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Las aguas vivas del Vietnam y Palestina

En el año 1967, la guerra del pueblo vietnamita contra la agresión imperialista de los Estados Unidos, se encontraba en un punto álgido.  La ferocidad de la agresión era inusitada, signada por el propósito de la destrucción de las aguas, los bosques, la agricultura, los animales y por supuesto de la población. Era un círculo de hierro envolvente para el crimen masivo, un genocidio a gran escala e intensidad sin límites, incluyendo el uso de las armas químicas. La dignidad de la resistencia, la eficacia de la guerra de liberación nacional, la vocación y claridad de los propósitos del pueblo vietnamita por conquistar su independencia total y darse los destinos de democracia y paz, estaban en todo acorde con la solidaridad del internacionalismo visitante en todos los países del mundo y en especial en los Estados Unidos de Norte América.

Allí, donde la juventud y las gentes de toda condición y color, gestaron una vasta movilización, por detener el infierno creado por la gran potencia. A la cultura de masas, la televisión y la posmodernidad, con su mercantilización de las artes y el mundo de la vida, la rebeldía norteamericana y francesa de esos años, retomó la imaginación creadora, asumió el respeto a los acontecimientos populares en curso en Indochina (Vietnam, Laos y Camboya).

También en el movimiento de liberación nacional y de Cuba revolucionaria, como expresión cultural. Igual sucedió en otras partes del mundo, donde una nueva cultura y recuperación de tradiciones y pensamientos críticos, cuestionaron de hecho, la gran operación de la mercantilización de la posmodernidad[1].

El triunfo se consolidó años después en 1975, con la retirada humillante del ejército más poderoso del mundo, unificando el sur con el norte del país y la constitución de un gobierno de unidad nacional, presidido por Ho Chi Minh a nombre del Frente de Liberación Nacional[2].

Pues bien, en ese año de 1967, en Colombia como en toda nuestra América, estaba en marcha un movimiento internacionalista a favor de la causa vietnamita. El escritor Jorge Zalamea tuvo la iniciativa de realizar una antología de poesía, basada en la versión francesa, contendida en el volumen editado en 1963 en Hanoi, bajo el título de la Canción de los dos ríos.

Esta antología fue titulada como Poemas de un pueblo martirizado. Las aguas vivas del Vietnam, con un prólogo y versiones de Jorge Zalamea, de tan entrañables recuerdos en la vida intelectual, cultural y política de nuestro país y a favor de los pueblos del mundo[3].

La iniciativa fue acogida por el Consejo Colombiano de la Paz, quien patrocinó la propuesta y gozó de un apoyo colectivo entusiasta, para que ello llegara a feliz término. El libro tuvo una resonancia internacional y en Venezuela, Cuba, Chile, Perú y México se anunciaron ediciones similares. La primera edición colombiana fue de 5000 ejemplares. El libro estuvo bellamente ilustrado por la artista Checoeslovaca y compañera de Jorge Zalamea, Jirina P. y con una portada de David Consuegra.

Por la importancia de esta obra para la poesía, el significado que tiene en el perfil de la personalidad del autor y la trascendencia para el internacionalismo de nuestro tiempo, en especial la causa palestina, por su existencia como sociedad, pueblo, cultura, nación y geografía, me ha parecido importante repasar su lectura, recomendando en primer lugar el excelente prólogo, verdadero ensayo introductorio, del autor y compartir unas glosas de mi autoría, en estilo fragmentario, tal como fueron escritas sobre el propio libro y los espacios en blanco, como forma de dar cuenta de mis sentimientos en el momento de la lectura. Sin pretensiones de crítico literario y con ímpetu, eso sí de suscitar el interés, por la experiencia inmensa de la gesta vietnamita que nos enseñó, que sí se puede, derrotar al imperialismo en toda la línea. Lo que pretendo con estas sencillas glosas es avivar la llama de los corazones ardientes, por la causa palestina en un momento decisivo de la historia del internacionalismo. Para mí, la fórmula de la indignación, la conciencia política e histórica a favor de Palestina bien deben acompañarse con los susurros de la poesía vietnamita de quien Jorge Zalamea escribió, que era una poesía militante: “la amo, la admiro, la envidio en mi corazón” y por supuesto, debemos leer la bella poesía palestina que hunde sus raíces en los tonos musicales, en las metáforas amorosas y en la sensibilidad bellísima de la cultura árabe milenaria con el trasfondo de Las mil y una noches. Y en la actualidad con la poesía épica de tono musical, de raíces en su literatura popular y culta, con su extraordinaria capacidad de imaginación y encanto, capaz de impregnar de sensibilidades óptimas, excelsas y eficaces para la vida y que se prolongan como poesía militante, amorosa y bella, llena de afirmación y dignidad[4]. 

Se trata de la presencia de una estética construida desde el mundo de la vida y cuyas elaboraciones vienen de los ríos profundos de la memoria y de las voces antiguas que la alimentan. Donde la política, está en el sustrato mismo de la sociedad, la vida, la naturaleza y en la creatividad de las formas culturales. En el caso de la poesía que estamos glosando, tiene la virtud de ser arte y al mismo tiempo conversación cotidiana, es una poesía de la vida que desplaza el maquinismo del consumismo capitalista.

GLOSAS

A continuación, unas brevísimas glosas a propósito de cada poema:

1. ¡Oh lluvias de mi país!: Ca Le Hien

En este poema encontramos la evocación, la memoria del poeta barnizada de nostalgia. El registro natural con epicentro en los ríos, las lluvias como formación sentimental, enlazadas a la agresión colonial sufrida y a la resistencia heroica.

El verso final nos estremece como el más cercano de los seres queridos:  

!Ah, ese trueno lejano,

¿Por qué se ha desatado bruscamente? (p. 24).

Con estas emociones se preanuncia la victoria, cuando los pobres recuerdos, se convierten en la fuerza onírica de la esperanza.

2. Memoria del río de mi aldea: Te Hanh

Es la memoria del río que me fundó en mi infancia y juventud, dice la cuita del poeta. El río que simboliza la unidad de su patria, de su tierra vietnamita, partida por la guerra de los colonialistas, unida por las aguas vivas, por el río que el recuerdo potencia, toda la memoria como resistencia, estas pocas palabras: tierras del sur (p. 26).

Poesía náutica y telúrica, que desde la raíz de la natura nutre la vida, por la cual lucha esa humanidad que el poeta evoca y canta hasta lo sublime.

Hay una sola corriente de norte a sur y la del río, es el corazón del poeta. Por ello, como esperanza que es propósito, nos dice con estremecedora ternura: volveré al río de mi aldea. Volveré a las aguas de mi amor (p. 27).

Es el más bello verso a la revolución. Es la poesía en el más puro de sus sentimientos, con inteligencia y pasión. La humanidad lo quiere todo a través de la purificación del baño, de volver al origen que es el agua, el río que es mi vida.

Una poesía de combate, militante, sin retórica de la ideología, sino con el amor de la política y la política del amor. Es el territorio del poema verdadero, de la poesía pura, polucionada por la vida.

3. Phu Loi clama venganza: To Huu

En este poema opera un cambio de registro al proclamar la venganza. Se trata de la ira, la cólera del combate, donde se afirma la dignidad ante la masacre cosificada, en esa mortífera arma de la guerra química, el nalpalm. De allí la convocatoria inicial: ¡Compatriotas, hijos del vietnam!

El sur del país convertido en presidio, hay que salvarlo. Se ha perdido, hay que recuperarlo. Esta poesía hace de la maldición una proclama laica, reconoce la verdad. Han muerto envenenadas miles de personas. Ha triunfado la muerte solo para afirmar que la vida permanece, mientras haya lucha: cuando brilla el relámpago, atención al rayo (p. 32).

La otra multitud oirá a los muertos y expulsará a los invasores.

4. Bruma sobre el Ben Hai: Hoang Prung Thong

Se trata de un diálogo telúrico, con una pregunta quemante ¿Qué se hizo la otra mitad de mi tierra? (p. 33).

Ante la intimidación siempre la resistencia. Siempre los contrastes entre guerra y paz. La metáfora del norte como el bullicio de la vida, en el sur la desolación de la muerte y el poeta probablemente leyendo a Balzac puede escribir: cuentan los cadáveres

El crimen es la balanza

en que se pesa el derecho

el cadalso es la tramoya

de su falsa moralidad (p. 35).

Se trata de una poesía poblada de presos, de muertos, de cólera incendiaria, de la intención de que los verdugos queden hundidos en el lodo y el deseo profundo que en la tierra del sur: allá lejos, el fuego, las llamas al asalto del cielo (p. 36).

5. Resaca en Cua Lung: Lou Trong Lu

Se trata de un quejido estremecedor: es la tierra del Vietnam y el vietnamita no puede poner su pie en ella (p. 38).

Esto evoca la tragedia, es la tierra de Palestina y el palestino no puede poner su pie en ella. Aquí se encontrarán los versos de los textos bíblicos carne de nuestra carne, sangre de nuestra sangre,

la carne se apega a la carne, la sangre vuelve a la sangre (p. 39).

6. El Cabo de Camú:  Xuan Dieu

Aquí nos encontramos ante el contrapunteo entre lo humano natural y lo telúrico vivo:

mi patria es como un navío

enfrentado a las olas para desgarrarlas…

y el cabo de Camú es nuestra proa (p. 42).

Entrañable metáfora de la geografía.

 

7. Separados: Tran Huu Thung

La vida nos arroja el contraste poético entre lo entrañable y lo desgraciado. Hay un verso sublime en medio de la destrucción, y la división del país

Hay noches… en que nuestro beso ¡Amiga mía ¡

embriaga al mismo cielo

¿Por qué, pues, súbitamente,

se ha helado mi corazón?

¿Por qué parte a lo lejos

en búsqueda de la otra mitad?

Falta bajo mis pies la mitad de mi tierra (p.44).

Se trata de versos sublimes frente a los reveses sufridos, que sirven de bálsamo, en esas aciagas horas.

8. El país natal: Giang Man

La relación familiar se vive en confianza íntima con la naturaleza, con el país, capítulo del relato de la resistencia y la revolución y el humor contempla de frente a la tragedia, el cielo de la historia que despejará. También se trata de la elegía a la muerta y el canto al amor.

9. La canción de la rueca: Giang Man

La tragedia vietnamita encaró no solo la imprescindible gesta heroica, larga e inmensa, primero, contra los invasores chinos, los mongoles, los de Siam, los franceses, los japoneses, de nuevo los franceses y finalmente, los norteamericanos.

También fue una guerra entre hermanos, promovida por los colonialistas y las oligarquías locales, entre los pueblos del norte y del sur, donde los fúsiles enfrentados sembraron de miedo, los corazones y donde el verso como consigna dirá: !No¡ !Nunca¡ !Jamás dispararemos contra los nuestros¡ (p. 49).

En el trasfondo, todas las noches renace la canción de la rueca que exorciza el miedo. Canción dulce, tierna, melancólica, quejumbrosa, eterna. La que acompaña la muerte, es la vieja rueca.

10. Más allá del paralelo: Tanh Hai

Vivimos el encuentro de los amantes después de larga separación. Ella en la aldea, en el frente de guerra y él combatiendo en el sur. Ella con todo su amor exclama dolorosamente:

y solo encuentras, amor,

un muñón bajo tu mano…

con los verdugos perdí

el brazo en que reposabas. (p. 52)

 El deseo de unirse de los amantes es todo potencia, porque, en su amor está unir a su país de norte a sur.

11. Emily, hija mía: To Huu

Un padre yanqui habla con su hija rubia sobre su país y lo que éste ofrece como realización destructiva, desde su proclama democrática, liberal y humanista. Un viaje imaginario, al corazón de los Estados Unidos que nos interpela con su cruel realidad. El padre realiza un pliego de cargos contra la pandilla gobernante, destacando que las almas son muertas y también las hay vivas, incitándolas !arded, arded de verdad¡ (p. 56).

Hay un inventario de la destrucción realizada por el imperio que va desde los incendios, el exterminio de los amantes, la muerte de los niños, la destrucción de los campos, los bosques y los ríos que acarrean canciones, poemas, imágenes. (p. 57).

También la guerra contra la juventud combativa y multitudinaria, todo esto en Vietnam:

donde hasta las avispas aprender a combatir

donde flores y frutas se convierten en armas (p.57).

Es el encanto, donde la naturaleza toma partido por las gentes del común, quienes son ante todo hijos(as) suyos.

12. Redes trenzamos: Anh Tho

Muchos de estos versos se cantan para acompañar los trabajos y los días, consolarse en las noches de descanso y terror. Cuando estas mujeres trabajadoras dejan las labores para empuñar los fúsiles y enfrentar al enemigo.

Versos magníficos estos:

por doquiera, crepitaban las balas

y esas mismas manos que trenzaban las redes,

abatieron aviones sobre la arena de las dunas (p. 60).

 

LAS VOCES AMIGAS

Jorge Zalamea decidió acoger como notables huéspedes y representantes genuinos del internacionalismo de los pueblos, la poesía y sus hacedores, a dos poetas franceses en el apartado final de la antología, precedido de una breve nota suya.

Se trata de dos cantatas, la primera de Jacques Prévert se titula Oíd, gentes del Vietnam. Allí se acusa a Francia, con su cortejo de civilización, exhibiendo al lado de los derechos humanos, el colonialismo exterminador de la guerra de ocupación, de la concupiscencia de las alianzas con las oligarquías apátridas en Indochina.

Finísima en su elaboración poética, al señalar el papel de la religión y sus clérigos:

y además los misioneros y los confesores

llegados para cuidar de sus hermanos inferiores

llegados para curarlos del amor a la vida

esa vieja y loca vergonzosa enfermedad (p. 66).

 

Una cantata de amor que es lo que nutre las convicciones de defender este país, su pueblo, su dignidad. Los “planes de paz” se sintetizan en la manipulación y maquillaje de los propósitos, para lograr la paz: dicen los colonizadores, hay que lograr que los vietnamitas hagan suya la guerra contra los vietnamitas.

Acusa el poeta: es necesario que sea una guerra hecha por el Vietnam con la ayuda de Francia, y no una guerra librada por Francia con la ayuda de Vietnam. (p. 72). No lo lograron.

Este poema escrito en 1952, cubre de manera amplia, el panorama del engranaje de la intervención francesa, para despojar a los pueblos del Vietnam e incursionar en Indochina, con toda su brutalidad e implantando la barbarie. Recordemos que en 1858 la armada francesa y española bombardearon las costas de Cochinchina y en 1884 establecieron un protectorado francés, que dividió al Vietnam en tres partes: Tonkín, Annan y Cochinchina.  El 2 de septiembre de 1945, el presidente Ho Chi Ming dio a conocer la declaración de independencia del Vietnam, que sería defendida contra los colonialistas franceses primero y luego los norteamericanos.

Pero, lo que impacta la conciencia y los corazones es el tejido, de todo el relato de la larga cantata, como un canto de amor.

Luego viene la canción de Jacques Gaucherón Cantata de las penínsulas en el Siglo XX, de 1966, donde el poeta comparte a la joven y amorosa vietnamita, sus sentimientos y afirmaciones de lealtad a la causa, esta vez para derrotar al ejército de los Estados Unidos.

Las penínsulas como metáforas planetarias, los países en el horizonte de la ocupación, la militarización y la división. Los países convertidos en bases navales, aéreas y de ejércitos extranjeros. Se trata, dice el poeta de largos dolores antiguos (p. 74).

Es un canto peninsular, inventariado en la historia del siglo XX, en la guerra interminable, en ese dudoso combate entre guerra y paz ganado en Vietnam, pero, guerra permanente, como se adelanta con el exterminio a Palestina en la actualidad. Y en este siglo, Ucrania lacerada, amputada, masacrada y botín de la Otán y codicia de Rusia.

Que ternura la del poeta:

hermanita, hermanita vietnamita, luciérnaga entre las altas hierbas… (p. 73).

llevo en mi corazón de vuestras fuentes enterradas

que gran dolor, hermanas. (p.77).

¡Esta poesía interpela nuestra vida cotidiana en una Colombia sometida a la guerra permanente y donde su anhelo de paz ha sido escamoteado!

[1] Jameson, Fredeic. El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica. 1995.

[2] Chi Min, Ho. En la revolución. Compilación y prólogo de Bernard G. Fall. México: Editorial Siglo XXI. 1968.

[3] Zalamea, Jorge. Versiones Antología, prólogo y notas. Poemas de un pueblo martirizado. Las aguas vivas del Vietnam. Bogotá:  Editorial Colombia Nueva. 1977.

[4] En Antología de los poetas palestinos de la resistencia editado por José Ortega López. Granada: Editorial Tleo. 2010.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Profesor Emérito Universidad Nacional de Colombia

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