Fue tomada por el periodista palestino Mohammed Salem, es una mujer doblada sobre sus piernas con una bata azul hasta los pies, medio recostada contra una pared que pareciera ser de un hospital sosteniendo en su regazo a una criatura que no pasaría de cinco años envuelta en tela blanca, la criatura está muerta con su rostro cubierto, la mujer está viva escondiendo el suyo entre uno de sus brazos, su otra mano termina de sostener la cabeza de la criatura.
La foto no muestra edificios en ruinas ni manos inertes emergiendo de los escombros, tampoco los rostros desencajados de las madres y padres ante sus hijos asesinados, no están los médicos desesperados protegiendo las salas cunas…, la foto no tiene una gota de lágrima ni de sangre, las telas lucen inmaculadas, no hay llanto, hay dos seres anónimos, no se ven sus rostros. Es tanta la avalancha del sufrimiento humano en Palestina con este genocidio cometido por Israel que uno no puede decir con seguridad si esta es la foto que merecía el Premio; sin embargo, se puede entender el razonar del jurado decidiéndose por eso, precisamente, por lo contrario a las escenas espeluznantes que genera esa hecatombe, elige así la profundidad anónima de la tragedia, la derrota en el cuerpo de la mujer vencida por el dolor que sus piernas no soportaron, por el cuerpo ya rígido de su criatura, la mujer siempre, sosteniendo en su regazo los hijos arrebatados por las armas; el jurado escogió la sobriedad para mostrar el calvario de la humanidad en Gaza.
Porque, ¿cómo premiar la foto de una madre arrebatada por el dolor ante el cuerpo semidesnudo ensangrentado de su hija y no la imagen de un padre con su bebé recién nacido desgonzado, ambas criaturas asesinadas? ¿Y, la de dos niños de tres o cuatro años perdidos entre los escombros cogidos de las manos frente a otra foto de una niña deshecha en llanto teniendo a sus pies a la madre asesinada? Entre el médico con el rostro escondido entre sus manos lleno de impotencia y la de una médica corriendo detrás de sus hijos asesinados llevados en camillas por los pasillos del hospital donde ella trabaja, ¿cuál imagen escoger? Quizás el jurado fue sabio al decantar tanto tormento en una foto de líneas sencillas. Que me perdonen las víctimas del genocidio nazi en la Alemania de 1941, tal vez, ellas, estarían de acuerdo conmigo en que las imágenes de Alemania no alcanzan el mismo grado de atrocidad que las de Gaza porque, la crueldad nazi no llegó a la sevicia de estos sionistas.
Pero, saliéndonos del marco del concurso que hace parte del mundo que sigue funcionando paralelo al horror en Gaza, ¿qué decir sobre una humanidad tan escindida que un genocidio es materia para un premio de fotografía? Ante el horror en Gaza no deberían existir esos premios en señal de respeto a ese pueblo. ¿Cómo es posible que no logremos que se detengan un día, sólo un día, todos los trenes del mundo; que Broadway cierre sus espectáculos; que se paralicen las bolsas de valores; que se cancelen los cruceros; que nadie escuche música; que cierren los colegios y las universidades; que los obreros suelten sus herramientas; que los historiadores y filósofos transmitan en rotativa por las redes los contenidos teóricos necesarios para que todos los pueblos del mundo aprendan lo que es un genocidio; que los presidentes de los países que apoyan a Palestina se unan para hacer una manifestación exigiendo el pare inmediato al fuego contra Gaza?
Sucede, que, como en tiempos de sequía cuando apreciamos las innumerables piedras que las aguas de un río ocultaban, ahora, con el genocidio en Gaza, vemos con asombro la verdad que ha quedado descubierta: que todas las cúspides de casi todos los campos humanos como las empresas farmacéuticas, de alimentos, de espectáculos, de diversiones, de noticias, de autos, de ventas por Internet, de cosméticos, textil, etc., están en manos del sionismo, el que nos lleva de ventaja casi ochenta años de un crecimiento silencioso…, así es muy difícil lograr un bloque de protesta mundial, sin embargo, hay que procurarlo porque, en el mundo somos más que ellos y ellas y, todavía estamos a tiempo de cambiar el curso de la historia.
El ser humano que, por tener uso de razón, es decir, por poder re-flexionar, pasear los pensamientos por la mente, observar la realidad, saber ubicarse en el tiempo y el espacio con su historia y su nombre, también es susceptible de que pierda esa razón, caer en la psicosis, en la locura, quedar peor que los animales porque a estos se les puede espantar con las manos, con un ruido fuerte, con un garrote, pero a un humano enloquecido queriendo hacer daño sólo lo detienen varios hombres muy fuertes, que puede ser también la unión de varios Estados cuando la locura es política. El Estado de Israel está psicótico, su locura, como si fuera una sola persona, fue creciendo con el tiempo desde 1948 cuando lo crearon; de una vez esa mente colectiva empezó a perder el raciocinio, cayó en la demencia que hoy el Planeta entero contempla con los pueblos protestando en las calles, pero con los líderes políticos en sus oficinas, esa locura no se detiene así; es preciso que los países tomen otras alternativas para contener la insania de Israel ya que la ONU no tiene ningún poder diplomático ni político para hacerlo, pues, Estados Unidos, Francia, Alemania, Inglaterra también están desquiciados apoyando a Israel, es decir, es una gran parte del mundo la que está fuera de control.
Hay algo que mueve la conciencia al apreciar esa foto, es arte, sí, pero, ¿qué haré ante la denuncia de esa foto hermosa en su tragedia? ¿Seré un simple sujeto pasivo o me dejaré interpelar por su mensaje y socorreré con mis condiciones a esa mujer y a esa criatura? El arte ante la crueldad humana es un arma de doble filo porque, puede ser la expresión de un compromiso o la alienación, no sentirse parte de este acontecimiento, entonces, se pasará la vista sobre la imagen abandonándose a la estética de la foto. Casi de manera simultánea conocemos otra foto, es de Estados Unidos representado por un hombre negro –qué traición, señor diplomático a su origen, a la lucha que ha hecho su pueblo africano- vetando el ingreso de Palestina como miembro de la ONU, argumentando la presencia de Hamás en ese territorio, se abstuvieron de votar Reino Unido y Suiza y, ¡no se levantaron en protesta los demás países ahí, in situ!
Vamos para siete meses contemplando en imágenes la demencia de Israel contra los niños palestinos, las mujeres, los hombres y el mundo no detiene ni un solo día las actividades productivas, sigue premiando fotos, siguen los mini mundos andando en el egoísmo de nuestra época porque, la vida debe seguir, como si esa barbarie de Israel no fuera contra nosotros, ¡es contra nosotros! Pasaremos a la historia en palabras de la científica Dana Meadows como la primera sociedad que no se salvó a sí misma porque no era rentable.