La actual campaña electoral tiene algunas similitudes con la que se desarrolló en los Estados Unidos entre George Bush y Bill Clinton.
En 1992, George Bush (padre) era presidente de los Estados Unidos y estaba buscando que lo reeligieran. Se decía entonces que su triunfo estaba asegurado porque tenía una impresionante hoja de vida, gracias a la cual fue elegido para el periodo 1989-1993.
Antes de ser presidente, e incluso siéndolo, Bush se destacó sobre todo por su política y sus acciones en el plano internacional.
Los siguientes son tres de sus mayores logros a los ojos de sus posibles electores: como director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), entre enero de 1975 y enero de 1976, Bush apoyó fuertemente la famosa “Operación Cóndor”, hecha en coordinación con los regímenes militares de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia. En esa “operación”, asesinaron más de 50 mil personas, hubo 30 mil desaparecidas y alrededor de 400 mil encarceladas. Y como presidente, Bush decidió atacar militarmente a Panamá y también lideró la coalición de ejércitos que invadieron Irak durante la llamada “Guerra del Golfo Pérsico”.
Pocos meses antes de las nuevas elecciones, las encuestas mostraban que el señor Bush tenía una aprobación superior al 90 por ciento. Su adversario era Bill Clinton, cuyo mayor alcance había consistido en ser gobernador del Estado de Arkansas. Clinton enfocó su campaña en hablar de la vida cotidiana y en las necesidades más sentidas y profundas de la ciudadanía estadounidense. Elaboró un programa centrado en mejorar las condiciones económicas de la población y, especialmente, el sistema de salud.
Bush, tal como lo decía Clinton, no sabía cómo vivía la gente común y corriente y desconocía por completo sus necesidades más apremiantes. Uno de los asesores de Clinton sugirió entonces que el candidato y su equipo se mantuvieran siempre concentrados en esos aspectos y, para lograrlo, escribió un pequeño cartel en la sede campaña que decía: 1) Cambio vs. más de lo mismo. 2) La economía, estúpido. 3) No olvidar el sistema de salud.
Clinton logró imponer su agenda y obligó al candidato-presidente a debatir sobre asuntos de los que ignoraba casi todo. Lo derrotó en todos los debates y ganó la presidencia.
Y aquí empiezan los parecidos.
En estas elecciones en Colombia, las precandidaturas presidenciales de la coalición del Pacto Histórico son las únicas que toman distancia de los gobiernos promovidos y/o impuestos por Álvaro Uribe Vélez. Son las únicas que pueden probar que no son más de lo mismo. Las otras, aunque tienen algunas diferencias entre sí, no pueden demostrar el mismo nivel de independencia política y personal frente al régimen que ha gobernado Colombia en los últimos 22 años.
Las propuestas económicas del Pacto Histórico se basan en una manera de entender y solucionar las necesidades urgentes de la gente común. Esa manera no la comprenden las otras candidaturas, que se limitan a proponer más de lo mismo que se ha hecho desde los años noventa y que ha afectado muy negativamente la vida de la ciudadanía.
Las otras candidaturas y precandidaturas no pueden siquiera imaginarse, por ejemplo, lo importante que es abandonar la dependencia de las energías fósiles y de la economía extractivista y hacerlo mediante un plan de sustitución gradual de todo ello. Confunden “exploración” con “explotación y producción” y la minería ilegal con la minería artesanal; de estas últimas, siguen sin comprender las relaciones tan diferentes que una y otra tienen con el conflicto armado. Como su credo económico tiene recetas limitadas, carecen también de respuestas y de formas de controvertir los análisis y propuestas que hacen las y los precandidatos del Pacto Histórico sobre estos temas, o sobre las reformas a los sistemas de pensiones y de salud.
Esas candidaturas y precandidaturas tampoco pueden entender que la seguridad ciudadana depende más de las oportunidades educativas y económicas que de la militarización y paramilitarización del país. Así, solamente pueden proponer la vieja y delincuencial receta de aumentar los niveles de violencia y muerte. Mientras tanto, todas las personas que aspiran a la presidencia por el Pacto Histórico proponen salvar vidas, mejorar la oferta y la calidad educativa, disminuir la violencia, cumplir lo pactado en el acuerdo de paz firmado entre el Estado y las Farc y buscar la salida negociada con el ELN.
En los debates, las personas que compiten por la candidatura oficial y única del Pacto Histórico parecen profesores/estadistas que, con calma y pasión, enseñan a sus oponentes de otros partidos y coaliciones que las viejas recetas solo han traído desolación y muerte, y que se trata es de defender y garantizar la vida en todas sus formas y expresiones.
Quizá en las oficinas del Pacto Histórico también sea importante poner un aviso que les recuerde, cada hora y cada día, no desenfocarse: es la defensa de la vida, idiota.