El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que había sido superado por 2.227.651 votos (1.87%) en primera vuelta por el candidato trumpista de la extrema derecha brasilera, aliado de narcotraficantes y corruptos, Flavio Bolsonaro, en una remontada épica de más de 8 millones de votos, conquistados en escasos veinte días de campaña en la segunda vuelta, conquistó 64.256.232 votos (51.79%), superó por 4.430.191 votos al candidato ultra derechista, quien obtuvo 59.826.041 votos (48. 21%) y logró su reelección para ejercer su cuarto periodo presidencial.
Con su triunfo, Lula batió varios récords históricos; es el único líder que ha sido siete veces candidato, el único que ha sido elegido cuatro veces presidente; es también el candidato que ha logrado la más alta votación de la historia, superando su propio récord de 2022 (60.345.999 votos) y es el primero, desde que Brasil retornó a la democracia electoral, en superar al ganador de la primera vuelta.
Este triunfo electoral es histórico, porque es el primer fracaso de la ofensiva de la extrema derecha, supremacista y neofascista del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y su movimiento MAGA, sobre América Latina y el Caribe, que había logrado imponer, vía fraude electoral y amenaza de guerra arancelaria, 19 presidentes de extrema derecha en países latinoamericanos; entre ellos, Bolivia, Chile, Argentina, Perú, Ecuador, Guatemala, Honduras y Colombia. Todos mediante operaciones de sicariato digital, operado desde granjas de millones de bots (robots), que alteraban encuestas y hacían campañas masivas de calumnias y aniquilamiento moral contra candidaturas demócratas y progresistas, además, utilizaron softwares diseñados por el gobierno sionista y genocida de Israel, para alterar digitalmente los escrutinios electorales.
Esta vez, en Brasil, que era el objetivo considerado como la joya de la corona, Trump, fracasó tanto en su estrategia de fraude digital, como en su descarada injerencia de llamar al pueblo de Brasil a votar por Bolsonaro. El triunfo de Lula se constituye en el punto de quiebre de la ofensiva neoliberal trumpista, su doctrina DONROE y su “Escudo de las Américas”. Los gobiernos de Brasil y de México, las dos mayores economías, que concentran la mayor población de Latinoamérica, seguirán siendo puntales de lucha por reformas democráticas, la defensa de la soberanía, el respeto de los derechos humanos, el multilateralismo, la defensa de los recursos naturales, las tierras raras y los minerales críticos, etc.
Bien hizo Lula en reconocer y dar las gracias a las juventudes por haber logrado la victoria; porque, sin duda alguna, fue gracias a la respuesta espontanea de la juventud brasileira, que decidió volcarse a las calles a respaldar a Lula; pero, más allá de votar por lula, las juventudes votaron por la democracia, los derechos políticos, sociales y culturales, contra el capitalismo, el imperialismo, el neofascismo y, por supuesto, contra la amenaza dictatorial del corrupto y mafioso clan Bolsonaro y sus aliados del gran capital financiero nacional e internacional.
Para los revolucionarios, las izquierdas y los demócratas del mundo, en Brasil ganó la democracia y el progresismo, ganó la selva amazónica y ganaron los ríos que vuelan desde el amazonas y atraviesan selvas y cordilleras, llevando agua a todos los territorios de nuestra Avía – Yala; ganó la rebeldía juvenil que levantisca ha decidido defender en las calles del mundo entero su futuro, y se rebela en Brasil, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Chile, Colombia, Francia, Italia, España, Bélgica, Albania, Kenia, Serbia, Estados Unidos y otros países, contra el autoritarismo y por sus elementales derechas a la educación gratuita y de calidad. Ganó la lucha por la democracia radical, antineoliberal, anticapitalista, antimperialista. y antifascista, pese a la tibia política de lula durante el mandato que termina.
El triunfo es también debido a que el PT y las juventudes, decidieron dar la batalla por la disputa del espacio digital, que estaba copado por las granjas de bots del estratega digital de Trump, Brad Parscale, con sus sicarios MAGA en Latinoamérica Cerimedo, Negre; etc., los softwares del sionista y genocida Netanyahu y las acciones de saboteo de la maquinaria digital de los algoritmos de la IA de Mark Elliot Zuckerberg, desde su plataforma META, con sus redes de Facebook, WhatsApp, Instagram y Threads que según comprobaron, habían desarrollado operaciones de campañas sucias, bloqueado y silenciado la campaña del PT en dichas redes. El joven diputado del PT, André Jonanes, creó un canal de WhatsApp, “Ejército de Lula” al que, en tan solo cuatro días, se vincularon más de 10 millones de jóvenes activistas, que inyectaron aire fresco a la campaña en las redes sociales y mostraron un lula rejuvenecido, alegre y accesible a la marea juvenil, conectado con youtubers y demás, que movilizados masivamente disputaron el campo digital a las granjas de bots, las plataformas de META de Zuckerberg, X de Elon Musk y las derrotaron.
Pero no abandonaron los territorios, ejercieron la política en las calles, millones de trabajadores, movimientos feministas, LGBTIQ+, trabajadores y trabajadores, campesinos y, sobre todo las rebeldías juveniles, inundaron las calles y avenidas de las grandes ciudades de Brasil, jugaron un papel determinante y convirtieron lo que vendían los medios de la extrema derecha como una derrota inevitable, en una mágica victoria política electoral.
Los derrotados, además de Bolsonaro, fueron, la extrema derecha brasilera y latinoamericana, Donald Trump, Netanyahu, Milei y el ilegitimo que hicieron campaña descaradamente injerencista llamando a votar por Bolsonaro, y, los demás gobiernos cipayos del escudo de las américas, Zuckerberg, Elon Musk y demás tecno – fascistas, los medios de comunicación corporativos, nacionales y extranjeros, las cúpulas militares y policiales, los partidos de la derecha y la extrema derecha, latinoamericana y mundial, etc.
La celebración fue apoteósica, Lula, ante la jubilosa multitud, declaró que había aprendido muchas lecciones, que las redes y las plataformas digitales de los magnates norteamericanos actuaron con descaro en su contra; dijo que, en consecuencia, va a regular tales plataformas, que la comunicación digital ganará un espacio amplio y que tendrá comunicación directa con el pueblo, porque no permitirá ser interpretado por el periodismo de mala fe y que sin duda fortalecerá su base material; dijo que “cambiaremos la forma de gobernar este país, vamos a hacer que la gente participe más en nuestras decisiones”; afirmó, que en el marco de un estado laico, dará un tratamiento igualitario a todas las manifestaciones religiosas y creencia.
No obstante, el gobierno de Lula no contará con las mayorías en la Cámara de Diputados de Brasil, ni en el Senado Federal; el bolsonarismo y sus aliados contarán con bancadas mayoritarias y, al igual de lo ocurrido en Colombia con Gustavo Petro, someterán al boicot los proyectos de cambios democráticos anunciados por Lula para su cuarto periodo presidencial. El camino para avanzar en procesos reales de transformación democrática es el fortalecimiento de la organización y la movilización de la clase trabajadora, los sectores populares, los oprimidos y las juventudes, para radicalizar su lucha, politizar y empoderar al pueblo brasilero, en defensa de su futuro, y avanzar en la transformación democrática del hermano país.
Con el triunfo electoral de Lula y la juventud en Brasil, corren vientos de esperanza por América Latina y el mundo.
Nota bene: El Flamante excandidato protegido por Donald Trump, al día siguiente de su derrota, huyó del país, para evadir el proceso penal que le sigue la justicia de Brasil, por presuntos delitos corrupción, lavado de activos, y evasión fiscal; en su fuga contó con la complicidad de Milei de Argentina y Novoa de Ecuador, para llegar a EE.UU., donde Donald Trump lo recibió, igual que a su hermano, con los brazos abiertos. Flavio, no puede alegar que es un perseguido político sino un delincuente protegido por el delincuente mayor de las Américas.
* Miembro de la Red Socialista de Colombia y Fiscal de ANEP.
