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Mercenarios a domicilio

Editor: Francisco Cristancho R.

Los amores a las patrias no se dan por generación espontánea, eso nace con el ser humano, como el amor a la madre. Esos que venden su amor por dinero y por una ametralladora son hipócritas mercenarios.

Mi politólogo de cabecera, Mauricio Rodríguez González -quien a veces se me cuela en esta columna-, está inquieto por una propuesta jurídica que le pareciera no entender.

“¿Cómo es eso que vamos a castigar el mercenarismo, si aquí en Colombia los mercenarios colaboraron a nuestra libertad?” En esto Mauricio tiene razón. Si se entiende por mercenarismo el luchar por un ideal que no es mío, en un país que no es el mío, y matar a quien no es mi enemigo, tenemos que aceptar que la inquietud de Mauricio es válida.

Nosotros hemos idealizado a los componentes de la legión británica; los hemos hecho héroes entre ellos y, además, les tenemos cementerio propio y los miramos como héroes de la patria. Aquí hay monumentos a O’Leary y a Soublette, y se les rinde homenaje. Muchas gracias legión británica y, según la concepción de ahora, tendríamos que decir “¡muchas gracias, señores mercenarios!”

Unos mercenarios que se hicieron famosos durante la Segunda Guerra Mundial fueron los de la legión extranjera, aquellos que dieron fabulosas batallas en las tierras de Argelia. Cuando uno va debajo de Tamanrasset se encuentra con que en el desierto aún hay restos de los cuarteles de esa legión. Aquí en Colombia era frecuente que el novio, cuando estaba despechado, amenazara a la novia con irse para la legión extranjera. Por ejemplo, Arturo Navas -mi padre-, amenazó a mi señora madre con irse para la legión extranjera; y aunque tuviera más contextura atlética un alambre y de armas solo conociera los cortaúñas, lograba asustar con eso a mi ma.

La propuesta entonces es crear el delito de mercenarismo para aplicárselo a aquellos que están tanto reclutando como ejerciendo. Cuando uno observa quiénes están peleando ahoritica -de lambones- en Ucrania, hay un jurgo de exmilitares colombianos; no sé si retirados o fracasados, haciendo el papel de mercenarios en una guerra que ni entienden. Ellos no distinguen entre el comunismo y el socialismo, y algunos creen que Putin es un cantante o un bailarín; sin embargo, como idiotas útiles, terminan por entregar su cuero allá, en Ucrania. Si a alguno de estos mercenarios se le preguntara por la causa de esa guerra no tendría ni idea, pero eso sí, para echar bala sí son buenos, porque lamentablemente a los colombianos parece que eso sí les gustara.
 

El autor de esta columna es hippie. Yo prefiero hacer el amor y no la guerra. Amo a la mujer porque ella, como el viento, me acaricia y se va. A mí no me disgusta la tipificación de este delito, lo que me preocupa es que, ante el bajo coeficiente intelectual de los colombianos, logren entenderlo. No olvidemos que cuando se hizo un estudio sobre el IQ se llegó a la conclusión que en Latinoamérica los de más bajo coeficiente intelectual eran de Colombia, Venezuela y Panamá, y cuando uno los ve que son capaces de aplaudir a Duque o a Uribe, concluye que esa fue una investigación seria.

En una entrevista que apareció por televisión en días pasados pudimos ver que mucha de esa gente que vive arrimada en Miami admite haber votado por Donald Trump. De hecho, la mayoría de los colombianos en Miami votaron por ese señor. Y hay que ver cómo les pagó. Ahora, cuando Trump ve a un colombiano, solo piensa en darle ‘patadas’ de agradecimiento.

Pero miremos también el tamaño de la fila a las afueras de la embajada de los Estados Unidos en Bogotá para ver si les dan su visa. Son los mismos que protestan porque el presidente Petro tuviera la entereza de carácter de poner a ese señor en su lugar, y sufren mucho al pensar que ahora ya no les darán la visa. Refuerzan su incapacidad mental al no entender la ironía que empleó Petro cuando sostuvo que habría que traer la estatua de la libertad para ponerla en Cartagena. Son tan ignorantes que creen que eso realmente Petro lo quiere hacer. No entienden de ironía ni de lenguaje figurado. Aterrado me dejó que toda una profesional creyera cierto que Petro se iba a traer esa estatua, ¡y es una profesional! ¿Se imaginan el resto?

Realmente queda uno sorprendido por la falta de dignidad de algunos colombianos que suspiran al pensar que les pueden quitar su visa para los Estados Unidos, y eso es lo que le critican a Petro. Sintamos amargura por aquellos que más parecen hijos de Trump y del capitalismo que de sus propios pueblos. No les importa el contenido de una idea, les preocupa que les quiten el permiso para ver al ‘pato’ Donald Trump.

Adenda: Se aproximan las elecciones y, para mí, la más preparada de las personas que aspira a regir los destinos de Colombia es la doctora Carolina Corcho. Ella entiende, entre otros, de los problemas de la salud. Un día de estos hablaremos más sobre este tema, ¿por qué a los colombianos les da miedo que acaben con las EPS? Pareciese que todos recibieran aserrín de ese serrucho.

Coletilla: El buen ejemplo cunde. La presidente de México, Claudia Sheinbaum, siguiendo el buen ejemplo de Gustavo Petro, le devolvió a Donald Trump un avión de la Fuerza Aérea cargado con deportados de varias nacionalidades. Obviamente allá no hubo apátridas que la criticaran por eso. Por el contrario… ¡la aplaudieron!

Nos leemos la próxima semana.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.