El Heraldo, un medio vocero del charismo y productor de numerosas arengas informativas, declaró hace una semana su apoyo al candidato a la presidencia Abelardo de la Espriella. El respaldo lo decidieron después de hacer “un análisis crítico” y para “garantizar máxima transparencia informativa”. Una explicación que, además de abolir de tajo la independencia de sus redactores de planta, atenta contra la inteligencia de sus seguidores. No sabemos qué entienden las directivas de este medio por análisis o transparencia; pero de seguro son para ellos conceptos moldeables, más alineados a la ideología o al dinero —o a la ideología del dinero— que a cuestiones periodísticas.
¿Qué beneficios obtiene El Heraldo de su apoyo sectario a un candidato que ha defendido criminales? Periodísticamente, ninguno. Pues lo primero que un medio ataca al tomar una decisión tan grave no es en absoluto a la izquierda política a la que se opone a diario; ataca al periodismo, el oficio con el que se supone seguían teniendo cierto compromiso o vínculo, por más desteñido o lejano que fuera. En plena campaña electoral, optan por apoyar al candidato que se apoda el tigre y se ufana de haber torturado gatos; que viaja en jet privado y compra pintas horrendas en Italia; que paga para ser favorecido en las encuestas y se enriquece con fortunas criminales; que usa el aparato judicial para hostigar e intimidar a periodistas; que odia a las mujeres; que no tiene ética como abogado y sin ética ha hecho una campaña ruidosa metido en una cabina blindada o dando saltos de presentador mediocre a falta de un discurso que no sea un calco de las infamias de Milei, Trump o Bukele. Uno de estos presidentes quiere acabar con la educación en su país y adora la motosierra, el otro ha creado campos de concentración para migrantes y brinda apoyo a genocidas, el otro reina en su dictadura de cárceles y alianzas criminales; en todos, de la Espriella encontró un muñeco a la medida, un producto para importar. Y El Heraldo, después de su análisis, decidió que esta era la mejor opción “a la luz de la defensa de los valores democráticos”.
¿Cómo hablar de defensa de la democracia cuando se defiende a un defensor de mafiosos? Esta militancia por la ultraderecha quizás les traiga económicamente algún sustento. Pero no hay fortuna que oculte el desastre de haber renunciado a la única razón de ser de un medio periodístico: su independencia informativa. Su responsabilidad para analizar o contar lo que sucede. Su preocupación por los hechos. Su innegociabilidad. Su ética. Todas características que podrían hacerlo libre y creíble en la cobertura de una temporada electoral, cuando los ciudadanos están más expuestos a la desinformación, las mentiras y la manipulación de la propaganda política. Y cuando asumir semejante postura es decirle a la ciudadanía de otros espectros políticos que no informarán para ella.
La declaración de El Heraldo avisa que en sus publicaciones no habrá nada distinto al apoyo ciego e incondicional a su nefasto candidato. Lo que digan contra Iván Cepeda o sobre cualquier otra figura política ya queda de inmediato teñido por la ‘línea editorial’ de su favoritismo por un hampón. Es el efecto que tiene la dependencia a un poder: que toda información o crítica no sea más que la proyección delirante de sus sesgos y alianzas. En adelante, sus preguntas se leerán como lo que son: los eslóganes publicitarios que pide de la Espriella. Hablarán y pensarán como esa única fuente, que ni siquiera piensa al hablar.
Y así un medio que debería servirle a la gente le sirve a un candidato. No cualquiera: el que ha amenazado con sacar al país de la Corte IDH y la ONU, en una clara postura dictatorial. Si un medio de comunicación se hace el ignorante ante estos peligros y se posiciona del lado de la venalidad y el miedo, ¿cómo puede hablarle a su público de transparencia? Se prostituyeron, cambiaron de bando y ya no hay vuelta atrás.
