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¿Los Raizales de San Andrés viven del mar?

Qué obvia la pregunta, si el archipiélago de San Andrés está en el mar Caribe colombiano, ¿de qué podrían vivir sino del mar? Porque la tierra firme es poca, no apta para agricultura y menos para pastoreo de ganado cuando ni la propia gente tiene espacio para vivir.

El presidente Petro citó textualmente en su discurso de celebración del 20 de Julio en San Andrés, que la sentencia de la Corte de Justicia Internacional concluyó en el 2012 cuando perdimos 75.000 kilómetros cuadrados de mar ante Nicaragua ¨ que Colombia no ha demostrado que los habitantes del archipiélago de San Andrés, en particular los raizales, gocen de derecho de pesca artesanal en aguas ahora ubicadas en la zona económica exclusiva de Nicaragua¨; que no había una costumbre.  

Se indignó el presidente en ese momento, no es para menos, porque, las palabras de la sentencia de la Corte dejan ver lo que no hizo el gobierno colombiano del 2001-2012 ni el grupo de abogados contratado para defender el mar Caribe alrededor de San Andrés: no argumentó que la vida de los raizales del Archipiélago dependía de ese mar. Se fueron los abogados por tecnicismos conceptuales de las aguas del mar y desconocieron que el argumento contundente y veraz era que la vida de los raizales era el mar, porque de ahí derivaban el alimento no ahora, sino desde generaciones pasadas, incluso, desde antes del mal llamado descubrimiento de América. Es decir, que los gobiernos de esos años y el grupo de abogados desconocieron al pueblo raizal como el sujeto razón de ser de la defensa de ese mar colombiano en el Caribe, que, si lo perdían, se morirían de hambre.

El centralismo político les tiene miedo a los líderes de la provincia porque, ese centralismo, sabe que ha gobernado para ellos mismos, por eso, han acabado con la oposición para no ser cuestionados ni despojados de sus privilegios. Los líderes de la periferia por estar lejos del poder tienen la oportunidad desde ahí, desde la lejanía, criticar al poder central y señalarle dónde está la patología de ese Estado como lo hizo el presidente Petro el 20 de julio desde San Andrés.

Les subrayó a los pudientes su indolencia ante el sufrimiento de la gente del pueblo, la falta de corazón para defender al territorio nacional. Él, un hombre de provincia, del Caribe, por eso también el dolor por la pérdida del mar, le cobró públicamente a ese poder de tantas décadas y al grupo de abogados el haber dejado que Nicaragua nos arrebatara 75.000 kilómetros cuadrados de mar al no superar por amor a Colombia –y por el pago que se les hacía-, esa relación con el Archipiélago de meros turistas interioranos y, así, asumir con seriedad, dada la gravedad del asunto, la defensa del mar como la fuente de vida del pueblo raizal. Será histórico ese reclamo.

Esa clase política y ese grupo de abogados negligentes padece del gran mal ¨moderno¨, el no saber amar a la naturaleza ni mucho menos al ser humano porque sólo se aman a sí mismos en un narcisismo que lleva a la auto destrucción porque, el amor, que es dialéctico, si no se da no se recibe y, así, se va sembrando la propia desgracia que, cuando se poseen cargos de responsabilidad política la ruina en primer grado la sufre el pueblo, el territorio, la nación, la humanidad.

Esa élite no tiene idea de la circularidad de la vida porque el individualismo les define la forma de pensar y de sentir haciéndolos incapaces de comprender que en este mundo todo, todo, todo, está interrelacionado. No aman la naturaleza porque la ven como una cosa inerte. Por eso permitieron la explotación de la mina de carbón en la Guajira que destruyó para siempre ese suelo y estrangularon el río Cauca, tamaña belleza, con Hidroituango, llevándose por delante a la gente campesina. Son de un amar por encimita, de sólo palabras, sin hechos; la élite no sabe amar porque adoran el dinero.

Debería ser ley en Colombia que quien aspire a la presidencia, a los ministerios, a los altos cargos públicos primero haya estudiado historia, sociología y geografía del país porque vienen a gobernar a grupos humanos que no conocen y a un territorio que tampoco conocen. Sin embargo, quieren tener en su historia personal esos cargos importándoles un rábano la historia de la nación como referente para las propias ejecuciones como mandatarios. De ahí el desenfoque de esos expresidentes y del grupo ostentoso de abogados al frente del litigio contra Nicaragua, creyeron que desde el escritorio se podía armar la defensa, desde la ley fría, sin carne y sangre. Las leyes, como todo lo cultural en el mundo se desprende de lo humano. Sin lo humano no habría ley. Lo jurídico se nutre y sostiene con la gente por eso se perdió ante Nicaragua en el 2012, porque no se demostró que el mar era la vida de los raizales.

Saltaron de los escritorios encumbrados en Bogotá a la sala de la Corte en La Haya brincándose a los sabios raizales del Archipiélago de San Andrés que, con el saber ancestral sobre sus aguas, hubieran iluminado la defensa. Ley primera de la sociología: es la gente en medio del problema la que conoce el origen de ellos y las posibles soluciones. Ni tampoco tuvieron en cuenta a los profesionales raizales que, formados en diferentes ciencias, hubieran podido contribuir con armar una defensa de su propio mar. Ni leyeron la historia para argumentar que esas aguas donde está San Andrés hacen parte de una civilización marina en el Caribe donde también se encuentra Jamaica y Haití de toda la vida.

Me dolió esa pérdida de los 75.000 kilómetros cuadrados del mar de San Andrés porque buceé de niña en sus aguas cuando no era moda de las agencias de viaje, fuimos felices viajando en lancha hasta el Johnny Cay, tirándonos de cabeza al azul más transparente antes de llegar a tierra firme para abrir los ojos debajo del agua y contemplar ese mundo de ensueño de peces multicolores. Hablábamos con los raizales, lo que a mi padre le encantaba, él, decidió ser de la Costa, del Caribe, aunque había nacido en París, Francia, orgulloso decía que era de la Costa, pero cuando criticaba a la Costa y la gente le reclamaba respondía que no era de aquí, que era de París, y la gente quedaba desconcertada mientras mi padre se moría de la risa. Como él hacía amigos tan fácilmente a donde quiera que fuéramos, los raizales de San Andrés nos invitaban generosos a entrar a sus casas a comer pescado… y, ahora escucho que ellos se lamentaban ante el presidente Petro de la posibilidad de extinguirse como grupo humano, un etnocidio…, sin armas, sin invasión extranjera, sin accidentes de la vida…, por negligencia política.

Venía ahora Nicaragua por más. Desde cuando se posesionó el presidente Petro en el 2022 cambió el grupo defensor, en su lugar llamó a Eduardo Valencia-Ospina, Elizabeth Taylor Jay, nacida en Providencia, Gabriel Cifuentes Ghidin, Carolina Olarte Bacares que son abogados, biólogos, ambientalistas de gran trayectoria y, a la comunidad raizal. Participó el Ministerio de Defensa, la Cancillería, la Armada Nacional y la Dirección General Marítima. La Corte Internacional de Justicia no accedió a las pretensiones de Nicaragua.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Psicóloga. Magíster en Filosofía – luceromartinezkasab@gmail.com

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