Editor: Francisco Cristancho R.
Decirles a las tropas estadounidenses “vengan a mi casa”, no es invitarlos a una fiesta. Eso equivale a decirles “¡vengan e invádannos!”.
Sinvergüenzas y traidores se encuentran por doquier. El colmo del descaro fue el de la senadora mexicana Lilly Téllez, quien tuvo la desfachatez de pedirle a los Estados Unidos que intervinieran a su propio país. Eso aquí en Colombia tiene nombre propio: traición a la patria. Para mí, la señora Téllez cometió el mismo delito allá en su país; y es tan descarada, que después salió con que la están amenazando, y de ello le echó la culpa a la presidente mexicana, Claudia Sheinbaum.
Lo que dijo la presidente de México fue precisamente eso, que esa senadora es una traidora de la patria. La hubiese podido denunciar, e incluso, hasta hacerla meter a la cárcel. Eso fue lo que le dijo la presidente, y no es ningún constreñimiento. Decirle a una persona que la ley sanciona una conducta no es constreñirla.
A muchos aquí en Colombia me recuerda la señora Téllez. Aquí, ‘distinguidos’ políticos de derecha estuvieron no hace mucho tiempo en los Estados Unidos pidiéndole al señor Donald Trump que “ayudara a la Colombia a quitarse de encima al presidente de la República en su último año y medio de mandato”. Y así como lo hizo la loca Téllez, aquí hay varios que podrían ser señalados con el mismo dedo, porque esa conducta de ellos, pidiendo a los gringos que metan mano en Colombia, es exactamente lo mismo.
Esperpento similar a la senadora Téllez es aquel personaje de opereta de nuestro país vecino, la señora Corina Machado. Esa señora parece sacada de una película cómica. Vive hablando aquí y allá, y también pide a los Estados Unidos que los ayuden. Machado y Téllez son muy parecidas, pero hay otra que es de ese mismo corte: Karina Miley, la hermana del presidente de Argentina. Ella es la que manda, porque en Argentina el despelucado ese no puede mover un dedo. Él hace lo que su hermanita le diga, y la hermanita es una deschavetada con ínfulas de todo.
Tumbaron a todo el mundo y no pasó nada. Miley siguió siendo presidente de la República y su hermanita Karina siguió siendo su asesora económica. Se birlaron millones de millones y no pasó nada. Luego se fue a Estados Unidos, donde Trump lo tuvo como asesor para el mismo negocio.
Pero no digamos nada del señor presidente de los Estados Unidos. Ese no se queda atrás. Él debería estar en la cárcel hace mucho tiempo, pero donde menos justicia hay es en los Estados Unidos. La justicia de Estados Unidos da risa. Parece una película cómica, donde el actor principal es precisamente su presidente.
Tan chistoso es Trump que me acuerda a los radios viejos. ¿Ustedes saben qué les pasaba a los radios viejos? Se les cambiaba la emisora sin que nadie los estuviera tocando. Así es el presidente de los Estados Unido. Es un radio viejo al que se le cambia la emisora solito. Habla de cincuenta cosas al tiempo y no termina ninguno.
Pónganle cuidado. El tipo va saltando de una cosa a otra sin coherencia, exactamente como un radio viejo. Se le mueve el dial solito y se cambia de emisora. Ya no hablamos del señor Trump, sino de ‘radio-viejo’. Deberíamos pedirle que se quede en una sola emisora y nos explique de qué estaba hablando, porque él puede comenzar a hablar del tema del dólar, y pasa al del gas; y del tema del gas se pasa a “voy a hacer de América algo grande”.
Y hablando de la fama de Uribe, al repasar la historia, resulta que antes de que Uribe fuera presidente había una lista de narcotraficantes en la que cada uno tenía su número. Allí estaban Pablo Escobar, entre otros capos, y resulta que había uno con el número 82. De acuerdo con varias publicaciones el narcotraficante que llevaba el número 82 en aquellos listados gringos era señor Álvaro Uribe Vélez, finquero, caballista y antioqueño. Una persona que era el contacto con los narcos.
Y hablando de narcos, ¿saben por qué en los Estados Unidos no hay cárteles? Alguien me dijo que allá no funciona el cartel de Los Soles, ni el de Sinaloa, allá lo que funciona es el de las tres letras. Yo pregunté ¿cuál es ese de las tres letras? Y me respondieron que era el de la D, la E y la A. En realidad, es curioso que quienes capturan a todo el mundo no hayan podido capturar a los que manejan la droga en su propia su casa. Nos encantaría saber quiénes son los capos que manejan dicho cartel.
-Pasando a temas nacionales- Vergonzosa me parece la forma en que en Colombia se llega a hacer política sobre los ataúdes. A raíz de la muerte de este senador, pude ver por televisión que su padre, al lado del cadáver todavía tibio, sin vergüenza alguno comenzó a hacer campaña, y descaradamente se lanzó como precandidato a la presidencia. Señor Uribe Londoño, sea decente. ¡No sea carroñero! Espere al menos que pase la novena por la muerte de su hijo y luego sí haga campaña.
Hasta la próxima…