Semanas atrás el presidente Gustavo Petro fue recibido por el gobierno, por el partido de izquierda y por centros culturales alemanes con los más sinceros honores. Se les notó la gran satisfacción de saludar al reconocido líder latinoamericano que en este momento de la historia mundial está proponiendo cambiar dinero por clima para salvar la vida en la Tierra; toda una revolución económica política acorde con el siglo XXI, impensable en el siglo pasado que utilizó las armas para virar de un momento a otro la política en unos territorios.
Gustavo Petro con el transcurrir de su mandato y, conferencia tras conferencia en diferentes países, está demostrando que no sólo es un estadista capaz de pensar, proyectar y ejecutar un modelo de Estado adecuado al momento que vive Colombia, sino que también es un líder mundialista que con su formación sólida en economía, medioambiente, filosofía política, historia, entre otros campos, está liderando una transformación global económica y política frente al anuncio científico de hace varias décadas de que el uso del combustible fósil –petróleo, gas y carbón- ha impactado la atmósfera con los químicos que desprende su combustión alterando el punto de equilibrio del clima de la Tierra necesario para el sostenimiento de la vida marina, del congelamiento de los polos, de los ciclos de las lluvia, de las estaciones…,los cambios que estamos presenciando con sus consecuentes desastres.
Convencido como se muestra de las advertencias de la ciencia y respaldado por los incontrovertibles desastres naturales, el presidente Petro le ha contado de viva voz al presidente de los Estados Unidos, de Alemania, de Francia, al Fondo Monetario Internacional, a los mega millonarios de Davos su propuesta económico política. Tocándole el turno ahora a Alemania, semejante nación intelectualmente poderosa. Es un país con una larga historia científica, literaria, tecnológica; con gran número de inventores y premios Nobel que, no obstante haber sido cuna de un gran genocidio, también logró resumir en una frase lo que debería ser la ética ¨Obra de tal manera que la máxima de tu conducta pueda convertirse en ley¨; de llenar de contenido la anterior sentencia ¨El ser humano es el ser supremo para el hombre¨ y, desentrañar los secretos del capitalismo: uno de ellos, el índice de ganancia, del que hicieron un dios; es decir, una cosa se volvió más importante que los humanos.
Ahí, en Alemania, cuna del pensador que descubrió por qué el pobre es pobre y el rico es rico contándole a la humanidad oprimida el hallazgo en su libro El Capital para que se liberara, el presidente Petro cuestionó duramente a la izquierda alemana, europea y latinoamericana.
¿Qué fue lo que hizo la izquierda, el socialismo, el progresismo como ahora se prefiere decir en América Latina, durante casi treinta años en Alemania del este que cuando cayó el Muro de Berlín se dejó absorber por el neoliberalismo?
El Muro de Berlín se construyó en 1961 para separar una ideología de otra durante la llamada Guerra Fría después de la Segunda Guerra Mundial. Alemania, país ocupado por los aliados y por las fuerzas soviéticas para disolver la guerra por ella generada, ve dividir a su capital, Berlín, por los socialistas. Quedó de un lado la República Democrática Alemana afín con el socialismo de la URSS y, del otro lado, la República Federal Alemana con el capitalismo de los Estados Unidos de América, duró casi treinta años, fue derribado en 1989. Dado este suceso la Alemania Oriental se dejó absorber por la ideología capitalista. ¿Por qué? Esa es la pregunta, que es una autocrítica del presiente Petro, ¿cuál es la responsabilidad de la izquierda?
El capitalismo, con su derivado el neoliberalismo –la privatización de lo público- a través de sus recursos mediáticos, empresariales, propagandísticos, etc., le ofreció una imagen de libertad a la gran masa mundial. Que había tanta libertad y oportunidades que el emprendimiento individual podía conseguir todo lo deseado. Una muestra es esa sub cultura de la farándula hollywoodense que ha sido promocionada hasta el hastío, tanto, que hasta los sectores más paupérrimos desean y copian sus vanas costumbres. Pero, llegó el virus del COVID-19 y desenmascaró la tal oportunidad y libertad para todos: miles murieron en los EEUU porque el sistema público de salud no los pudo absorber y, así en otros territorios. Sólo quien tiene suficiente dinero en el capitalismo puede vivir según ese estilo de vida idealizado, el pobre no, aunque acaricia la idea de pasar algún día de explotado a explotador.
El capitalismo ha guardado silencio en torno a que la caída del Muro de Berlín tampoco trajo consigo la paz mundial ni prosperidad alguna, el conflicto ucraniano así lo demuestra, el hambre, los éxodos y el desconcierto de los millonarios; tanto, que el presidente Petro cuenta cómo notó la confusión de ellos en la última cita en Davos tratando de encontrar luces que alumbraran el futuro desde el sector público. Es aquí, en la charla con la izquierda alemana -desde donde se gestó intelectualmente la gran Revolución Rusa del siglo XX- donde Gustavo Petro le dice a la izquierda mundial que este es un gran momento para que ella piense y entregue nuevas perspectivas políticas y económicas al mundo. La conminó a apropiarse de este momento histórico donde la derecha avanza, teniendo la izquierda la oportunidad desde una unión de lo público -no de la dominación – de Europa con Latinoamérica para crear hidrógeno verde y buscar, también, la modificación de la arquitectura del sistema financiero mundial.
Hace un llamado global hacia la credibilidad que merece la ciencia, la que se sustenta con la racionalidad. Racionalidad que, peligrosamente, se agota en el mundo como se observa con el avance de una derecha mundial desquiciada que roza el fascismo y que no es sólo patrimonio de la Alemania de 1933.
Explica el presidente cómo el teorema de Walras con el que el campo económico neoliberal quiso justificar la teoría del bienestar, que si el mercado actuaba libremente se podría lograr el máximo de bienestar individual y colectivo, es falso, no es científico, la realidad lo ha demostrado. Ese paradigma se ha derrumbado, pero lo siguen enseñando en las facultades neoliberales y usando en los campos de la salud, de la educación, de las pensiones, de los servicios públicos, etc., cuando la realidad nos está mostrando que trae pobreza, hambre, inseguridad mundial.
Pero lo más grave es que los capitalistas aún creen que es posible desde el capitalismo mismo enfrentar la crisis climática. La crisis climática ha puesto en jaque a la divinizada ley del capitalismo descubierta por un alemán al que han desprestigiado hasta el cansancio, pero la ley sigue vigente: el capitalismo se rige por la rentabilidad, lo que da ganancia. La crisis climática es insoluble con la ley de la ganancia, no la admite, la rechaza porque la crisis climática se debe en gran parte a esa ley de la ganancia que promueve el uso de los combustibles fósiles que va contra todas las advertencias de la ciencia y, porque, invertir en la crisis climática no da ganancias a los empresarios en términos de dinero contante y sonante.
Entonces, el líder latinoamericano propone planificar desde el Estado, desde lo público, la transición hacia la producción de energías limpias derivadas del agua, viento y del sol y, Colombia, en la Guajira, tiene uno de los lugares únicos para tal propósito.
El presidente colombiano que piensa la teoría y piensa la práctica critica abiertamente la falta de concreción de los acuerdos en las cumbres mundiales del clima que se quedan en retóricas frente a las medidas concretas, por ejemplo, de la Organización Mundial de Comercio; que es práctica a la hora de imponer y cobrar dinero por las mercancías. Así, lanza ingeniosamente otra propuesta: que la Organización Mundial de Comercio genere medidas para las mercancías no sólo por precios monetarios sino por las huellas carbono; el impulso al cuidado ambiental sería decisivo y la geo economía cambiaría radicalmente.
De Alemania el presidente Petro pasa a Francia, la de la Revolución y la del pensador Jean Jacques Rousseau quien habló sobre el contrato social para acabar con las desigualdades humanas porque, todos los seres humanos nacen iguales, donde Gustavo Petro es abrazado con gran felicidad por el presidente Macron y escuchado con plena atención por los asistentes durante su propuesta sobre el sistema financiero mundial en la mesa redonda Un nuevo método, alianzas para el crecimiento verde. Propuesta audaz, que innova el contrato social de Rousseau desde la economía frente a la crisis climática al proponer sustituir, no complementar, los combustibles fósiles –aquí interpela a la presidenta de la Unión Europea-, pasando el transporte público hacia energías limpias en todo el Planeta, cambiando las formas de producir en la agricultura y en la industria alejando al gas, al carbón, al petróleo; entre otras cosas, para que cambien las relaciones sociales de producción pero, principalmente, para que no sigan fluyendo las emisiones de las chimeneas hacia la atmósfera desde los países más contaminantes China, EEUU y Europa. Mientras el sur, el Amazonas, el Congo, Indonesia, absorbe como esponja parte de esas emisiones, pero ya no es mucha su capacidad.
Explicó que se necesita organizar los espacios de agua, un reordenamiento de la población alrededor del agua que de no hacerse implicaría el éxodo de miles de personas. Propone entonces, contra el tiempo, primero, un gran plan Marshall global de inversiones; segundo, unos ingresos adicionales para financiar las acciones mundiales para combatir la crisis climática; y, tercero, una reducción de la deuda pública en todos los países, no una condonación, un canje de deuda por acción climática. Para mostrarlo posible recuerda lo que hizo el Fondo Monetario Internacional –FMI- durante la pandemia del 2020, que emitió moneda para aumentar la liquidez mundial. Los países al tener una deuda reducida tendrían presupuesto para dedicarlo a la acción climática. Eso es cambiar deuda por clima.
¨Es un cambio en el sistema financiero mundial que implica un diálogo norte-sur diferente porque, no se trataría de regalos o de préstamos sino de una sociedad en pro de la humanidad porque las consecuencias de la crisis climática serían para todos, sin distingos¨. Para darle movilidad a la próxima cumbre sobre el cambio climático 2023 que será en Dubai, el presidente Petro propone que, de este encuentro en Francia, surja una comisión de expertos economistas que lleve una propuesta de reforma del sistema financiero mundial para subvencionar en gran escala las acciones contra el cambio climático, que no es ir contra el capital, es implementar un nuevo paradigma que desacralizaría el endiosamiento del mercado, de la noción de que él nos llevaría al bienestar. Se recuperaría la potencia del Estado, de la planificación humana a una escala global, multilateral que, sin decretar el fin del mercado, haga una gran inversión pública para que tiendan a cero las emisiones de gas invernadero.
Desde Latinoamérica surge un líder mundialista profundamente ilustrado y apasionado por ayudar a la gente que, a partir de Marx y Rousseau, del progresismo, nos muestra el camino para salvar la vida en el Planeta.