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Colombia es una sala de velación

Así definió el periodista Gonzalo Guillén a Colombia ante la pregunta de Andrea Dávila el día del lanzamiento de su libro La artillería de la Libertad. El recinto calló, el público dejó volar sus pensamientos y hasta Guillén guardó silencio por unos segundos ante su propia revelación.

De todas las profesiones que pueden ser testigo de un tiempo, la del periodismo es, tal vez, la gran espectadora y relatora de los hechos de un país; en Colombia, Gonzalo Guillén ha sido un periodista puro desde muy joven sin ejercer otra carrera. Así que su afirmación de que Colombia es una sala de velación tiene una gran validez porque, sus ojos lo han visto y sus oídos han escuchado el llanto de los dolientes durante cincuenta años por las víctimas de las matanzas entre una diversidad de frentes extensos de enumerar entre ellos el paramilitarismo, la guerrilla y el Estado; por eso somos una sala de velación sinfín.

Recordé esa frase de Gonzalo Guillén ante dos hechos, el primero, la noticia de los hornos crematorios hallados en Villa del Rosario en Norte de Santander donde los paramilitares echaron a seres humanos ejecutados extrajudicialmente para desaparecer sus rastros durante el conflicto armado; noticia que emergía y emergía desde lo más profundo de las redes sociales hasta llegar a diferentes medios que se resistían a darle espacio. Y, segundo, la noticia del acto de excusas públicas del gobierno del presidente Petro ante las madres y familiares de las personas víctimas de ejecuciones extrajudiciales cometidas en gobiernos pasados por integrantes del ejército nacional, que hace parte del Estado. Me imaginé que esa sala de velación crecía y crecía y, quién sabe cuánto en la medida en que se descubran más víctimas.

Los seres humanos desde tiempos pre históricos siempre hemos vivido en grupos, inicialmente muy rudimentarios, éramos nómadas y no había mayores problemas en las organizaciones, pero cuando nos hicimos sedentarios por la agricultura y el pastoreo fue obligatoria una mejor distribución de las tareas, hasta que de manera incipiente fue apareciendo el Estado que hoy es la institución humana más compleja. Un Estado conformado por representantes de nosotros mismos, para que administre la complejidad de la convivencia. Entonces, se produjo un acuerdo, que son las leyes, por medio de las cuales nos guiaríamos para no matarnos entre nosotros mismos. Dentro de esas leyes ¨firmamos¨ que deponíamos las armas con las que defendíamos nuestras vidas y autorizábamos al Estado su uso en bien de nosotros ante un enemigo; es decir, un tercero, el Estado, nos defendería, bajo las figuras del ejército, la policía y demás fuerzas armadas: ¨toma, defiéndeme tú y, así, vivamos en paz entre nosotros¨; una forma de superar la mera condición animal.

Por eso, de todos los autores de crímenes, el del Estado es el más perverso porque, se le confió a él directamente el cuidado de la vida de los seres humanos, de manera que del Estado no se espera un disparo, un ataque, una matanza, un genocidio hacia el mismo ciudadano como se espera de un delincuente cualquiera, de un asesino furtivo, de un amante desquiciado. Estos no pertenecen a una institución del Estado que firmó frente a la asamblea del pueblo en pleno que está es para protegerlo. De manera que la gente ante el Estado representado por el ejército, la policía y demás fuerzas armadas está desarmada…, hasta corre para refugiarse en sus brazos y, sucedió que el Estado en Colombia en vez de proteger a la gente la estranguló con sus propias manos, la asesinó, la traicionó…, son las ejecuciones extrajudiciales.  Por eso no es lo mismo los crímenes de los otros asesinos, que son asesinos, indudablemente, pero, ellos no fueron elegidos ni son pagados por hombres y mujeres para el cuidado de sus vidas, el Estado sí a través del ejecito, la policía y demás fuerzas armas.

Desde cuando el mundo padeció el horror de Mussolini, Stalin y Hitler durante la II Guerra Mundial se alzó la pregunta, ¿cómo fue posible tanta crueldad? ¿Qué está pasando en la sociedad ante la ¨locura de sus líderes políticos?, preguntan los periodistas de Francia, Estados Unidos, Argentina, Chile, etc., a sus entrevistados politólogos, antropólogos, sociólogos y, es la misma pregunta que se hace el presidente Gustavo Petro ante la crueldad de las ejecuciones extrajudiciales por parte de los paramilitares y de las fuerzas armadas del Estado.

Lo dijo, Carlos Pérez Ricart, un joven doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Berlín en un programa de la televisión alemana en febrero 2 de 2017, ante la ¨locura¨ de la personalidad de Donald Trump y el peligro de tenerlo en la presidencia de Estados Unidos: yo odiaba hasta ahora las lecturas psicológicas de los líderes mundiales y en general entender las relaciones internacionales a partir de la psicología de los actores políticos, con Trump, me parece, que no nos queda otra alternativa que leer, entre otras cosas, esto desde un punto de vista psicológico y no siempre racional. Al decir psicológico se entiende que quiso decir emocional, porque lo racional también es psicológico. Y, es que gran parte de la respuesta a la crueldad humana la tiene la psicopatología, el área de la psicología que estudia las enfermedades emocionales y, dentro de esta, la ponerología, término introducido por el psicólogo clínico y psiquiatra polaco Andrej Lobaczewski que lo traduce, estudio del mal macro político, desde los trastornos de personalidad de los líderes políticos. El estudio de la crueldad humana es, tal vez, el estudio más importante a realizarse en esta especie porque, precisamente, ella, la humana, la que tiene bajo su responsabilidad su propia vida, la de todos los animales del Planeta y del Planeta mismo y, la crueldad humana produce muerte, atenta directamente contra la vida.

Lobaczewski en su complejo libro deja en claro que la crueldad humana como trastorno de la personalidad es psicopatía y que la psicopatía se caracteriza, principalmente, por la falta de empatía ante el dolor ajeno, es decir, por la crueldad. Dos son los orígenes de esta crueldad, primero, un daño orgánico cerebral en la zona prefrontal y segundo, el aprendizaje de una visión distorsionada del mundo. Es decir, hay factores biológicos y sociales adquiridos que producen una psicología determinada, en este caso, la crueldad. A través de su texto explica toda la complejidad de la etiología de la psicopatía. El daño macro social viene a darse cuando llega al poder político un individuo con una personalidad psicopática debido a un ambiente malsano desde la infancia o como resultado de un componente biológico, quien a partir del poder que ostenta esparcirá su crueldad, la que puede ir desde el egoísmo en las políticas públicas hasta el genocidio a través de cientos de funcionarios identificados con una visión distorsionada del mundo.

Lobaczewski estudió cómo una sociedad va llegando paso a paso a un genocidio: la visión distorsionada del mundo producido por un componente biológico de un líder o por aprendizaje familiar; la crueldad; su personalidad arrolladora; la identificación y sumisión de los funcionarios con él; los medios de comunicación inhumanos…, etc., es la narración idéntica de cómo se esparce una enfermedad emocional tal y como lo hace una infección orgánica por agua contaminada. Pero, en el área psicosocial surge, acotamos nosotros, un factor que complejiza aún más esa red enfermiza, en este caso un elemento macro cultural que se desarrolló con la modernidad, con el capitalismo, un concepto aberrante que saltó desde la economía sobre todos los campos humanos de la sociedad para pervertirlos: el concepto del incremento del índice de ganancia monetaria producto de la compra y venta de mercancías.  

De manera que, además de un sujeto con ansias propias de dominación como en el pasado lo fueron los psicópatas Atila, Genghis Khanl, Stalin, Videla, Pinochet, Trujillo, etc., se suma en nuestro tiempo el concepto de que todo debe ser rentable, que todas las actividades deben producir ganancia sin parar, pues si paran hay pérdida, es el carbón para la locomotora de la codicia…, y, en Colombia se agrega la corrupción y el narcotráfico para darle alas a la depredación que subyace en las personalidades psicopáticas. En consecuencia, estamos en una sociedad que fue volviendo mercancía, cosa, los animales, los árboles, los ríos, el aire, el agua, los seres humanos que, hasta sus vidas, como cosas, se cambiaron por cajas de arroz con pollo en las ejecuciones extrajudiciales realizadas por miembros del ejército. Una sociedad que engendra frialdad, cálculo, egoísmo…, crueldad, nos estamos quedando sin alma.

¿Qué hacer? Leyendo a este psicólogo clínico y su invaluable estudio se encuentra la respuesta: detectar a tiempo la crueldad de los líderes políticos apenas oculta bajo un manto de arrogancia, de discriminación, de maltrato imperceptible. Diseñando espacios y atmósferas de gobierno con total amplitud de puertas y ventanas para que haya conversaciones sin secretos, para que no se cocinen las malas intenciones de las personas corrompidas y haya acceso a todo aquel que tenga una verdad que contar. Utilizando mínimo una de las técnicas de selección de personal aplicadas a un puesto sencillo de atención al público, que proporciona un perfil psicológico necesario para determinar la armonía de la personalidad del futuro trabajador. Desinstalando los símbolos grandiosos de poder que subliminalmente endiosan al gobernante. Eliminando para siempre las técnicas que infunden terror, que quebrantan la dignidad y humillan a las personas dentro de cualquier organización, las que crean traumatismos y progresivamente disminuyen la capacidad de crítica de los sometidos. Promoviendo la compasión que fue el mensaje más poderoso del fundador del Cristianismo hoy olvidada por la élite dominante y que las frías leyes romanas fueron sepultando. Utilizando la televisión para educar y formar en ética. Promoviendo todas las artes. Deteniendo el mal cotidiano en las familias a través de mejorar los ingresos y condiciones de vida, el mal cotidiano de las instituciones hacia el ciudadano que llega hasta el genocidio.  Manteniendo viva la historia de los grandes errores contra la humanidad para la no repetición, entre otras muchas medidas.

Es de resaltar que Gustavo Petro desde lo que le compete como presidente está haciendo un abordaje nunca visto en nuestra república: desde el campo económico impulsando lo que hay que impulsar y desactivando lo ilícito. Desde el cuidado ambiental. Desde la dignificación de las fuerzas militares. El regreso de las clases de historia. El mejoramiento de las condiciones económicas de la mujer campesina. El alivio de los pagos de las deudas universitarias. El no callar y decir ante los micrófonos los avisos que le dan de posibles atentados en su contra entre otras medidas; es desactivar la patocracia, le enfermedad mental en el poder político y abrir caminos de salud psíquica.  Falta que el resto de las demás instituciones del Estado, Fiscalía, Procuraduría, Cortes, juzgados, etc., cambien el concepto de ejercer el poder como dominación que implica significativas dosis de crueldad y corrupción por el de servicio sensible al ciudadano.

La sociedad en general está inerme ante el influjo de la impiedad,  de la crueldad de los líderes políticos, codiciosos, en medio de economías ilícitas, dañando el medio ambiente por eso el estudioso del daño político macro social, Lobaczewski, propone que los Estados así como tiene auditorías en todos los campos, tenga también especialistas psicólogos, sociólogos, antropólogos, etc., que auxilien a las instituciones en la implementación de dinámicas emocionales sanas dentro de sus procesos que prevengan el caos desde los trastornos de personalidad de los jefes políticos.

El periodista Gonzalo Guillén define a Colombia como una sala de velación, lo hace desde el sufrimiento de los deudos, sí, desde los que siguen vivos y eso es esperanza…, una leve esperanza.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Psicóloga. Magíster en Filosofía – luceromartinezkasab@gmail.com

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