la decepción y la impotencia cuando exponen un proyecto energético en el corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta, en la ciudad sagrada de los indios aruhacos, Nabusimake, uno de los sitios con mayores radiaciones solares del país, de los más hermosos de Colombia y del mundo entero. Un proyecto presentado con todo el estilo capitalista empresarial de hombres y mujeres con trajes ejecutivos, bellas imágenes de los sitios, ponderando que la empresa tendrá al mayor cuidado con el medio ambiente y con la cultura de los pueblos ancestrales, es el proyecto Terra Initiative, de la empresa Greenwood, llamado por ella el proyecto solar más grande de América Latina que se llevará a cabo en forma mancomunada con los aruhacos.
Dicen que no solo será un parque solar de 160 megavatios, sino de un proyecto integral que busca la preservación y expansión de la biodiversidad de esa región, tiene licencia ambiental con una línea de interconexión de once kilómetros, creará un pueblo para la comunidad indígena con capacidad de 45 familias construido por los propios aruhacos donde estos tendrán una participación del cinco por ciento de los ingresos del parque solar. En el folleto que esa empresa entrega a los asistentes se ve el rostro de Danilo Villafañe, el gran líder de los aruhacos, quien falleció hace unos meses tratando, heroicamente, de salvar de las aguas a tres personas; defensor de su territorio, de las causas sociales, de la biodiversidad y se pregunta uno si de verdad esa invasión no terminará con arrasar a esa cultura.
Este proyecto solar está liderado por la empresa de origen griego Greenwood Energy, contará con la empresa china Huawei. En abril de 2024 el Libra Group, un colectivo empresarial internacional de propiedad privada que controla treinta filiales en treinta y cinco países con presencia en sectores de la aviación, finanzas, hostelería, energía, etc., en unión con el Festival Lea de Grecia, que busca la integración de Iberoamérica y Grecia invitó a un grupo de líderes aruhacos a Atenas con el propósito de promover un puente cultural entre la comunidad indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta y la República Helénica. Dentro de la misión además de los indígenas aruhacos estaba el director ejecutivo de Greenwood, de origen griego, Guido Patrignani.
Qué tristeza. Una cosa son los seres humanos emigrando para salvar sus vidas como los chinos y los europeos y los africanos, el extranjero de todos los países del mundo, y otra cosa es la colonización organizada, sobre todo en comunidades tan vulnerables como los indígenas de nuestros países. No lograron los aruhacos después de tantos siglos de resistencia salvar a Nabusimake de la colonización extranjera, ¿cómo los convencieron?, no se sabe, en todo caso de manera muy sofisticada. Ahí están las fotos que anegaron mis ojos, los aruhacos contemplando las ruinas de Atenas mientras los griegos y chinos por acá invadían y se alzaban con este territorio esplendoroso por el lugar menos pensado, el sol, el de la Sierra Nevada de Santa Marta.