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¡Peinando la tortuga!

La marea rosa se refiere al ascenso al poder de una serie de gobiernos de centroizquierda e izquierda en Latinoamérica durante las primeras décadas del siglo XXI. Sus orígenes se remontan con la llegada del comandante en jefe Hugo Chaves Frías en Venezuela en 1991, dando inicio a la Revolución Bolivariana; luego rápidamente se extendió a otros países de la región como Brasil, Bolivia, Argentina, Chile, Uruguay, Ecuador, Panamá, entre otros.

La ideología de estos países o gobiernos consistía en compartir una visión de cambio social, una mayor equidad, la reducción de la desigualdad y una mayor participación en la política.

Su impacto mediante la marea rosa transformó significativamente el panorama político y social de Latinoamérica, impulsando políticas sociales, económicas y regionales que marcaron una ruptura con los modelos neoliberales predominantes.

Algunos aspectos que podríamos destacar: la heterogeneidad. A pesar de compartir una visión general, los gobiernos de la marea rosa eran heterogéneos en cuanto a sus programas y estrategias políticas; los desafíos de estos gobiernos enfrentaron diversos desafíos, como la oposición de sectores conservadores, la volatilidad de los precios de las materias primas y la presión de los mercados financieros internacionales; el legado de la marea rosa dejó unas bases importantes en términos de políticas públicas o sociales, el fortalecimiento de los movimientos populares y una mayor conciencia sobre la importancia de la integración regional.

Llegando a Colombia, días pasados logramos conocer mediante un comunicado oficial del Pacto Histórico en cuyo documento señala esta organización buscar la consolidación, el apoyo y la coordinación de fuerzas políticas y sociales en torno a una visión común para la transformación de Colombia. Esta iniciativa surge luego del acuerdo entre la bancada del Pacto Historico, el cual busca unir varios partidos y movimientos que comparten una agenda de cambio para el país.

Entre los objetivos principales de la nueva organización se encuentran los siguientes aspectos:

Fortalecer la unidad y la coordinación entre las fuerzas políticas y sociales que respaldan el proyecto transformador del Pacto Histórico.

Ampliar la base de apoyo popular a través de la convergencia entre diversos sectores sociales con intereses comunes.

Consolidar una visión estratégica compartida para la transformación del país, abarcando aspectos políticos, económicos, sociales y culturales. Y promover la participación activa de la ciudadanía en la construcción de un nuevo futuro para el Estado-Nación.

De hecho, la creación de esta nueva organización se enmarca en un contexto histórico sometido ante la búsqueda de un cambio profundo en Colombia en cual no es necesario mencionar. Tras décadas de conflicto armado y desigualdad social, diversos sectores de la sociedad colombiana claman por un nuevo rumbo que permita construir un país más justo, equitativo y próspero.

En este sentido, la iniciativa del Pacto Histórico se presenta como una alternativa esperanzadora que busca aglutinar las fuerzas necesarias para materializar las transformaciones anheladas por el pueblo colombiano. La conformación de una organización política unitaria representa un paso crucial para avanzar en este camino, facilitando la coordinación, la movilización y la construcción de consensos entre los diversos actores que comparten esta visión de cambio. Sin embargo, es importante reconocer que el éxito de esta iniciativa dependerá en gran medida su capacidad para no desconocer, ni mucho menos discriminar, segregando o burlando al pueblo negro-afrocolombiano, raizal y palenquero, articulando entre otras voces y perspectivas que convergen al interior de las organizaciones progresistas.

Construir una agenda programática concreta y viable que responda a las necesidades y aspiraciones del pueblo colombiano. Generar confianza entre la ciudadanía, movilizándola a participar activamente y no a desvanecer conscientemente, el proceso de transformación social y político se ha venido ajustando. Se debe superar la resistencia y obstáculos que continúan surgiendo al interior de sectores que se oponen al cambio.

Ante estos desafíos, la nueva organización política unitaria del Pacto Histórico tendrá que demostrar su capacidad de liderazgo, unidad y compromiso para consolidarse como una verdadera fuerza política transformadora en Colombia; en ese sentido, este cambio debe enfocarse hacia el futuro con una mirada más justa y equitativa para el desarrollo de un mejor país que requiere de un trabajo conjunto, manteniendo la perseverancia y la disposición de todos los sectores sociales que anhelamos.

Para finalizar, me haré algunas preguntas que me permitan explorar algunas reflexiones en relación al progresismo latinoamericano. ¿Cuáles han sido las diferencias entre las dos olas progresistas en latinoamérica? ¿Qué experiencias nos ha dejado el progresismo en latinoamérica para el futuro de la región­? ¿Qué tanto ha influido la marea rosa en la política latinoamericana?

Por último, he querido titular esta columna de opinión de la manera más sutil y poética para decirles que no quiero hacer aquello por lo que nos demanda y me quedaré a la espera en poder peinar a la tortuga algún día.  

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Periodista e Investigador político y defensor de DD.HH. del Pueblo afro e Indígena.

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