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El arte y la violencia

EL TOTUMO, NECOCLÍ – En Colombia y en el mundo hay una trayectoria en la vinculación del arte y la cultura con el conflicto y las violencias.

El arte de manera muy acertada ha documentado momentos de la historia de la humanidad a través de obras literarias, de oleos, de melodías, de artesanías, de historias que conocemos por la tradición oral… y en Colombia, de manera muy especial, ha sido responsable de ayudarnos a preservar la memoria.

Nadie retrató con mayor agudeza que José Eustasio Rivera la explotación del Caucho, García Márquez en Cien años de soledad y Álvaro Cepeda Samudio expresaron con profundidad la matanza de las bananeras, que fue el inicio de las luchas obreras en Colombia, Albalucía Ángel las desapariciones, pero también el dolor y el amor en medio de las violencias en lo urbano y en lo rural.

La obra de teatro Guadalupe años sin cuenta, cuenta al público lo que no se contaba, lo que aún no se cuenta en los colegios, los silencios de nuestro país: el inicio de las guerrillas de los llanos y sus verdaderas razones; también ha sido el arte, la cultura, los saberes tradicionales lo que ha aportado a la construcción de un relato diferente de país.

Es la Cultura la que nos han mantenido viva la creatividad y los sueños.

Es importante recordar que las artes y la cultura no son terreno neutral, incontaminado de intereses. La cultura también ha sido afectada y utilizada de muchas maneras en el conflicto. De manera que no es posible idealizarla. Así que tenemos que comprender por qué también son un arma:

Por ejemplo, el racismo, la exclusión social, el silenciamiento a las mujeres, el desprecio a culturas ancestrales, a las religiones diversas, estas discriminaciones también son culturales y han causado guerras.   

Pero las artes y las culturas muchas más veces han sido una herramienta cargada de futuro. Podemos decir entonces que hay una cultura que contribuye a construir la nación, a tejer de nuevo los lazos sociales rotos por el desafecto, la desconfianza, la violencia y la guerra.

Todas y todos aquí sabemos que detrás de la cultura hay intereses económicos, sociales y políticos, que no es un terreno puro. En este país, por ejemplo, la historia del conflicto ha sido manipulada. No hablemos de historia patria, hablemos de los tiempos recientes. Nos han manipulado desde los medios de comunicación, no todos naturalmente, y no es responsabilidad de los periodistas, sino de la concentración de la propiedad, de ideas y discursos que han querido hacerle la guerra a la paz. Pero aun así resistimos. porque la cultura es un instrumento de resistencia a pesar de que nos hagan creer que somos una Cultura de guerra… cuando en realidad lo que anhelamos es una Cultura de Paz.

Quienes estamos acá llevamos año creyendo, en voz baja o a los cuatro vientos, que sí es posible cambiar los imaginarios de país que nos han impuesto. Nunca como ahora en Colombia le apostamos a la siembra del amor en donde crece el odio, a la fuerza del perdón en donde hay la ofensa, al calor de la unión donde vive la discordia, a la fe donde reinan las dudas; la verdad y la reconciliación donde hay error.

Hoy, mientras soñamos y trabajamos por un Cambio, soplan tiempos distintos porque creemos en los procesos de Paz, por eso hoy pueden acompañarnos firmantes de Paz que le apuestas a otro país posible; por eso hoy aquí venimos de tantos municipios que hace unos años en medio de la guerra no podías trabajar ni comunicarse entre sí.

El conflicto en Colombia no es sólo armado y social, sino también cultural, tantos años de guerra y de exclusión han hecho daño en el imaginario, ese daño se expresa por ejemplo en el hecho de que gran parte de la población aún se oponga a una solución política. Pero acá estamos, en Antioquia, en Urabá con tantas y tantos que reconocemos el poder transformador de lo Cultural: para crear un nuevo diálogo social, para inventar nuevas palabras y formas de unión. La Cultura debe ser un patrimonio nacional, una política de Estado, y no el privilegio de pocos, como dijo alguien hoy en las mesas de trabajo.

Los relatos de nación están en el corazón de los territorios, en su creatividad, la resistencia, su agencia individual y colectiva, su gobernanza, su convicción por hacer de la justicia social también una justicia cultural.

Desde el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes confiamos, y sobre todo agradecemos, a las más de 45 organizaciones presentes, a la academia, empresa privada, a la sociedad civil que hoy cree que este camino solo se hará más grande si lo hacemos juntos, de manera articulada y comprometida.

Estamos comprometidos con que la Cultura de paz suene al ritmo del llamador y el alegre, de las maracas, de la marimba, del guache, de los silbidos, aplausos, cantos, lápices y pinceles del país. Ese es el ritmo con el que seguiremos construyendo el sueño de una Paz Total que cada vez estará más cerca.

Porque como dice el bullerengue “no es blanca ni negra, es de Colores, la vida es de Colores”.

Gracias a los artistas, cultores, sabedores, lideres y lideresas que hoy ponen aquí las ideas, las palabras, el corazón y el cuerpo, a las 45 organizaciones presentes, a todos los municipios, a las distintas entidades presentes, al aliado territorial de Antioquia, la Red Cepela.

Juntos y juntas construiremos otra posibilidad de país.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Coordinadora equipa de paz y cuidado del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

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