Los mitos, relatos racionales con base en símbolos son herencias culturales milenarias cuando el tiempo era tan lento que los humanos sentados frente al mar podían imaginar por horas, días y años historias fantásticas donde siempre se encontraban ante retos de la vida por amor, codicia, celos, justicia, entre tantas otras razones, iluminan todavía nuestro tiempo donde nos hallamos cada vez más acorralados por la tiranía y la corrupción.
La corrupción que trae la tiranía, la tiranía que corrompe a los ávidos de poder y de dinero ha ido creciendo en casi todas las áreas del Estado en Colombia de una manera pavorosa durante los últimos treinta años. Con la llegada del progresismo al gobierno, que nunca lo había tenido, se descubren casi todos los días más y más conductas reprobables de todo tipo en quienes trabajan en las diferentes instituciones públicas. Delitos denunciados por periodistas mujeres y hombres valientes que con su trabajo correcto mantienen la buena fama de que el periodismo es el cuarto poder. Aquí en Colombia estos periodistas sin proponérselo, sin buscarlo, sin acuerdos previos, sólo por la dinámica espontánea del deseo de cada uno por salvar a Colombia han construido un frente de lucha contra la corrupción.
Quien siga las noticias diarias constatará que, de la Fiscalía General de la Nación, la institución creada para velar por el eficaz cumplimiento de la justicia para los colombianos, emergen sin cesar nombres nuevos vinculados con denuncias graves hechas por un contingente de periodistas que tiene en Gonzalo Guillén su punta de lanza, mencionamos a Cecilia Orozco Tascón, Julián Martínez, a Paola Herrera, a Daniel Coronell entre tantos valientes que se van turnando para saltar, espada en mano, sobre las cabezas de la Hidra de Lerna que es la Fiscalía de Colombia, el más despiadado monstruo del inframundo de la justicia colombiana con sus siete cabezas que tienen el poder de reproducirse una vez decapitadas, por eso este grupo de periodistas necesita del respaldo de toda la ciudadanía para acabar con esa serpiente de más de diez metros de altura, de dientes afilados, de aliento venenoso porque, ya lo dice el mito, un solo hombre, así sea Hércules, no puede contra el engendro que vive en las aguas putrefactas del mal.
Un notable discípulo de Sigmund Freud, Carl Jung, introdujo en la psicología un concepto revolucionario, el arquetipo, que son estructuras psíquicas universales subyacentes a las experiencias y comportamientos humanos haciendo parte del inconsciente colectivo reflejadas en el arte, las narraciones, las religiones, los sueños y los mitos como el monstruo de la Hidra de Lerna que reproduce sus cabezas decapitadas, símbolo de la proliferación del mal, narración que se comparte con otras culturas porque, en todas las civilizaciones el ser humano hace daño a los demás, incluso, de manera monstruosa. Este mito de la Hidra de Lerna simboliza los actos, las palabras, las miradas, los gestos de quienes infringen daño a las poblaciones como este engendro acuático que tenía asolado los campos y menguaba los rebaños, es decir, acababa con la vida. Como los funcionarios públicos envueltos en denuncias que, cuando dan su cara a los medios de comunicación, se les ve el espíritu perverso, sobresalen sus ojos endemoniados, los pómulos rígidos, las manos engarrotadas, las palabras ofensivas envueltas en un aliento venenoso; bestias de varias cabezas que habitan también en el Congreso, en la Corte Suprema ataviadas de negro, en los juzgados, en las asambleas y concejos, ¡qué tarea titánica acabar con todas ellas!
Hércules, tan héroe como era, no podía solo contra la bestia que reemplazaba cada cabeza que él decapitaba, por eso buscó la ayuda de su sobrino Yolao, quien iba quemando el sitio ensangrentado donde antes estaba la cabeza para evitar que volviera a salir, alegoría que nos enseña a clausurar para siempre, a quemar, los procedimientos que permiten que el mal se reproduzca. Este mito igualmente es muy claro en lo más importante: que hay que decapitar a la cabeza principal porque es la que comanda a las demás, la de la Hidra de Lerna era inmortal como aquellos funcionarios que se burlan de la sociedad permaneciendo toda la vida en sus cargos sin que ninguna fuerza humana los saque de sus guaridas, Hércules, también la decapita, ya sin cuerpo no podrá reproducirse, el héroe, la entierra bajo una roca.
Si el Estado con sus diversas instituciones es creación del pueblo que en su milenario trasegar las fue formando para tener una vida buena, entre ellas la Justicia, es el mismo pueblo el que debe ahora luchar para desterrar de la Fiscalía esa hidra, ese monstruo de varias cabezas, que ya no es de Lerna sino de Colombia, la que ha ido poco a poco sumergiendo al país en un inframundo que no se merece. La Justicia es el centro del Estado, ella hace posible lo más preciado entre los seres humanos para una buena convivencia, la Igualdad. Para la salud de Colombia es de vida o muerte que todo el pueblo vigile ese pantano que hoy es la Fiscalía para que la Corte Suprema, que no se escapa tampoco de estarse convirtiendo en otro monstruo, elija sin dilaciones a la nueva fiscal entre Ángela María Buitrago, Luz Adriana Camargo y Amelia Pérez a quien se le espera como a una heroína tal y como el lenguaje metafórico de los mitos y de los arquetipos del inconsciente colectivo nos lo enseñan; que no le tiemble la espada a la nueva fiscal para combatir el mal con los ojos vendados como lo está la diosa de la Justicia.