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Bogotá enfrenta una realidad silenciosa pero devastadora: la crisis de sus animales

La migración desbordada, el abandono imparable, la pérdida de caninos, el maltrato, la mendicidad y lucro cruel con animales son problemáticas en ascenso. A esto se suman políticas y acuerdos desactualizados que no responden a la magnitud del problema. ¿Qué puede hacer la ciudad para cambiar el rumbo?

Cada día, decenas de animales llegan a Bogotá desde otras regiones de Colombia, convirtiendo la ciudad en un imán para el abandono. Hogares bogotanos, refugios, fundaciones y la Unidad de Cuidado Animal están saturados. La situación en la UCA se agrava con la proliferación de criaderos ilegales, el abandono y maltrato de animales de razas de manejo especial. Es urgente adoptar un enfoque preventivo para frenar este problema antes de que se salga aún más de control.  Desde el Concejo es muy importante evaluar, actualizar y unificar los acuerdos, empezando por  la política pública de protección y bienestar animal del año 2015.

Reaccionamos a la crisis, pero no la prevenimos

Se pierde el control si una ciudad no tiene la capacidad de atender el volumen creciente de animales que requieren protección, a lo que se suma el número cada vez mayor de caninos y felinos perdidos, que hoy se cuentan por cientos cada día.  Hay que ir a las causas y no solo atender las consecuencias de una problemática. Atender los casos de maltrato y emergencias  es necesario, pero insuficientes si no se ataca la raíz del problema: las causas.

La Casa Ecológica Animal será un importante y valioso avance, pero si no se frena el abandono ni se castiga el maltrato, será solo una curita en una herida abierta. ¿Cuál es la estrategia futura para esta importante infraestructura? En ello se debe trabajar de manera contundente.

Además, la política pública sobre animales en Bogotá sigue anclada en 2015, diseñada antes de la pandemia y del crecimiento descontrolado de animales en la ciudad por los fenómenos mencionados. La gran ausente en este escenario es la acción de “control”. Urge actualizar estas herramientas para enfrentar la nueva realidad.

Hospital veterinario público: una necesidad de herramienta posible

Experiencias en otras ciudades han demostrado que este modelo funciona con éxito. En Bogotá es una necesidad implementar un sistema de hospitales veterinarios públicos o público-privados. Esto mejoraría el acceso a servicios veterinarios con costos subsidiados y categorizados, pero sobre todo generando equilibrio en derechos y deberes en el cuidado responsable, proyectando sostenibilidad con estrategias económicas positivas. Bogotá no puede acabar la institucionalidad que hemos logrado los defensores de animales, pero si debe brindar herramientas adicionales como estos hospitales que permitan evolucionar y mejorar en atención integral a los animales. 

Ante el crecimiento de familias con animales y del número de  animales por hogar, se vislumbra una respuesta social de incapacidad económica para atender sus necesidades básicas, y más aún en caso de enfermedad o accidente, ya que  los servicios de la ciudad no cubren a los  “animales con dueño”. Esto lo lleva a muchas personas a no vacunarlos, no alimentarlos adecuadamente o no atender sus enfermedades, y en los casos mas críticos, a la terrible decisión de abandonarlos en el espacio público. Este acto es totalmente reprochable, pero que reconocer esta relidad es el primer paso para entender parte de la causa de esta problemática.

Si una persona no puede brindar las condiciones mínimas para un animal, no debería adquirirlo. Y quienes deseen reproducir animales deberían pagar impuestos significativos que contribuyan al financiamiento y sostenibilidad de la política pública. Sin embargo, la realidad actual ya es así, por lo que se deben atender dos frentes:  brindar opciones de servicios  veterinarios accesibles y establecer  una estrategia para que, a futuro y sin afectar los animales existentes, se regulen los derechos y deberes de quienes ofrecen y adquieren un animal.

Precio económico y social de proteger los animales del sistema vigente

Ahondando mas en la causa,  está el costo de alimentos, servicios e insumos veterinarios, que han subido sin control desde pandemia, afectando la canasta familiar. Para miles de hogares, atender a sus animales como debe ser se ha convertido en una lucha. ¡Se requiere poner control sobre  esto!

Pero para el sector de la contratación en protección animal,  las cosas no son muy diferentes; son peores. No en todos los casos, aclaro, por que también hay muchas que hicieron las cosas bien y correctamente.

Los insumos no solo suben de precio, sino que, adicionalmente, la entidad del orden nacional que los provee tiene precios que no corresponden a los precios del mercado y están sujetos al dólar. Desde el año 2021, un acuedo marco  con vigencia hasta abril de 2025  establece el suministro de alimentos y medicamentos en TODO EL PAÍS. Sin embargo, se han recibido alertas por parte de entidades locales, municipales y distritales sobre sobrecostos en ítems de hasta del 1.200%. ¡Ojo, que muy pronto se vuelve a licitar el próximo acuerdo para otros cinco años!

Como si fuera poco, desde el Concejo Distrital,  basándose en un informe de la Contraloría, puso en evidencia lo que podría ser la colusión en contratación entre cuatro empresas, que subieron los precios de manera sistemática entre el 2021 y 2023 llevando las esterilizaciones a un aumento de costo para la ciudad  de casi 400%. Así, estos costos quedaron enquistados y supuestamente legalizados en el “Sistema”, pero esto debe llegar a su fin. Vale la pena también revisar lo que ocurrió con los sobrecostos de Urgencias Veterinarias, donde la situación en ítems estratégicos son similar, especialmente para animales atropellados.

¡Y ojo a esto! Se observa de manera sistemática que, mientras algunos reciben beneficios económicos de la contratación del presupuesto logrado por los defensores de animales y que al finalizar los contratos ya tienen  listo el otro. En contraste, en muchos casos son los defensores de animales quienes terminan quedándose con los animales atendidos y recuperados, ahora en hogares de paso y de por vida, sorteando el déficit económico de la caridad, rifas y emprendimientos.

Así, el precio económico de la protección animal es en beneficio económico de unos y en detrimento social de otros, con mas y mas animales desprotegidos.

El enfoque actual no responde a la crisis

Las soluciones planteadas en los últimos años han perdido el rumbo. No se orientan en las causas de la magnitud del problema porque se basan en una política pública que no atiende las nuevas realidades post pandemia. No se asigna un presupuesto suficiente, la burocracia es asfixiante, los sobrecostos en la contratación han frenado avances y los protocolos actuales no responden a la nueva realidad. Así es imposible generar un cambio real.

El crecimiento descontrolado de la población de perros y gatos requiere más que solo esterilización. Mientras se opera un animal, otros diez podrían estar siendo migrados, negociados, maltratados o abandonados, no solo en Bogotá sino en todo el país.  La situación se torna insostenible. Los esfuerzos ciudadanos son insuficientes y quedan atrapados en un ciclo de sufrimiento y dolor.

El adecuado manejo de los animales en el espacio público requiere un plan integral de cultura ciudadana y sanciones efectivas con las herramientas como las del Código de Seguridad y Convivencia,  por ejemplo, para quienes no recogen las excretas que siembran así el odio por los animales.

El enfoque no puede perder de vista la actualidad para otros animales, como las palomas, las abejas  (animal mas importante del planeta), animales silvestres, de granja y crecimiento de los exóticos en los hogares como “mascotas” de moda.

Un problema de ciudad, un problema de sociedad, un problema de todos

El progreso de una sociedad se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales, como señaló Mahatma Gandhi. El FBI ha demostrado que prevenir la violencia contra los animales es también prevenir la violencia contra los humanos. Con este argumento, el maltrato animal se ha declarado un delito contra la sociedad e incluso delito federal en Estados Unidos.

Pero no es solo un asunto de políticas o instituciones: es una construcción colectiva en la que cada uno tiene un rol. Prevenir el maltrato, promover el cuidado responsable y apoyar soluciones que atiendan no solo derechos sino también deberes no es tarea de unos pocos, sino de toda Bogotá, con un fuerte llamado de atención nacional.

Con voluntad política y unidos en un mismo propósito la solidaridad, protección y bienestar animal lograrán actualización y un nuevo rumbo hacia soluciones reales. No podemos seguir enredados con nuestros animales.

Ingeniera – @YerlyMozo

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Ingeniera civil – Especialista en Estado, Políticas Públicas y Desarrollo.

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