Editor: Francisco Cristancho R.
No hay nada más mentiroso que el rezandero. Los ateos, como no creen en nada, no esperan perdón mañana. El ateo se comporta como es, porque le nace serlo. El rezandero cree que puede pecar hoy para mañana rezar y así empatar. Siempre preferiré a mi lado un ateo y nunca un rezandero.
La hipocresía y la mala fe parecen estar siempre en el comportamiento de los rezanderos calvinistas. Afirmo esto porque me ha sorprendido la falta de principios éticos de la cultura gringa, especialmente en esta situación incómoda que atraviesa ese país por el pésimo ejemplo que a las juventudes le viene dando el señor Donald Trump.
Quién se iba a imaginar que una persona que vive dándose bendiciones en todas partes y ufanándose de su buen ejemplo hubiese hecho lo siguiente: después de que su primera esposa muriera en un accidente -bastante extraño- al fracturarse su reja costal frontal luego de rodarse por una escalera -situación que nunca nadie investigó, como todas las muertes que rodean el gobierno Trump-, curiosamente, a la hora de sus exequias, no fue llevada a un cementerio. El señor Trump mandó a cavar una fosa en el hoyo #1 de un campo de golf que tiene en New Jersey. “Un buen homenaje para ella”, afirmarían incautos; pero resulta que a la difunta nunca le gustó el golf; de hecho, le parecía aburridísimo. ¿Entonces por qué diablos sepultar a su esposa en el hoyo #1? ¡Sencillo! La mentalidad mercantilista que tiene este tipo lo llevó a entender que, si convertía ese campo de golf en un camposanto, podría estarse ahorrando muchos dólares en impuestos -tanto prediales como de renta-. Al haber una persona enterrada allí ese campo podría declararse como cementerio, lo que implicaría un muy excelente ahorro.
Es decir, este miserable se aprovechó de esta mujer en vida; peleó por dinero el divorcio, y cuando muere, se aprovecha de su muerte para enriquecerse aún más. Si eso no es ser inmoral, entonces ¿qué es ser inmoral?
Hay una versión -que no sabemos si es cierta o no, pero por ahí circula en YouTube-, y es en la que se narra que la familia Trump tiene una fundación que presta ayuda a niños de bajos recursos. Es bien sabido que en los Estados Unidos el capital que usted emplea en donaciones es deducido posteriormente de sus impuestos. En una de estas conferencias de ayuda a la infancia, la mencionada fundación comenzó a pedir colectas y, según esta publicación, lograron recibir bastante plata. Se calcula que alcanzaron a superar los dos millones de dólares para ayuda a los niños pobres. Resulta que nadie supo nunca de algún niño que recibiera siquiera un centavo de dólar. Se valieron de una supuesta asociación de servicios e hicieron contratos con esta para preparar un acto en el cual asistirían muchos de esos menores. Al final, ese acto no se hizo y la plata terminó en otra institución. Mejor dicho… ¡se la feriaron! Ese es el corazón de muchos norteamericanos y su fanatismo religioso.
Lo que nos debe aterrar es que un pueblo que se dice ‘cuna de la libertad’ haya permitido que esas cosas pasen. Las protestas han sido mínimas, por el contrario de lo que hubiese pasado en Latinoamérica. En cualquier país se hubiese armado una chirinola de la madonna. Allá, este señor ha hecho lo que se le ha dado la gana y nadie dice nada.
Pero la sinvergüencería no para ahí. Resulta que el señor Trump es autor de una ley que dice que las personas que se hayan hecho “legalizar” en forma ilegal para obtener su residencia se les cancelará el reconocimiento que tengan y terminarán siendo expulsados de los Estados Unidos. ¡Miren cómo son las cosas! La señora Melania, su actual esposa, no nació en los Estados Unidos. Esta señora nació en Eslovenia, y a ella consiguieron que le dieran la visa Einstein. Esta visa se la conceden a personas que demuestran habilidades extraordinarias; a quienes se destacan en el deporte, en la cultura; a un gran pintor, por ejemplo; o a un premio Nobel. Ninguno de estos títulos posee la señora Melania. Es que ni siquiera ha sido reconocida como modelo de categoría; sin embargo, alguien la catalogó como ‘genio’ y terminaron otorgándole la visa Einstein y posteriormente la nacionalidad. Entonces, la señora Melania Trump es ciudadana estadounidense porque se valieron de esa artimaña. Lo grave del caso es que si se aplicara la ley que Trump le ha aplicado a otras personas, ella no tendría derecho a estar allá. La podrían deportar y, a su hijo, que es producto también de la condición de madre nacionalizada, también lo podrían terminar echando, porque están ilegalmente allá. Pero no solo eso. Los papás de Melania se valieron del reconocimiento falsario que se le hizo a su hija para que a ellos también les dieran la nacionalidad.
Son tan miserables esos gringos que el sujeto a quien eligieron y hoy gobierna ese país se inventó una cárcel -un nuevo campo de concentración- para encerrar a aquellas personas que en su entender no merecen estar en allá. Aquellos que hay que expulsar. Pero antes de expulsarlos, meterlos a ese campo de concentración, propio del régimen nazi por un tiempo indefinido, porque en el régimen de Trump los términos no vencen, es hasta cuando a él se le dé la gana.
El autor esa columna, como abogado que es, entiende que eso no podría hacerse en Colombia. Es cierto que somos un país bárbaro, pero menos bárbaro que ese, porque aquí en Colombia no podría el presidente de la República llamar a un fiscal y decirle cómo tiene que actuar. Allá no. Allá señor Trump llama al fiscal y le dice qué hacer; y luego llama al juez y le ordena también qué hacer, y si no lo hace, cambia de juez. Al director del FBI, por ejemplo, lo cambia cada vez que le incomoda. ¿Les parece a ustedes, respetados lectores, es que eso es democracia?
Risa produce ver la cantidad de colombianos haciendo filas de días y días esperando a ver si los gringos se les conmueve el alma y les hacen el favor de darles el respectivo permiso para ir a visitar a su pato Donald… ¡Donald Trump!
Colombianos, un poquito de dignidad, por favor. No vayan a que los maltraten, a que los ofendan. En cuanto ustedes llegan a la frontera ya comienzan a ser sospechosos. Hasta su teléfono celular será ultrajado para saber qué conversan y con quién lo hacen.
Coletilla: ya hemos visto la degradación a la que ha llegado los Estados Unidos, pero no mencionamos lo peor. Lo peor es que, en un país que se dice respetar a la niñez, se haya presentado el caso de los señores Trump y Epstein. Me refiero a Jeffrey Epstein, el traficante de menores de edad para la prostitución, y en ese tráfico estaba metido el señor Trump. El presidente ha querido negarlo, ha mentido, ha hecho toda clase de cosas; sin embargo, hay fotografías del señor Trump en compañía de Epstein; y hay testimonios de niñas que dicen haber estado en reuniones de tipo sexual en las que Trump estuvo presente, pero él lo niega y lo reniega. ¿Qué pasa con los estadounidenses? ¿Acaso no se han dado cuenta de que este es el mayor escándalo de prostitución infantil que se ha presentado en Norteamérica a través de la historia? No obstante, el señor sigue de presidente de la República, y los republicanos siguen respetando a su presidente, a su dignísimo presidente. Prefiero realmente el sistema comunista, en el que a veces se emplea la fuerza, pero no se emplea para todo, como sí en los Estados Unidos.