Tenía casi seis años cuando un auto fantasma asesinó a mi padre y veintisiete cuando el destino me arrebató, en las mismas circunstancias, al mejor amigo que jamás tuve. Eso dejó un dolor perenne y lacerante en mí. El país donde nací y crecí siempre ha estado marcado por la violencia, la violencia está ligada a su origen. Los apestosos europeos que colonizaron nuestro continente exterminaron a su paso más de sesenta millones de nativos (la dantesca cifra correspondía al 90% de la población indígena de aquel tiempo). Eso debe haberle dolido mucho a esta tierra: un largo invierno de sangre que penetró sus entrañas y que sigue doliendo porque ni quienes cometieron el genocidio ni sus descendientes jamás han expresado arrepentimiento ni pedido perdón. Nunca se hizo y quizá jamás se hará justicia por uno de los crímenes más brutales de la historia humana.
Iván Cepeda Castro tenía treinta y dos años cuando asesinaron a su padre. Álvaro Uribe Vélez tenía la misma edad cuando asesinaron al suyo. Manuel Cepeda Vargas, padre de Iván Cepeda, era un dirigente político miembro de la Unión Patriótica (UP), su muerte fue parte del llamado “Golpe de gracia” el plan de exterminio dirigido contra ese partido político y en el cual estuvieron involucrados, como bien se sabe, sectores del Estado en coordinación con grupos paramilitares. Alberto Uribe Sierra, padre de Álvaro Uribe, fue asesinado en su hacienda Las Guacharacas (la misma donde algunos ex paramilitares han declarado que se fundó el Bloque Metro de las AUC con el apoyo de los hermanos Álvaro y Santiago Uribe). La muerte de Alberto Uribe Sierra, que logró, según su propio hijo Álvaro, intercambiar disparos con sus asesinos se le ha atribuido a las Farc que, por su parte, nunca han aceptado este señalamiento.
Más allá de que algunas investigaciones periodísticas hayan relacionado al padre de Uribe Vélez con el narcotráfico y que el origen de su riqueza, que heredaron sus hijos, siga siendo un misterio, la razón de escribir este post es analizar la reacción que Iván Cepeda y Álvaro Uribe tuvieron ante la muerte de sus padres. Y digo analizar remitiéndome a los hechos y a la historia y no a mi opinión personal. Iván Cepeda a raíz de la muerte de su padre ha dedicado su vida a la búsqueda de justicia y la defensa de los derechos humanos. Su tono desde el principio fue firme y sereno y su objetivo fue encontrar respuesta a través de la vías legales. Uribe por su parte declaró la guerra a quienes atribuía el asesinato de su padre. La vía de la violencia ha sido y sigue siendo su bandera y existen múltiples investigaciones y testimonios que lo corroboran, pero la evidencia más certera es su propio discurso político.
A pesar de que Iván Cepeda nació diez años después que Álvaro Uribe sus vidas en varios aspectos han sido paralelas y diametralmente opuestas como lo son sus visiones humanas y políticas. Iván Cepeda se ha enfrentado con Álvaro Uribe en diversos escenarios como parte de su lucha por obtener justicia para las víctimas e incluso logró que lo condenaran por fraude procesal y soborno de testigos. Ahora todo indica que el próximo enfrentamiento entre ellos será por la presidencia del país, Iván Cepeda como candidato del Pacto Histórico y Uribe Vélez como jefe del Centro Democratico. El país de terror, corrupción y crímenes que tendríamos con un gobierno liderado por Uribe Vélez (junto a su histórico enemigo y nuevo socio César Gaviria) lo conocemos de sobra. Los objetivos que ha manifestado Iván Cepeda es seguir reforzando la justicia social y la inversión en programas para mejorar el nivel de vida de los menos favorecidos, dar más oportunidades a las nuevas generaciones. Y, por supuesto, combatir la corrupción y mantener abierto el diálogo por la paz. Jamás diré a nadie, ni siquiera a mi hija o mi hijo, por quién debe votar. Pero si los invito a reflexionar profundamente porque quizá por primera vez el futuro del país está en nuestra manos y conciencias.