Editor: Francisco Cristancho R.
Hace algunos años, el reconocido periodista Daniel Coronell tenía un programa de televisión que se llamaba Veredicto. Era un programa curioso que simulaba un juicio; allí se exponía un tema, se invitaba a alguien que hiciese el papel de fiscal, otra persona fungía como defensor, y era el público -a través de llamadas telefónicas- el encargado de dictar el veredicto.
Hacia 2012, y por gentileza de Daniel Coronell, me invitaron a este programa como fiscal. Recuerdo que el conductor era el señor Néstor Morales, y la persona a quien le correspondió como oponente mío era un individuo a quien yo no conocía; un tal Abelardo De La Espriella, quien haría las veces de defensor. Yo no sabía quién era el tal De La Espriella. Vine a saber ese día que ese sujeto portaba un título de abogado, pero no había tenido la desgracia de encontrármelo.
¿Cuál era el tema de aquel espacio? Si la gente estaba de acuerdo en que la pirámide, o pirámides -que estaban de moda en aquella época- eran una estafa al ciudadano, o eran un buen negocio donde al ciudadano se le protegía. Comenzó la discusión, y yo siempre sostuve que la pirámide terminaba engañando a aquellas personas que aportaban creyendo en la realidad de un beneficio que les dibujaban. ¿Y quién se las dibujaba?: pues el autor de la pirámide. Él se la pintaba bonito y, la primera vez, les pagaba un buen dividendo; los comenzaba a ordeñar, y después de que los ordeñaban, ahí sí… ¡se acabó la platica!
Mi posición era que eso terminaba defraudando al inversionista. Mi contradictor, el señor De La Espriella -al que hoy conocemos como el mata-gatos-, en ese momento hizo una gran defensa. Dijo que no. Que eso era una fortuna, que era el azar, que eso no eran pirámides como tal, y sí un buen negocio; y que invitaba a los colombianos a que “invirtieran” en esas pirámides, etc., etc., etc. Por ahí deben estar todavía archivadas esas cintas, las cuales fueron grabadas en los estudios de Noticias Uno, que era donde se realizaba ese programa.
Yo insistí en que con ese tipo de “negocios” terminaban robando, estafando, engañando al ciudadano y, curiosamente -atérrense ustedes- los ciudadanos llamaron a defender la pirámide. Yo quedé aterrado, porque nosotros estábamos del lado de la gente, y les quisimos advertir: “no meta su plata que los van a robar”; pero los colombianos, que les gustan las cosas fáciles, votaron en defensa de la pirámide. “Que eso producía tantos dividendos”, “Que yo obtuve tanta cantidad de dinero”, y terminaron todos -o casi todos- elogiando al victimario.
¡Me derrotaron!
Ese día los colombianos, el público que participó allí, votó por la posición de Abelardo De La Espriella, porque -según ellos- las pirámides “eran un negocio que favorecía al inversionista”. Esa era la propuesta, y la gente votó defendiendo a Abelardo, y votó defendiendo las pirámides.
Pero el mundo da vueltas. Al poco tiempo comenzó a salir la totazón de los que habían sido víctimas de DMG, y comienza la gente a protestar y a llorar. Pero ya ni modo. Les quisimos advertir, pero ellos se metieron ahí porque quisieron.
En aquel entonces yo era Representante a la Cámara, y de pronto, apareció un proyecto de ley para que el Estado le ayudara a esas víctimas de las pirámides, para que pudiesen reponer el capital. En este proyecto, el Estado asumiría la pérdida, y les ayudaría a quienes metieron plata en esto de las pirámides. Me acuerdo de que estaban todos muy contentos que el Estado les fuera a financiar lo que les robaron los amigos del tal De La Espriella.
Cuando este proyecto llega a la Cámara yo, y otros compañeros, nos opusimos con vehemencia, y afirmamos que no teníamos por qué darles un peso a estas personas, porque ellos no fueron víctimas de ninguna pirámide, fueron coautores de esa pirámide. Y daban por hecho que el Congreso les iba a dar plata con presupuesto nacional, y logramos -y no me arrepiento- que ese proyecto se hundiera, porque la gente estaba metida ahí porque así lo quería. Y así lo dije yo, entre mis argumentos: “no doy un peso ni aprobaré un peso para esas personas, porque cuando nosotros denunciamos eso, ellos salieron a defender a los dueños de las pirámides.” Ahí está la prueba de ese programa de televisión -y aquí les comparto un enlace con el fragmento-, y también existen las actas del Congreso, en donde podrán hallar mi intervención, cuando me opuse a que le dieran un solo peso, porque con ello la gente se seguiría metiendo en pirámides, porque les parecía facilito defraudar al Estado y ganarse una buena plata sin pagar un peso. Y por eso perdieron. Y perdieron, porque detrás de cada “inversión” en esa pirámide había alguien que quería ganar plata sin hacer esfuerzos.
Ahí fue cuando tuve oportunidad de conocer al pelagatos o mata-gatos porque, lógicamente, él estaba del lado de la pirámide. Él no ha estaba del lado de las víctimas, él estaba a favor de aquellos que después le patrocinaron. Tengo entendido que este señor mata-gatos terminó tumbando también a uno de los dueños de esas pirámides. Por lo menos eso es lo que he leído en los medios, pero no me consta, porque yo con este sujeto nunca más tuve relación. Fue solo esta, tangencial, en ese programa que se llamaba Veredicto y que hacían en el canal de Daniel Coronell.
Entonces yo digo: quién se mete en esto y anda con esto, termina en esto. Esos que defendieron en aquella oportunidad al señor De La Espriella eran las víctimas de la pirámide, y los que queríamos defender -o advertirles a esas víctimas- terminamos como los malos. Y la gente votó por el ladrón y atacó al policía, -bueno, en este caso al fiscal-. Yo era el que quería que le aplicarán sanciones a los de la pirámide.
Ahora, cuando uno ve que al colombiano lo llaman a votar por un hombre decente o un hombre en entredicho, y termina votando por ese hombre en entredicho… ¡pues que después no se quejen! Que no se quejen de la pirámide que les pueden hacer. Ya la experiencia nos mostró de qué lado está siempre el mata-gatos. No crea usted que él estará del lado de la víctima, él siempre estará del lado del dueño de la pirámide. Está en mi posición muy personal. Si a alguien no le gusta, pues cambia de canal, o borre, pero no me arrepiento. Porque yo vi cómo se manejaban las cosas en la pirámide y por eso lo denuncié; sin embargo, la opinión pública se puso del lado del mata-gatos en esa época, y dijo que no, que las pirámides había que apoyarlas… ¡Y vea lo que les pasó!
A esos mismos que hoy en día apoyan al mata-gatos, muy seguramente, dentro de tres años, estarán lamentándose; como aquellos que en ese entonces invirtieron en las pirámides. Es la ley de la vida. Se va dando vueltas. Hoy se está arriba y mañana abajo, porque la tierra no se queda quieta. En el universo no hay nada que se esté quieto, todo se está moviendo.
Señores… Recuerden a quien defendió las pirámides, y recuerden qué les pasó a los tontos que cayeron en ellas.
Coletilla por Deisdre Constanza. El rechazo hacia la izquierda en Colombia tiene múltiples causas. Décadas de conflicto armado, la asociación que algunos hacen entre ciertos grupos insurgentes y las ideas de izquierda, campañas políticas basadas en el miedo, desinformación y profundas divisiones ideológicas. Sin embargo, llama la atención que en muchos casos ese rechazo se convierte en una posición automática, más emocional que racional. Con frecuencia, algunas personas rechazan cualquier propuesta por el simple hecho de provenir de la izquierda, sin detenerse a evaluar su contenido, sus beneficios o sus riesgos. El debate democrático pierde calidad cuando las ideas se juzgan por la etiqueta política de quien las propone y no por sus méritos. También resulta paradójico que sectores que reclaman mejores salarios, acceso a la educación, salud de calidad y mayores oportunidades para las mayorías, descarten de plano propuestas orientadas a esos objetivos únicamente por perjuicios ideológicos. La crítica es necesaria en democracia, pero debe estar basada en argumentos y resultados, no en odios heredados o consignas repetidas. Una sociedad madura no le teme al debate de ideas. La verdadera coherencia consiste en analizar cada propuesta criterio propio, exigir resultados a todos los sectores políticos y votar con información, no con miedo y resentimiento.
Adenda del autor: Hay ahorita una cuña patriotera ridícula en la cual se afirma que todo buen ‘patriota’ lucirá la camiseta de la Selección Colombia durante el mundial de fútbol que se aproxima. O sea, hay que llenar de dinero al fabricante de esas prendas para ser “un buen colombiano”. Pues yo no soy idiota. Y no me tiró mi plata en esas pendejadas.
Hasta la próxima semana.
