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La denuncia del presidente de Colombia, Gustavo Petro

Denuncia en estos días el presidente Gustavo Petro que la oposición argumentando una ruptura institucional – inexistente- por parte de su gobierno pretende hacerle un juicio político. Hemos convivido los colombianos desde hace siglos con la política perversa que para alzarse con el poder ha perseguido, asesinado, masacrado a los colombianos a lo largo y ancho del país; ha conspirado tanto que ha asesinado candidatos, ministros; ha extinguido casi partidos, hoy, sólo le falta derrocar a un presidente, Gustavo Petro, porque les está frenado los negocios ilegales de la droga y todos los carteles de la corrupción, rescatando al país de esas mafias organizadas desde la misma élite poderosa que no entra en miramientos para aliarse con las rastreras con tal de llenarse de dinero, llevándose por delante al país. La del presidente Gustavo Petro es una lucha desigual porque, la Fiscalía y la Procuraduría en Colombia han pervertido sus funciones al dedicarse a proteger a la delincuencia y a la vez perseguirlo a él como presidente.

Las denuncias y pruebas contra los directores de estas entidades abundan en los medios en cabeza de prestigiosos periodistas como Gonzalo Guillén, Cecilia Orozco Tascón, Julián Martínez entre otros, sin embargo, caen en el vacío porque las instituciones las presiden los mismos denunciados Francisco Barbosa y Margarita Cabello al frente de la Fiscalía y la Procuraduría respectivamente. Por otro lado, la crisis se agudiza porque, la Corte Suprema, encargada de elegir a la nueva fiscal –son tres las postuladas- ha dilatado la designación que tanto necesita el Estado para recuperar la seriedad de una verdadera democracia.

El gobierno de Gustavo Petro a través del tiempo que lleva demuestra cada vez más cómo Colombia, el pueblo y sus instituciones, estaba siendo engullida por la corrupción y el crimen, los que fueron ascendiendo durante dos siglos a las más altas esferas del poder incentivado por las ganancias del narcotráfico, hasta llegar a saberse que en las cáceles de Colombia se servía carne humana de los presos asesinados.

A pesar de que el pueblo colombiano ha sufrido tanto la violencia política desde cuando se convierte en república y desde antes, a manos de los españoles, aun así, no se concreta el confluir del dolor de todas las víctimas en un solo sentimiento, cada víctima allá con su familia y, eso, políticamente, constituye una debilidad casi suicida porque, al enemigo, aquel que roba el dinero de la alimentación de los niños, de la salud, de la educación, el que asesina, el que masacra no se le puede enfrentar en solitario, hay que hacerlo con la solidez de la unión y, esa unión, apenas se está gestando en este gobierno de Gustavo Petro donde él no desperdicia ocasión para formar a los colombianos a través de sus discursos.

Discursos donde ha enaltecido a los ancianos que todavía deben trabajar en las esquinas para sobrevivir. A los campesinos que han soportado todas las guerras, todas las violencias, todas las expropiaciones de los ricos. A los niños y niñas que deben cruzar ríos, montes, callejones peligrosos para ir a estudiar. Donde ha mostrado que es importante para el ser humano el tiempo del ocio para disfrutar de la vida, que no sólo es trabajar para ese noventa por ciento de la población mientras el diez restante vive de la renta en el exterior. Explicando el ciclo del agua y el privilegio de Colombia de contar con tan vital recurso para vida y cómo cuidarlo. Así a punta de concretar su plan de desarrollo, de discursos, de explicaciones, de pedagogía acto tras acto presidencial nacional o internacional ha ido tejiendo una unidad popular alrededor de la justicia social.

Sin embargo, para validar que esa unidad popular sí existe y sí empieza a unirse, el pueblo tiene que mostrar su cohesión y fuerza respaldando al primer presidente progresista de la historia de Colombia ante el aviso que el mismo presidente hace del montaje de la oposición de un juicio político contra él para derrocarlo. Y se dice el primer progresista porque es el primero que concede prioridad a los pobres; el que no se ha enfocado en beneficiar a los ricos porque, los ricos ya tienen, es el pueblo el gran despojado; ese es el pensamiento del gobierno de Petro y todas sus acciones políticas y ejecutivas van dirigidas hacia allá, hacia la reivindicación de los menos favorecidos.

Un formidable filósofo alemán que se suicidó ante el avance de los nazis dejó pensamientos lúcidos relacionado con el devenir de la historia de los pueblos dominados. Walter Benjamin, que así se llamaba, nos habla de la emancipación de los oprimidos, que no sólo son los que viven en la actualidad sino aquellos que murieron y padecieron con la esperanza de una mejor vida, los que esperan de nosotros la reparación de las injusticias y la realización de la utopía social. Es una misión que nos delegan los antepasados para que los redimamos en el presente y nos redimamos nosotros mismos. Retoma Walter Benjamin la figura del mesías, aquel líder que salva a su pueblo de la esclavitud en el relato de La Biblia, texto que contiene la mayor cantidad de enseñanzas éticas para los seres humanos en diversas ocasiones de la vida y para los pueblos caídos en desgracia a manos de los faraones de aquellos tiempos, pero que hoy fácilmente guarda similitudes que nos alumbran el camino cuando las democracias de los países se ven amenazadas por los déspotas de turno.

Hace Benjamin una interpretación providencial: que el mesías es el pueblo en revolución buscando resarcir el pasado de las víctimas a manos del opresor para influir en la propia historia presente. No hay que esperar un mesías, el mesías no viene del Cielo. El mesías es el pueblo unido actuando colectivamente, construyendo la historia que se figuraron los antepasados y en nombre de ellos y ellas, de todos los muertos por el hambre, por la mala atención en la salud, asesinados, desaparecidos, masacrados de Colombia buscar la liberación de este sistema criminal opresor instalado en las instituciones que deberían estar al servicio de la ley y de los ciudadanos decentes como son la Fiscalía, la Procuraduría y las Cortes.

No es como burlonamente lo plantea la oposición que el progresismo toma al presidente Gustavo Petro como un mesías, no, es mucho más profundo, es el pueblo unido por el sufrimiento de la opresión el que se convierte en mesías de su propia historia. Es la superación del tradicional individualismo colombiano a través de una unión fuerte como llegaremos a nuestra redención, no la puede asegurar el presidente Petro solo, él, nos representa ante las instituciones del Estado, nos lidera, y lo hace con qué grandeza de espíritu y de formación; somos nosotros, el pueblo, reunido en una asamblea multitudinaria en las calles quienes cambiaremos la historia haciendo respetar el voto que le dimos a este gobierno porque, mañana puede ser tarde, hay que correr.

luceromartinezkasab@gmail.com

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Psicóloga. Magíster en Filosofía – luceromartinezkasab@gmail.com

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