En el informe sobre la Educación del siglo XXI – ante la perspectiva estudiantil de la UNESCO se señala que los cuatro pilares en los que se debe fundamentar la enseñanza de jóvenes universitarios son: aprende a ser, aprender a hacer, aprender a conocer y aprender a vivir con los demás. Para lograr alcanzar estos objetivos, se requieren académicos no solo especialistas en sus áreas, sino algo mucho más poderoso que surja de su corazón, es decir, su vocación pedagógica.
En el año 2019, tuve la oportunidad de participar en la elaboración de la primera cohorte del programa de Ciencia Política de la Universidad Santiago de Cali, su enfoque en áreas específicas se basa en Postconflicto y las Ciencias Jurídicas del Derecho, cuyo contenido metodológico en su área curricular se han ido reforzando con otras áreas y capital humano.
A lo largo de este año, tuve la oportunidad de conocer a la señorita Molina Hincapié, en la clase de Introducción a la Ciencia Política. Dado que se lo mencione el segundo día de su clase en privado: ¡No me parece satisfactorio la forma en la que imparte su clase!; me parece que tiene un método muy escuelero y no logro conectarme en su clase, con todo respeto no lo tome personal, pero su metodología y su forma de enseñar profesora, ¡no es la más habitual en este espacio! Inmediatamente tuve la oportunidad, recordé al (maestro Rafael Orozco Maestre Q. E. P. D.) con su canción La Creciente: “los ríos se desbordan por la creciente y sus aguas crecen de forma desenfrenadas” (las represalias se veían venir) ¿Quién eres tú? ¿Qué es lo que haces? ¿En qué es que trabajas? ¿Cuántas carreras has hecho? ¿Cuántos años tienes? ¿Porque estás aquí? Tras intensificar la conversación entre los dos, me levanté y me despedí finalizando con la moraleja de Mario Benedetti, “Algunas cosas del pasado desaparecieron, pero otras abren una brecha al futuro y son las que quiero rescatar” en esta carta.
Me dirijo ante usted con la intención de expresar mi profunda preocupación por la falta de apertura hacia los argumentos críticos de estudiantes de la carrera de Ciencia Política.
Dado que estoy motivado por esta área, considero que el intercambio de ideas y la forma de disentir es fundamental para el aprendizaje y el desarrollo intelectual. No obstante, he observado con tristeza que usted tiende a desestimar las opiniones contrarias a las suyas, sin brindarles el espacio y la consideración que merecen.
Durante mi trayectoria, en diversas instituciones de educación superior, como estudiante y egresado activo y cuyas clases he tenido a mi cargo (las he puesto a disposición de quién las necesite de manera gratuita); de hecho, sus clases se han convertido en un foro en el prevalece su visión particular, sin posibilitar un debate genuino que enriquezca nuestra comprensión sobre los asuntos políticos en la región, el país y el mundo.
La ciencia política, es en esencia, una disciplina compleja y llena de matices. Teniendo eso en cuenta, pretender que exista una verdad absoluta es un error, y negar la validez de argumentos críticos solo obstaculiza nuestra capacidad de análisis y de formación como ciudadanos responsables.
Estimo con respeto, señorita Molina, que reconsidere y revise su enfoque pedagógico y abra un espacio en el que las diferentes miradas y mundos (opiniones) sean escuchadas y valoradas. Un entorno (ambiente académico significativo) en el que se fomente el diálogo constructivo y la reflexión crítica será, sin duda, más beneficioso para el aprendizaje de todos. En ocasiones, he percibido que los aportes de mis compañeros y los propios no han sido aceptados de manera adecuada, y nuestras ideas han sido descartadas sin un análisis minucioso.
Dado que soy estudiante y aprendiz (soñador, idealista y con sentido crítico) de mi carrera, considero que el intercambio de ideas y personalidades diversas es fundamental para el proceso de aprendizaje tanto colectivo como individual.
Su actitud, señorita Molina, minimiza enormemente el potencial de la clase para convertirse en un lugar de auténtico crecimiento y desarrollo intelectual. En lugar de impulsar la discusión y la reflexión, su actitud crea un entorno en el que los estudiantes se sienten intimidados y desanimados a expresar sus opiniones divergentes, es decir, distintas.
Pero, ¿Cómo brindarle una respuesta reflexiva a una profesora que es aburrida para los estudiantes de Ciencia Política?
Teniendo en cuenta y recordando al maestro y doctor Estanislao Zuleta, en su conferencia en la Universidad del Valle, Cali, Colombia, en la entrega de su Doctorado Honoris Causa en Psicología: El elogio de la dificultad (1935 – 1990). En lugar de discutir un razonamiento se reduce a un juicio de pertenencia al otro – y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo-, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia; el que no está conmigo, no está conmigo. Según Kant, existe un verdadero abismo de la acción, que se fundamenta en la exigencia de una entrega total a la “causa” absoluta y sugiere (concibe) toda duda y toda crítica como traición o como agresión.
Una o varias lecciones de Ciencia Política pueden ser un refugio de ideas y debates llenos de fascinación. Por lo tanto, en ocasiones la pasión del docente, o/y sus estados de ánimo, no debería afectar a los estudiantes, quienes terminan aburridos y desconectados del tema sin tener una mayor justificación en no regresar a su clase. ¿Qué acciones adoptar en estos casos? ¿Cómo responder de manera reflexiva a una docente de Ciencia Política que no logra despertar el interés de sus estudiantes? Mi opinión-propuesta consiste en lograr la libertad de opiniones individuales, se plantee que los docentes, además del conocimiento de la materia y de su conocimiento general pedagógico, como profesionales que se aprecian, deben desarrollar un conocimiento especifico ¡tener calle! -; como enseñar su materia específica y luego como trasladar – transformar ese conocimiento (conocimiento académico) en representaciones comprensible para los estudiantes proceso denominado “trasposición didáctica”. Profesorado. Revista sobre el curriculom y la formación del profesorado, vol. 92 (2005).
En el ámbito de la educación superior, es fundamental que los docentes logren despertar la atención de sus estudiantes y establecer un entorno de aprendizaje dinámico e interactivo en conjunto. Sin embargo, en ocasiones, “algunas profesoras -profesores” pueden caer en la monotonía, respaldados por diapositivas, o sentados dirigiendo desde su silla, u escritorio, lo cual provoca que sus clases sean aburridas y poco atractivas para los estudiantes sin justificar realmente sus honorarios o/y salarios devengados. En el ámbito de las ideas de la Ciencia Política, área que aborda temas complejos y relevantes para la sociedad actual, es aún más importante que los estudiantes se sientan motivados en participar y profundizar sobre los textos y conceptos señalados. Según el Doctor Bernardo Houssay (Q. E. P. D.), en su texto Fisiología humana, 1958. Nuestra enseñanza es dogmática y pasiva. ¡No desarrolla en el estudiante la noción de deberes sociales o los que tiene para consigo mismo, sus semejantes y con las futuras generaciones!
Finalmente, en lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas sin respuestas abiertas, deseamos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de revelar todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido. Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original (prestigio histórico) de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.