Mientras busco cómo ingresar a San Fernando de Apure, Venezuela y poder sacar de allí a la colombiana Elvia Méndez de 99 años para abrazarla con Ricardo, su hijo robado hace 75 años; poco a poco me he ido enterando de todo lo que sucede allí en ese recóndito pueblo, donde ni militares, ni pilotos, ni conductores, ni motociclistas, ni mandaderos, ni sacerdotes, ni monjas, ni absolutamente nadie se atreve a contar por temor a ser perseguidos y desaparecidos por los verdaderos “gobernantes” de aquel lejano pueblo venezolano.
Sin causarme extrañeza, pero sí mucha tristeza; me hice el sorprendido cuando un inocente anciano que contacté en San Fernando de Apure me hizo un muy completo informe sobre la situación que vive hoy San Fernando de Apure, Venezuela; donde según me lo narró el viejo guía en la zona, se vive la ley del silencio bajo el peligro de ser asesinado por realizar cualquier actividad sí no se avisa al comando central que gobierna el lugar.
- Y a que no adivina quién es el comandante? Me preguntó sarcásticamente el envejecido y curtido campesino…
- ¿…algún familiar de Nicolás Maduro…? Le respondí.
- Ojalá, nos iría mejor. Susurró el anciano.
- Entonces ¿quién? Le pregunté sonriente.
- Ivan Márquez su paisano, aquí vive con su batallón como “Pedro por su casa”.
- Ivan Márquez, el de las FARC?
- Sí. El volvió a montar aquí una sucursal de esa guerrilla y por estas tierras entrena su grupo. Ellos patrullan, hacen retenes y son los que controlan quién sale y quién entra al pueblo.
- ¿Y qué posibilidad hay de llegar allí en un helicóptero?
- Eso ni lo piense. Esos locos han tumbado varios aparatos. No hace mucho bajaron uno a plomo y nunca se supo qué pasó con los ocupantes. Esos controlan el aeropuerto y lo tienen como base de sus fechorías…
Coincidencialmente, el mismo silencio que hay entorno a lo que pasa en San Fernando de Apure, Venezuela, sucede cuando Usted pregunta sobre la vacuna contra el coronavirus en Colombia. Nadie, absolutamente nadie sabe nada. Todo lo que hay es que en febrero, sin una fecha confirmada llegarán las primeras dosis. No se sabe ¿cuántas son? ¿cuánto costaron? ¿A quién se las compraron? y ¿quienes serán los beneficiados? Es tan sospechoso tanto hermetismo sobre el tema de la vacuna en Colombia, que comienzan a tomar fuerza infinidad de hipótesis sobre la misteriosa compra.
Viendo todas las víctimas, incluidas las que dejó el huracán Iota que completan ya 2 meses arruinados y buscan ser escuchados por los gobernantes para que no se olviden que sus viviendas y patrimonios fueron arrasados en las islas de Providencia y Santa Catalina, empieza uno a darse cuenta que debería existir una vacuna contra la peor pandemia del momento y sin antídoto alguno: La Corrupción.
No quiero creer en nada de lo que se oye decir, pero definitivamente cuando el rio suena, parece que más de un corrupto está nadando en ese mismo río de oportunidades que le ofrece la pandemia del coronavirus, donde muy seguramente los mismos de siempre manejarán el negocio, con la bendición o los ojos ciegos de sus colegas del Congreso en pleno, donde con toda seguridad la gran mayoría tiene las respuestas acerca del negocio para comprar la vacuna, del cual, lo más importante para algunos de los más honorables congresistas será saber: ¿Cuántas ganancias dejará?, pues hay que pensar en la próxima elección donde los gastos son altos. Al fin y al cabo, en tiempos de pandemia ya no se dice rebusque, se dice: Reinventarse y eso se aplica también para los corruptos que han sido educados para no dejar pasar ningún “papayaso”
¿Cuántos corruptos se aprovecharán de esta pandemia para entrar en el negocio de la vacuna? Tal vez los mimos que le entraron al negocio de la paz. Lo que quiere decir que es muy probable que la vacuna solo deje ganancias a los mismos de siempre y la cura para el Coronavisus nunca llegue a Colombia. Al menos eso sucedió con la paz, algo que nos vendió el Nobel Juán Manuel Santos y la paz jamás llegó. Antes por el contrario, los implicados en el negocio se dividieron y al mismo tiempo se multiplicaron; unos lograron entrar al congreso donde hoy “negocian” con la izquierda y la derecha y los otros se fueron a Venezuela con las ganancias de los proyectos apoyados por el gobierno para ayudar a la reincertación de guerrilleros, los cuales se diversificaron y hoy en tiempos de pandemia se han reinventado y ponen sus conocimientos de violencia al servicio del grupo que sea, creando gran variedad y poderío.
Impregnados por los jugosos beneficios que da el negocio de la paz logrados magistralmente por las FARC, los envejecidos muchachos del ELN esperan pacientemente cristalizar el mismo negocio un día no muy lejano, para lograr otra gran tajada de ese manjar que después de probarlo, muy seguramente los integrará al selecto grupo que aprueba leyes, ejecuta negocios y realiza licitaciones que son los procesos ideales y honrados para conseguir los frutos a través de la política internacional, la misma en la que son especialistas los cubanos para invadir soterradamente otros países y hacerse al control militar, con manipulación ideológica y recaudación de ganancias para enriquecer las arcas de los comandantes líderes de la liberación y la justicia del pueblo cubano que hoy muere en la más absoluta miseria.
Colombia llora ya 50 mil víctimas por el coronavirus, los cuales únicamente le duelen a sus familiares que soportaron insuficiencias hospitalarias, pues la verdad sea dicha, “no hay cómo atender tanto enfermo y los médicos hacen lo humanamente posible”. Esas 50 mil víctimas, más todas las que se sumen en estos dos meses que hacen falta para que llegue la vacuna, serán explicados por el gobierno, como fueron explicados los miles y miles de muertos y damnificados para lograr la paz negociada, que aún no llega.
Sería apenas justo y necesario que el propio gobierno, encargado de salvaguardar la honra, vida y bienes de sus conciudadanos, ya que no puede brindarles los cuidados de salud pertinentes ante la pandemia, por lo menos se tomara la molestia de brindarles una sepultura decorosa y corriera con los gastos fúnebres ante la crisis económica que azota a los afectados, que de paso deberían ser indemnizados, igual que se debería hacer con los miles de afectados por desaparición y muerte a manos de los grupos guerrilleros que dentro de su sonado proceso de paz, quedaron debiendo la disculpa, se olvidaron de pedir perdón y de dar la remuneración a los afectados por sus errores de guerra.
Con la misma incertidumbre que viven los humildes moradores de San Fernando de Apure, Venezuela, encerrados por las órdenes de los guerrilleros colombianos que controlan la zona venezolana, viven también millones de Colombianos en cada ciudad sitiada por el coronavirus, donde los que controlan el negocio de la vacuna salvadora, mantienen por ahora encerrada a la gente, sin ninguna noticia sobre el futuro de una pandemia que cada día desmorona familias y eleva el número de víctimas que caen silenciosas, ahogadas sin que el Estado dé muestras de solidaridad, ayuda y trabajo directo para favorecer a tanto damnificado que deja esta pavorosa tragedia.
Irónicamente, esta vez tendré que escribirle a Iván Márquez para pedirle que por su intermedio, nos conceda en su calidad de comandante de San Fernando de Apure en Venezuela, con su generosidad y bondad, la oportunidad de ingresar a su municipalidad para lograr ubicar y sacar a la Señora Elvia Méndez, colombiana de 99 años a quien encontramos por solicitud de su hijo Ricardo, robado de los brazos de la madre hace 75 años. ¡Ah! Pero me olvidaba, no creo que el comandante Iván Márquez nos conceda ese permiso, ya que se negó hace dos años a abrazar a su hermana Daisy, la misma que me rogó un lustro atrás que le buscara a su hermano Luciano Marín, quien resultó ser el importante guerrillero Iván Márquez, a quien notifiqué que su hermana enferma de cáncer rogaba poder abrazarlo y aún sigo esperando respuesta del alzado en armas.
¿A qué senador le digo que me ayude? ¿Ustedes creen que me responda alguno? Permítanme ser pesimista; pues estoy seguro que un pesimista, es un optimista bien informado. Y definitivamente creo que en tiempos de pandemia, cuando se agiliza una oportunidad tan grande de negociar con la salud de tanto enfermo, nuestros congresistas deben estar concentrados en sus honorables burós caseros, donde hacen infinidad de contactos para poder entrar en el negocio más rentable que les presenta en este momento la vida y no precisamente para ayudar a salvar vidas, no. Es el momento ideal para conseguir fondos para la próxima elección por lo que de izquierda a derecha y de centro a exguerrilleros, todos, o casi todos, para que no se enojen los que se sienten agredidos, analizan cómo entrar en el negocio de la vacuna.
Aunque suene exagerado y tal vez para muchos fuera de contexto, así funcionan y siempre han funcionado las tragedias en nuestro sacrificado país. Así las enfrentaron nuestros bisabuelos, abuelos, padres y así lo hemos hecho nosotros. Votamos por personajes que supuestamente elegimos para que nos ayuden y una vez son nombrados en sus curules, se olvidan de aquellos que los eligieron, ante los cuales juran trabajar y al primer descuido nuestro, no sólo se duermen, sino que se vuelven ciegos, sordos y totalmente indiferentes ante cualquiera de nuestros problemas.
En síntesis: ya nos vacunó por 60 años las FARC y todavía les estamos debiendo; nos sigue aplicando la misma dosis el ELN; también nos vacunan los venezolanos con su crisis y en silencio los infiltrados cubanos “vacunan” al pueblo sin dolor; todavía nos duele el moretón que nos dejó la vacuna de la paz que nos aplicaron Juan Manuel y Timochenco y ni hablar de la vacuna que nos aplicó el honorable senador Uribe, cuya segunda dosis con la ampolleta Duque de refuerzo, nos arderá por casi dos años más; y ni hablar de la vacunada del honorable congreso, con efectos similares a los de la delincuencia organizada y el narcotráfico. Como ya estamos acostumbrados a tanta vacuna y mientras llega la que realmente nos importa, por favor consuman mucha cebolla cabezona roja y tomen mucho té de jengibre para hacer frente al coronavirus de manera barata y casera y si logran a sobrevivir, sigan el ejemplo de nuestros gobernantes y honorables padres de la patria que todos los males, los curan con “pañitos de agua tibia”.