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No se haga el gringo

Siempre se nos ha puesto a los gringos como ejemplo de lo que hay que hacer, pero hoy en día es todo lo contrario. ¡No haga lo que hace el gringo!

Editor: Francisco Cristancho R.

Cuando usted se pone a mirar la historia de los descubrimientos y de los hurtos de propiedad intelectual, hay uno que realmente da rabia: me refiero a lo que le hicieron a Nikola Tesla en los Estados Unidos. Tesla es, quizá, uno de los mejores exponentes de lo que es un descubridor. A Tesla se le debe que el mundo no esté en pañales, pero, curiosamente, todas las patentes que él registró, las registró en los Estados Unidos.

Precisamente fue en este país en donde se permitió que el señor Guglielmo Marconi le birlara uno de sus inventos. Increíblemente, aún se le sigue endilgando ese triunfo a Marconi, quien no fue más que un roba-documentos. Tesla fue un hombre tan inteligente que tenía su cabeza en otro lado, y no se preocupó por tener el registro organizado de todo lo que patentó, y personas como Marconi, con la condescendencia gringa, se valieron de eso para apropiarse de lo que había descubierto otro.

Que los gringos hagan eso, no tiene nada de raro. Los gringos se aprovechan de todo el que se deje; y como la humanidad siempre los ha mirado con carita de cómo son de buenas personas. ¡Pero hoy, las cosas han cambiado!

A nosotros nos mostraron la imagen del norteamericano de casco que llegó a Alemania a liberarnos del dominio nazi. Esos que llevaban chocolates y chicles para darles a los niños. En todas las películas el bueno era el gringo, el malo era el otro. Ahora, en las películas serias, en las buenas películas, en las que retratan la realidad, el gringo es el malo.

Los gringos hasta se apropiaron de un triunfo que no es de ellos. Dicen, descaradamente, que ellos derrotaron a los alemanes… ¡falso! Los gringos no derrotaron a los alemanes, a los alemanes los derrotaron los rusos. Los gringos entraron por donde menos problema había. Ellos entraron por Italia, por Francia, por Capri. Hay una obra de Curzio Malaparte que se llama La Piel, en donde el autor cuenta cuál fue el papel ‘de héroes’ de los gringos. No hicieron nada. Ellos llegaron cuando la pelea la habían dado arriba los rusos.

La Segunda Guerra Mundial la ganaron los rusos, no los gringos. Los gringos se aprovecharon del esfuerzo de los muertos rusos para llevarse encima unas medallas que no se merecían. El papel de los gringos fue de última hora, ya como relleno. Ellos fueron los extras de una película donde los héroes nunca han sido reconocidos porque eran rusos. A los gringos le han dado toda clase de honores, gracias a la cantidad de películas que se hicieron, en donde los muestran como los buenos, los valientes, los que nunca maltrataban prisioneros, los que nunca tenían campos de concentración.

Habría que mirar la verdadera historia para saber cómo fue y qué le hicieron ellos a los prisioneros alemanes. Pero son tan astutos -o tan pícaros, diría yo- que cuando ya los rusos habían ganado la guerra, y entran todos, y se dividen Alemania entre cuatro, los gringos comienzan a buscar a todos los científicos, a todos los intelectuales, y a todos se los fueron llevados a los Estados Unidos. Se llevaron a cuanto sabio encontraron para su país, para allí, sacarles todos los conocimientos y aparecer ante el mundo como el pueblo del progreso.

El progreso de los gringos se debe a muchos alemanes que, prisioneros, fueron traídos a Norteamérica y allí le sacaron sus conocimientos, y lo pusieron en beneficio de esa cultura norteamericana.

Y ya que hablamos de ese país, considero que hoy, el señor Gianni Infantino, está haciendo un buen negocio. Según informes de fuentes de bastante creíbles, el mundial de fútbol, en lo que se refiere a Estados Unidos, va a ser un fracaso. Un fracaso porque la gente no quiere ir allá. No han podido hacer que se agoten las boletas. La gente está comprando boletas para los partidos que se jugarán en México, pero para los Estados Unidos, no.

Y es entendible, porque la gente dice, y tienen razón, “yo, compro un tiquete y una boleta que cuesta un montón de plata; llego allá, y apenas llegue se me puede acercar un señor del ICE. Me reseña, me manda a ‘guardar’. Dice que soy hispano, y por ese solo hecho, me dicen que no puedo entrar. Entonces perdí pasajes, perdí boletos, perdí la plata, y perdí todo.” Eso hace que los hoteles ahorita no tengan cupo completo. Hay todavía muchas, muchas habitaciones disponibles en los hoteles de los Estados Unidos para el mundial debido a esa situación.

La gente quiere ver el mundial, quiere asistir a los partidos de fútbol, pero no quiere ir a los Estados Unidos. Les tocará acudir a la televisión, señores. Les toca acudir a la transmisión a quienes les guste ese deporte; a menos de que quieran que los pateen más que a la pelota con la que se jugará en la cancha. A que los maltraten; a que los del ICE los agarren, los lleven a un campo de concentración y, después de 30 días, les digan que ya pueden irse, porque el único cargo que tienen contra ustedes es que el color de piel no le gustó al gendarme de inmigración. Porque si usted le cae mal al cancerbero de inmigración en los Estados Unidos, él se reserva el derecho de no dejarlo entrar, y punto. Sin explicación alguna. Y si usted se pone muy ‘alzadito’, lo mandan a un calabozo por 30 días y, a los 30 días, lo deportan para donde les dé la gana a ellos, no necesariamente para su país de origen.

¡No sean tontos! No tiren su plata. Si quieren, vayan a ver el mundial en México, pero no a los Estados Unidos. No vayan a donde los maltraten, a donde los ofendan, a donde les digan todos los improperios que acostumbran a decirnos esos gringos. A menos que les gusten esos procedimientos. Ahí sí, vayan. Pero si quieren ser bien tratados, ni se acerquen a los Estados Unidos.

Adenda: Se muere uno de la risa cuando, el domingo pasado, en la primera página del periódico del grupo Aval se lee: Roy Barreras advierte que una constituyente es un riesgo innecesario. Primera página, a dos columnas. ¡Qué tal Roy Barreras advirtiendo de los riesgos innecesarios! ¿A qué partido pertenece o perteneció Roy?: Ni idea. A quienes hemos tenido la oportunidad de conocerlo personalmente nos parece un tipo muy divertido; pero creo que las palabras de Roy tienen el mismo valor que la palabra de un gringo cuando se trata de cumplir pactos de paz. Pregúntele a los a los iraníes ¿cuántos pactos de paz les ha propuesto este sátrapa que gobierna Estados Unidos?

Donal Trump hace una cosa hoy y otra mañana. Igualitico está Roy Barreras. Él puede ser hoy liberal, mañana, conservador, y pasado mañana tiene su propio partido. ¡Y se atreve a decir eso!

En fin, este es el país de los milagros. Aquí se ven cosas muy divertidas, como esa, como creer que, por proponer una constituyente, la democracia está en riesgo.

Coletilla por Deisdre Constanza. Se les perdió Colombia y ya salieron a reclamarla. En medio del duelo por el fallecimiento de Germán Vargas Lleras, algunos medios de comunicación ya no informan, hacen campaña. Aprovechan la emoción, la nostalgia y el impacto del momento para instalar otra vez el libreto de siempre. “vamos a recuperar el país”. ¿Recuperarlo de quién? ¿Y quiénes se creen sus dueños para hablar como si Colombia les perteneciera por herencia?  El problema no es de recordar a una figura política, eso hace parte de la democracia. El problema es convertir el dolor de algunos como estrategia y el periodismo en propaganda disfrazada de homenaje. Mientras millones de colombianos apenas sobreviven, ciertos micrófonos y pantallas siguen actuando como clubes privados donde unos pocos deciden quién es “estadista”, quién es “peligro” y qué pensamiento merece aplauso o castigo. No hay nada más peligroso para una democracia que unos medios convencidos de que su tarea no es informar sino orientar políticamente a la población. Y peor aún, una audiencia que repite titulares como verdades absolutas sin detenerse a leer, cuestionar o pensar. Porque un país no se recupera desde los sets de televisión. Se recupera cuando la gente deja de obedecerle al miedo y empieza a pensar por sí misma.
 

Adenda del editor: La semana pasada, en uno de esos publirreportajes que disfrazan de noticia, apareció el señor De La Espriella con cuatro o cinco lamesuelas, además de sus 50 escoltas en un barrio popular de la capital del país. Allí, se mencionaba cómo el ‘noble’ candidato pasó por una humilde vivienda, donde su propietario le ofreció un plato de ajiaco. Si el cubrimiento lo hubiese hecho un periodista muy seguramente le hubiese preguntado ¿qué se siente el tener que probar un “potaje carcelario” en pro de su aspiración?; pero como quien lo cubría era otro de esos publicistas que hoy contratan en los medios, se limitó a promocionar la bondad del feroz felino. Por fortuna, hoy los televidentes no están tragando entero.

¡Hasta la próxima!

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