Apariencia
Apoyar a La Nueva Prensa

¿Por quién votar?

Las falsas oposiciones, los dilemas reales y el sentido del cambio en la consulta electoral de mañana.

En el complicado contexto político mundial, latinoamericano, caribeño y colombiano, la consulta electoral que se realiza mañana resulta ser ante todo un mensaje y una lección al país y al mundo: lo perentorio de las causas y las adversidades políticas no puede aplazar el ejercicio de una ética de la responsabilidad respecto del sentido democrático de las decisiones que se tomen, asociado por definición a los principios de la verdad, la justicia y la pertinencia del cambio cuando los procesos dominantes de la derecha no dan para más…

Un mensaje, porque ante todo la consulta se propone como un hecho y un deber ser de renovación de la política, sobre la base, más allá de las limitaciones que pueda tener, de una nueva forma abierta y plural, regional y nacional, de proponer la composición del Congreso, y de escoger la figura presidencial del cambio, por lo demás en la perspectiva de una negociación política más amplia con otros sectores de la política nacional. Y una lección, porque aún dentro de la evidente descomposición mediática y del actual anacronismo neocolonial y violento de la derecha, se propone el ejercicio de esa pausa democrática que ante todo expresa confianza y esperanza en que aún en medio de semejantes despropósitos, será posible tramitar la política de forma transparente y asociada al bien común.

En ese contexto, se hacen evidentes tres asuntos a dilucidar y enfrentar: un dilema, una falsa oposición, y unos fantasmas que tratan de poseernos a la hora de imaginar nuevos caminos. El dilema de optar por Iván Cepeda o por Carolina Corcho, o por una u otra persona de las listas a senado y cámara, es primero que todo una revelación del crecimiento de las tendencias políticas del cambio en el país, pues, en el primer caso, ambos encarnan un espíritu constructivo y transparente de la gestión pública, y un alto nivel de capacidad respecto de gobernar en medio de la complejidad imperante; y en el segundo, se trata de un universo de aspirantes de una enorme diversidad social, étnica y regional, que contrastan con la turbidez y las limitaciones de quienes se proponen como adversarios de todos los anteriores, dentro de la manipulación y simulación mediática de la derecha mundial y nacional.

La falsa oposición, porque en el debate nacional se ha venido imponiendo la idea de que algunas evidentes limitaciones de la izquierda en el ejercicio de gobernar, a nuestro modo de ver necesarias de superar pero explicables antes el peso de toda una época de confusión y devastación política, le haría perder legitimidad a la necesidad de los cambios mismos, que ante todo se revelan como imperativos ante los límites profundos del estado de cosas existentes en el mundo, y del “más de lo mismo” de la derecha, que no tiene un proyecto de futuro salvo la intensificación de sus fórmulas tradicionales de violencia, “desarrollo”, mentira, corrupción y desprecio por quienes no hacen parte de sus pequeños e imperiosos círculos sociales y políticos.

Y los fantasmas, que nos asedian para hacernos creer de forma supuesta y paradójica, que no somos más que amenazas y víctimas, y que como tales no podemos plantear nuestros propias ideas sobre el país, ni dejar de dedicarnos sólo a seguir pidiendo inclusión social, reconocimiento de derechos, justicia y reparación, sin pasar a otros planos de imaginación política respecto de la transformación de las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales que se nos han impuesto a sangre y fuego, o en al diario acontecer de la explotación y el control social y político de los grupos dominantes.

Por ello, se trata de votar enfrentando los dilemas y las falsas oposiciones, y para ello podrían ser útiles algunos elementos de juicio al respecto: a) Pensar en lo que representan las trayectorias de los candidatos respecto del período histórico y de las lógicas que estamos dejando atrás, tanto en lo que se refiere al ejercicio mafioso de la política como de las limitaciones que se han revelado en las experiencias de gobierno de la izquierda, que no son  pocas, pero ricas si se miran los ámbitos territoriales además del nacional; y b) Valorar la forma como los candidatos se proyectan respecto del futuro, no sólo de las reivindicaciones necesarias, sino también de la profundización de los cambios, del reto de construir una confluencia de transformación nacional, y de los principios en el ejercicio del arte de gobernar, relacionados con la necesaria política que combine la radicalidad de las transformaciones, la construcción y el reconocimiento de procesos de cambio más allá del espectáculo y del eventualismo, y una política del cuidado con los propios, los aliados y los adversarios.

Por todo ello, y asumiendo que los dilemas se vuelven inaplazables y que por ende la escogencia no supone demeritar no desconsiderar el potencial de ninguno de los demás, y que hay que superar las falsas oposiciones en la valoración del conjunto de los candidatos, opto por Iván Cepeda, y propongo considerar nombres como los de Amanda Hurtado y Sandra Chindoy al Senado; y María Angélica Prada, María del Mar Pizarro y Alirio Uribe, a la Cámara por Bogotá.    

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.