Le escribo Yeferson un poco preocupado por el proceso de la Paz Total. Siento estancado todo y ellos, los voceros de la Oficina de Envigado presos en la cárcel de Itagüi, están muy decididos a avanzar. Con respetuosa sinceridad, le debo decir que veo hermano desinterés de parte de la institucionalidad.
Cuando hablamos la última vez en su apartamento se oía todo, de nuestras propias voces, tan posible y tan sencillo. Era como si a través del diálogo lo estuviéramos soñando. Quizá es porque lo hablamos con las ganas que nos genera el proyecto mismo, porque esa paz viene siendo la puesta práctica en práctica del ADN ideológico que nos viene desde la universidad, usted en la Nacional y yo en el Externado donde ambos empezamos a sacarle filo a los códigos y a pisar el mundo como progresistas convencidos.
Usted y yo, de eso, de la matriz de la ecuación que edifica la solución, hemos hablado mucho y al tanto estamos del resultado evidente: La paz es el alma de la libertad.
Al fin de cuentas, sin paz, una sociedad jamás será libre. ¿O quién puede Yeferson decir que Colombia es libre con bloques paracos, carteles de la mafia y estructuras criminales?
Vamos a completar una década de esta amistad que me ha permitido ver en usted, a un demócrata convencido y militante que cree en el principio de la libertad como brújula que ha de regir el destino del ser humano. Pocos con su amplitud de criterio frente a la vida. Con su concepción humanista del derecho y sobre todo, del individuo mismo. Algo he andado y en el camino no me he topado con muchos tan tolerantes y libre pensadores, y es por eso que la paz constituye para ambos la mejor de las razones para asumir los problemas que nos buscamos en la vida. Como mis series combustivas. Como este cargo que usted aceptó sin estar buscándolo ni necesitándolo más que para darle el sentido que nuestros maestros nos enseñaron, debíamos imprimirle a nuestra existencia.
Esta es la razón que me lleva a pensar que estará de acuerdo conmigo, en que el proceso de paz debe salir del empantanamiento en el que lo metieron las fuerzas políticas y la panorámica electoral.
Este proceso, y ambos lo tenemos bien claro, es algo que solo le va traer beneficios al país.
Como lo hemos conversado, sé que están presentes las evidentes desconfianzas históricas que dejan otros procesos.
El proceso de paz con el Cacique Nutibara fue un proceso que nació y murió en otra época, ellos, los desafortunados partícipes, hoy, son otros. Y nosotros también hermano. Hemos mutado.
Douglas, el viejo cabecilla de la Oficina, fue el primero que me lo hizo notar en la entrevista que me dio en prisión: Aquí estoy ahora Daniel, mutando-Me dijo ese anciano cansado y devastado por la guerra y la enfermedad, sin darse cuenta del balazo certero que me acababa de pegar en el inconsciente.
…Mutar. Dicha palabra con el accionar que lleva implícito, estresa y relaja por momentos.
Mutar. La mutación como entidad sociológica y literaria es cíclica, dinámica… y viva, porque la sociedad siempre, cada segundo, es otra. Hoy nuestra cultura es carne y espíritu diferente.
Hoy, Yeferson, ya es muy vintage seguirnos matando.
Por otra parte, el gobierno es otro, porque hay que decirlo, en esas épocas la extrema derecha no cumplió con nada.
Por los tiempos del proceso con el bloque paramilitar paisa Cacique Nutibara, el presidente era otro bandido más. El Estado era la más peligrosa de las estructuras criminales y el capo mayor, Álvaro Uribe, el Matarife, andaba gobernando, asesinando y traficando, desde Antioquia primero, y luego desde el trono de reyezuelo genocida y despótico que ocupó durante 8 años seguidos, como mandatario plenipotenciario de la hacienda en que convirtió todo el territorio nacional.
Hoy el poder está en manos de la decencia.
También es por eso que esta vez lo podemos lograr.
Los ex jefes de la Oficina de Envigado, la mítica organización delincuencial, van a cumplir con su cuota de verdad y reparación social. Y tenemos por este lado un gobierno serio y cumplidor de sus compromisos. Ahora es cuando las cosas tienen vocación de cambio hermano. Está en nosotros hacerlas mutar en algo bien bonito.
Las estructuras, al ser el pulmón de la criminalidad en todo el país, son quienes más, si no las únicas, pueden oxigenar de paz el país. Los Urabeños y Gaitanistas son otras dos de las cabezas que en las nalgas le salieron al engendro. Las garrapatas que carga la bestia. Si ella se extingue, se extinguen sus parásitos.
Ellos, Yeferson, son el corazón de uno de los sistemas delictivos más poderosos de Latinoamérica y sin duda alguna, el que más impacto social y cultural ha tenido en el mundo entero.
La paz total que se tramita en Medellín con la Oficina de Envigado, es en gran parte la paz del mapamundi. Dolorosa y lamentablemente debemos reconocer que además de muchos otros importantes y selectos productos, Colombia, al mundo entero, le exporta una porción del más horroroso dolor: El narcotrafico. Y aunque las estructuras no son un cartel, ni tocan directamente el comercio de cocaína internacional, sí son engranajes del sistema traqueto que queremos desarticular.
¿O por qué al presidente Petro lo quieren asesinar las mafias internacionales? Pues una de las principales y obvias razones es precisamente porque busca la paz y la verdad.
Yeferson, yo a los voceros de Itagüi les creo desde lo más íntimo. Estoy plenamente convencido de su voluntad de paz. Además del cambio social que quieren gestar, porque esto les ha hecho ver que no solo sirven para echar bala, los veo mamados. A algunos de ellos, los veo enamorados de sus mujeres en un mundo y una situación en el que el amor es la más descomunal de las cargas. A otros, deprimidos y ansiosos por momentos, porque en la cárcel han tenido contacto con la lectura que les ha dibujado en la psiquis nuevas inquietudes he intereses y ven cómo se les escapa la vida entre las rejas y otros, como Douglas, abatidos en su vejez y con las fuerzas morales minadas por la enfermedad.
Si me pide un resumen bien ejecutivo, le diría que los veo encartados con ese poder simbólico que representa su nombre en las comunas.
Además les siento muchas ganas de ser ellos quienes realicen esta transformación histórica. Aman su ciudad. Sus territorios son sus abuelos, sus padres, hijos y nietos. Su territorio es en parte ellos mismos. No es fácil entender el significado de la palabra hasta no haber vivido entre las calles sinuosas y empinadas de las comunas. Por eso es que hay que brindarles un poco de confianza, porque aman sus calles, con el pasado, el presente y el futuro que cargan a cuestas, esas calles son sus únicas raíces y es por eso que quieren que todo cambie para bien.
Y lo que más nos ha ocupado y preocupado, la discusión eterna, en lo que coincidimos usted y yo, y que es lo que más le interesa a la sociedad: La verdad.
Yo sé que la verdad Yeferson, la van a contar toda. Solo que no pueden, no hay un piso jurídico claro para entregarla. Nadie dispara una escopeta si sabe que es por la culata por donde le va salir el tiro.
Yo por reserva profesional no puedo develar mis conversaciones en voz en off, pero si le puedo decir hermano del alma, que lo que ellos saben es el coco empeloto. Es la virgencita misma trajeada en Versace, lo que pondrían sobre la mesa.
Yo sé que si ellos hablan y muestran las pruebas y testimonios que tienen, y ustedes logran traerse a Don Berna, este país se transforma de verdad. Lo que saben las estructuras y Don Berna, no lo sabe nadie. Ellas, porque han gobernado cada milímetro de cada centímetro de cada calle, con las cuotas de poder político y militar que esto conlleva y él, alias Don Berna, Diego Fernando Murillo Bejarano, porqué el Capo de Capos de las últimas 3 décadas ha sido él. Él fue mucho más poderoso que Escobar, al punto que logró darle el golpe de gracia a aquel malandro que nos envenenó la sociedad. Sin él los Pepes no hubieran existido jamás y no me refiero a los sicarios y asesinos estatales que conformaban sus tropas, ellos en realidad eran piezas de poner y quitar, porque al final el tuétano de este comando paraestatal, se traduce en el grupo de grandes personalidades públicas nacionales e internacionales que, bajo los lineamientos de Don Berna, fueron quienes desde los asientos del poder, dirigieron los proyectiles que mataron al capo.
Este es un gran punto. Los voceros presos en Envigado, del curubito político, empresarial y financiero, de la esfera del poder oligarca que los usó durante décadas, están dispuestos a contarlo todo. Si la delación es vertical, es decir de para arriba, le repito, ni una silaba se van callar.
Además van a desarmar a sus muchachos y generales y a entregar el poder de tal forma que no se genere violencia en la transición. Pero eso solo se puede dar a través de un proceso gradual y estacional. Nadie puede pretender que soltar la ciudad entera y algunas otras zonas urbanas y rurales, que les han pertenecido durante cuatro décadas, se va a hacer de un día para otro.
Habrá de ser un proceso paulatino y que se debe ver por etapas, porque de otra forma, si las estructuras se van de un momento a otro, Medellín, la cereza del pastel de la criminalidad, terminaría repartida entre El Tren de Aragua y el Cartel de Sinaloa.
Hay que entender que solo a la distancia perfectamente alcanzable, estará el resultado final. Y para eso no le podemos soltar la mano a la esperanza. De otra forma, si esto se hace a la carrera, sería el proceso mismo el que llenaría de sangre las calles.
Yo le pido desde aquí que se desarrollen un par de encuentros. Que se siente el ministro, ellos y los representantes de la sociedad civil. Es el momento de llamar a algunos países garantes. La intervención de una entidad internacional veedora del proceso es indispensable. Bien podría ser el gobierno de Francia que a mí me salvó la vida, se tomó el trabajo de refugiarme en la embajada, sacarme del país en un vuelo humanitario y brindarme el más generoso de los asilos durante 4 años. Los franceses bien podrán detestar a los gringos, pero a nosotros nos quieren. Además, les fascina colaborar en la solución de este tipo de problemáticas.
Finalmente cierro con la carne: Ese proyecto de ley que acaban de radicar, tiene muchas aristas. Hay que echarle pintura. Hacerle un par de refacciones. El documento legislativo es un cojo, ciego, sordo y mudo y solo ustedes y su jefe, mi querido profesor el doctor Montealegre, lo pueden poner a bailar y sobre todo…a cantar.
Abrazo hermano,
No se pierda.
Su amigo, agradecido de antemano con su atención e interés.
Daniel Mendoza Leal.