Recomendamos a los adultos leer estos cuentos en compañía de niños y jóvenes que hayan visto la programación infantil de televisión de uno de los canales colombianos donde los han repetido durante los últimos treinta años.
(*) Advertimos que esta colección de cuentos no es para colorear, por esa razón no trae laminitas.
Son fábulas escritas en blanco y negro y los nombres de sus personajes como en la cruda y cruel realidad, algunas veces, pueden coincidir con el impresionante amarillismo que inunda la realidad nacional.
Sugerimos que sean leídos en voz alta a todo paciente colombiano que espera un cambio pero aún se niega a salir del país de las maravillas y sueños encantados que le han contado los políticos año tras año por casi un siglo de promesas.
Sin más preámbulos, hago mutis por el foro como presentador y los dejo con esta primera pieza de Los hermanos Ruin, que se intitula: “Iván el listo”…
Pregunta Álvaro a Iván:
– ¿Adónde vas, Iván?
Responde Iván:
– A gobernar a Colombia.
– Que te vaya bien, Iván.
– Bien me irá. Adiós, padrino.
– Adiós, Iván.
Iván llega a la casa de Nariño.
– Buenos días, Colombia.
– Buenos días, Iván. ¿Qué traes de bueno?
– Traer, nada; tú me darás.
Colombia le regala a Iván toda su confianza en una aguja de cristal. Iván dice:
– Adiós, Colombia.
– Adiós, Iván.
Iván coge la confianza, la pone en un carro de heno y vuelve a visitar a su mecenas y padrino.
– Buenas noches, Dr. Uribe
– Buenas noches, Iván. ¿Dónde estuviste?
– Con Colombia estuve.
– ¿Qué le llevaste?
– Llevar, nada; ella me dio.
– ¿Y qué te dio Colombia?
– Toda su confianza en una aguja me dio.
– ¿Y dónde tienes la confianza, Iván?
– En el carro de heno la metí.
– Hiciste una tontería, Iván; debías clavártela en la manga.
– No importa, padrino; otra vez lo haré mejor.
– ¿Adónde vas, Iván?
– A casa de Nariño, Dr. Uribe.
– Que te vaya bien, Iván.
– Bien me irá. Adiós, Padrino.
– Adiós, Iván.
Iván llega a casa de Nariño.
– Buenos días, Colombia.
– Buenos días, Iván. ¿Qué traes de bueno?
– Traer, nada; tú me darás.
Colombia regala a Iván la esperanza fundida en un hermoso cuchillo de oro.
– Adiós, Colombia.
– Adiós, Iván.
Iván coge el cuchillo, se lo clava en la manga y regresa a casa de su mecenas y padrino.
– Buenas noches, Dr. Uribe.
– Buenas noches, Iván. ¿Dónde estuviste?
– Con Colombia estuve.
– ¿Qué le llevaste?
– Llevar, nada; ella me dio.
– ¿Y qué te dio Colombia?
– Toda su esperanza fundida en un cuchillo de oro me dio.
– ¿Dónde tienes el cuchillo, Iván?
– Lo clavé en la manga.
– Hiciste una tontería, Iván. Debiste meterlo en una caja de seguridad.
– No importa, padrino; otra vez lo haré mejor.
– ¿Adónde vas, Iván?
– A casa de Nariño, padrino.
– Que te vaya bien, Iván.
– Bien me irá. Adiós, Dr. Uribe.
– Adiós, Iván.
Iván llega a casa la de Nariño.
– Buenos días, Colombia.
– Buenos días, Iván. ¿Qué traes de bueno?
– Traer, nada; tú me darás.
Colombia regala a Iván su cabra llamada fortuna.
– Adiós, Colombia.
– Adiós, Iván.
Iván coge la cabra, le ata muy bien de patas y manos y se la mete en el bolsillo. Al llegar a casa de su padrino Uribe, la cabra está ahogada.
– Buenas noches, don Álvaro.
– Buenas noches, Iván. ¿Dónde estuviste?
– Con Colombia estuve.
– ¿Qué le llevaste?
– Llevar, nada; ella me dio.
– ¿Qué te dio Colombia?
– Una cabra llamada fortuna me dio.
– ¿Y dónde tienes la cabra, Iván?
– En el bolsillo la metí.
– Hiciste una tontería, Iván. Debiste atar la cabra de una cuerda.
– No importa, Padrino; otra vez lo haré mejor.
– ¿Adónde vas, Iván?
– A casa de Nariño, padrino.
– Que te vaya bien, Iván.
– Bien me irá. Adiós, Dr. Uribe.
– Adiós, Iván.
Iván llega a casa de Nariño.
– Buenos días, Colombia.
– Buenos días, Iván. ¿Qué traes de bueno?
– Traer, nada; tú me darás.
Colombia, regala a Iván un trozo de fe en forma de tocino.
– Adiós, Colombia.
– Adiós, Iván.
Iván coge la fe en forma de tocino, lo ata de una cuerda y lo arrastra detrás de sí. Vienen los vándalos y se comen el tocino. Al llegar a casa su padrino y mecenas tira aún de la cuerda, pero nada cuelga de ella.
– Buenas noches, padrino.
– Buenas noches, Iván. ¿Dónde estuviste?
– Con Colombia estuve.
– ¿Qué le llevaste?
– Llevar, nada; ella me dio.
– ¿Qué te dio Colombia?
– Un trozo de fe en forma de tocino me dio,
– ¿Dónde tienes el tocino, Juan?
– Lo até de una cuerda, lo traje a rastras y los vándalos se lo comieron.
– Hiciste una tontería, Iván. Debiste llevar el tocino sobre la cabeza.
– No importa, Padrino; otra vez lo haré mejor.
– ¿Adónde vas, Iván?
– A casa de Nariño, Dr. Uribe.
– Que te vaya bien, Iván.
– Bien me irá. Adiós, don Álvaro.
– Adiós, Iván.
Iván llega a casa de Nariño.
– Buenos días, Colombia.
– Buenos días, Iván. ¿Qué traes de bueno?
– Traer, nada; tú me darás.
Colombia regala a Iván toda sus ahorros en forma de una ternera.
– Adiós, Colombia.
– Adiós, Iván.
Iván coge la ternera, se la pone sobre su cabeza, y el animal le pisotea y lastima la cara.
– Buenas noches, padrino.
– Buenas noches, Iván. ¿Dónde estuviste?
– Con Colombia estuve.
– ¿Qué le llevaste?
– Llevar, nada, ella me dio.
– ¿Qué te dio Colombia?
– Todos sus ahorros en forma de una ternera me dio.
– ¿Dónde tienes la ternera, Iván?
– Sobre la cabeza la puse; me lastimó la cara.
– Hiciste una tontería, Juan. Debías traerla atada y ponerla en el Ubérrimo.
– No importa, padrino; otra vez lo haré mejor.
– ¿Adónde vas, Iván?
– A casa de Colombia, padrino.
– Que te vaya bien, Iván.
– Bien me irá. Adiós, Dr. Uribe.
– Adiós, Iván.
Iván llega a casa de Nariño.
– Buenos días, Colombia.
– Buenos días, Iván. ¿Qué traes de bueno?
– Traer nada; tú me darás.
Colombia dice a Iván:
– Me voy contigo.
Iván coge a Colombia, la ata a una cuerda, la conduce hasta el Ubérrimo y la amarra allí. Luego va a buscar a su padrino y mecenas.
– Buenas noches, padrino.
– Buenas noches, Iván. ¿Dónde estuviste?
– Con Colombia estuve.
– ¿Qué le llevaste?
– Llevar, nada.
– ¿Qué te ha dado Colombia?
– Nada me dio; se vino conmigo.
– ¿Y dónde has dejado a Colombia?
– La he llevado atada de una cuerda; la amarré en el Ubérrimo y le eché estiércol…
– Hiciste una tontería, Iván; debías ponerle ojos tiernos.
– No importa, Padrino; otra vez lo haré mejor.
Iván va al Ubérrimo, saca los ojos de todos los que viven y mueren por Colombia con exagerados impuestos, violencia y muerte. Colombia se enfada, se suelta y se resiste, e Iván se queda sin novia.
FIN
NOTA: Cuentos de los hermanos Ruin, los únicos que les enseñan a los adultos que la realidad no es como se la estaban pintando.
ADVERTENCIA: Sí no lo entendió, lo invitamos a nuestros modernos cursos en YouTube “Se lo explicamos con plastilina” dictados por colombianos expertos que están en primera fila.
(El que entendió, entendió)