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Se les cayó la vuelta

Tenían el negocio perfectamente montado. Grandes inversiones, es cierto, pero también grandes ganancias en términos económicos y políticos. Son bien vistos y envidiados socialmente. Se convirtieron en el paradigma del éxito, del triunfo; obtuvieron casi todo el poder económico y la amplia mayoría del poder político. Han sido los grandes ganadores.

Dominan con el miedo. Primero nos atemorizan diciendo que podemos volvernos una dictadura que nos traerá miseria y opresión, a menos que votemos por sus candidatos y, después, nos aterrorizan con masacres, asesinatos selectivos y persecuciones judiciales contra quienes se les opongan.

Tienen unas estructuras regionales y nacionales de compraventa de votos que les han funcionado maravillosamente bien, en ellas fluye el dinero como si fuera un recurso que se renueva al momento de gastarlo.

Ese dinero casi mágico, con el que se pone a funcionar la compraventa de votos en todas las regiones del país, proviene de tres fuentes distintas: los aportes privados legales, que reciben todas las campañas; la financiación estatal, que reciben los partidos y movimientos políticos con personería jurídica y representación en el Congreso de la República, y los recursos ilegales, que se legalizan cuando se gastan y no se declaran ante el Consejo Nacional Electoral.

La última fuente mencionada que usan estos eternos ganadores para sus campañas políticas proviene, a su vez, de tres vertientes:

  1. El robo que sus conmilitones hacen cuando tienen puestos públicos, bajo las modalidades que se han dado en llamar abudineo o mayorquinería. La primera consiste en asignar y pagar enormes contratos estatales a una empresa que no puede ejecutarlos y que les guarda esa platica mientras llega el momento de gastarla en elecciones. La segunda, en contratar amigos, familiares y relacionados que reciben el dinero, gastan de él un pequeño porcentaje cumpliendo el contrato y reservan grandes sumas para su beneficio personal y para financiar la siguiente campaña electoral de los amigos del gobierno.
  2. El efectivo que entregan los beneficiarios de la economía ilegal. Es decir, “el plante”, como lo llaman entre ellos, proveniente de empresas o individuos que practican la minería ilegal de mediana y gran escala y de narcotraficantes, capos, simples traquetos, lavaperros y profesionales asociados a todos los anteriores. Tal sería el caso de los aportes que hicieron el “Ñeñe” Hernández y sus cómplices.
  3. Las donaciones que hacen personas y gremios cuyos dirigentes se benefician de contratos o de la legalización de sus bienes mal habidos. Un ejemplo de esta modalidad, es el aporte económico que hacen algunos ganaderos/paramilitares de Sucre y Córdoba que han legalizado sus títulos de propiedad sobre tierras que los paramilitares robaron a cientos de familias campesinas

Con la herramienta del miedo y dichas inagotables fuentes financieras nos gobiernan esos eternos ganadores y su presidente igual de eterno. En 2018, hicieron elegir no al menos barra brava, sino al más inculto, cínico e indolente de la manada. Este año esperan repetir, pero les falta encontrar con quien.

Andan en esas. Aunque ha disminuido su capacidad de intimidación y sufrieron grandes descalabros en algunos de los negocios ilegales y corruptelas que les surten de dinero. Al expresidente Uribe, por ejemplo, ya no le temen como antes. No lo aceptan ni siquiera en Antioquia y Córdoba, que fueron reinos de él y de los paramilitares, aunque llegue a hacer proselitismo acompañado de una caravana de gente armada hasta los dientes.

En materia económica, también van en picada. Miren esto: cayó el embarque de los 440 kilos de cocaína que transportaban en una avioneta de propiedad del esposo de una reconocida simpatizante del gobierno y figura de la farándula nacional; cayeron los sicarios, militares colombianos —en ejercicio o en retiro— contratados para asesinar al presidente de Haití; cayó alias Memo Fantasma y se destapó un poco de la trama que vincula a la vicepresidente y canciller de la República con mafiosos que se les dan de inversionistas de clase alta; se destapó el robo que se hizo del erario público mediante el contrato que la exministra de las Tecnologías de la Información y la Comunicación firmó con la Unión Temporal Centros Poblados; y cayó la pequeña red de contratos ilegales que se había urdido desde las oficinas de la jefe de gabinete del presidente Duque.

Necesitan ganar apoyando a un candidato que les garantice total impunidad, aunque sus ya probados delitos vuelvan a comprobarse una y otra vez ante las más diversas instancias judiciales. Necesitan a alguien que se le mida a aliarse con ellos y a cargar con todo el peso de su desprestigio. Pero ya no funciona bien la estrategia de infundir temor y su músculo financiero se ha deteriorado.

La tienen muy de para arriba. Porque, como señalaba un joven pasajero en Transmilenio, se les cayó la vuelta.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.

Profesor universitario, experto en justicia comunitaria y resolución de conflictos.

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