No es tiempo de perfumar verdades podridas. Yo no soy sobandero.
Me mando un trago de aire y empiezo:
Oigan todos esta lamentable entrevista de Cepeda en la W. El link a ella, lo encontrarán al final del texto.
Les propongo: me terminan de leer esta lora y luego escuchan la entrevista aquella que más parece un matadero, con un solo borrego agonizante.
¿Se dan cuenta como, frente a semejante verborrea senil, a Iván Cepeda Castro los periodistas, al verlo salido de los chiros, tratan como a un alocadito viejito regañón?
Julio y su jauría de Caracol, fueron solo algunos de los periodistas que lo desmembraron a detelladas de irrespeto, burla saracastica y diplomática ironía.
Cepeda no tiene como justificar lo evidente: No hay ninguna razón sobreviniente de fondo, para haber desconocido las elecciones después de aceptadas.
Él debió haber dicho la verdad. Asumir con verraquera que obró de forma apresurada (por no decir interesada en la curulita que ya salvó) al reconocer la derrota, que se va tomar unas muy merecidas vacaciones y mientras tanto una mujer guerrera como Carolina Corcho se queda frenteando la batalla sin ese rabo de paja encendido, que le arde a Iván y que nos está quemando a todos.
Iván Cepeda en la entrevista, ya de cascarrabias, se enreda en peleas estériles como la de que “lo suyo no es una opinión y sino una posición”, y lo peor, es que lo trapearon. Porque claro que lo que él llama su posición, fue necesariamente parida por una opinión, porque necesariamente para expresar una opinión se debe estar fijando una posición frente a algún tema determinado. Es decir, sin tanta arandela, es una guevonada casar pelea por algo tan pendejo.
Yo sin ser tan erudito, solo pude hacerme una pregunta: ¿Y este pendejo … es el que se ufana de ser un gran filosofo?
Es que …se ve tan güeva.
Vean, yo sé que estoy siendo un poco cruel para muchos, pero es que yo no estoy para echarles jabón en los ojos, la base tiene derecho a escuchar este debate como es. Y yo escribo para que todos me entiendan. Que me entiendan claramente las razones. Eso es lo importante. Incluso, repito, asi muchos progresistas me quieran lapidar cuando lo digo.
Iván defraudó al partido con su pereza morbida y completa falta de destreza comunicacional. Perdió por lo menos un par de millones de potenciales electores que confundidos por los colores rechinantes de la otra campaña y por las ráfagas de mentiras creadas por la Inteligencia Artificial, le votaron a la muerte sin saber que era lo que hacían.
La culpa no es de ellos. Iván nunca les dijo quién era su oponente, que en cambio hay que reconocerlo, hizo una campaña baja, rastrera, loba, re loba, boleta re boleta, de mal gusto, pero que con el silencio sepulcral con el que decidieron cubrir la campaña de Iván Cepeda, la de De La Espriella en esa callada noche monástica, sonó más duro que banda de carnaval.
Iván Cepeda durante los 2 meses anteriores a la primera vuelta, me contestó un par de veces con evasivas socarronas y yo no paré de arrastrarme para que tratara de entender el caldo excremental en el que estaba cocinando a todo el proyecto progresista.
Es lógico, si Iván se queda callado, pues las personas no tienen más para escoger. Le votan a la única mentira que pueden escuchar.
Lo peor de Iván es que no quiere cambiar. Es que uno tiene que ser muy pato como para seguir sosteniendo con orgullo qué odia el marqueting, después de ver como De La Espriella lo escupió proclamándose Nerón.
¿Odiar el Marqueting? ¿Cepeda, qué se cree?: Un mesías terrenal que transmite a lo telepático.
Alguien que le explique a este maestro iluminado que el “Marqueting” hoy en día hace parte de la vida. Todos, o por lo menos la inmensa mayoría, somos, en cierta medida, de naturaleza marquetera.
Unos más, otros menos, incluso la epi-genética, ciencia que estudia los hechos socio culturales que pueden incidir en la cadena genética, corrobora que el marqueting también es otro escultor de nuestro ADN.
Él mismo, Iván Cepeda, como ser y entidad política, no es más que un producto fracasado del marqueting. Fuimos nosotros quienes de idiotas, lo sacamos del congelador y por fuera lo dejamos envejecer, hasta que se apichó.
Debemos tener claro que el marqueting que si supo hacer el Aboganster y la falta del mismo, de nuestra parte, fue uno de los hechos que generaron la derrota, que hoy tanto nos pesa.
Iván Cepeda es el yunque que seguiremos arrastrando, hasta que del progresismo quede solo el olor del sueño romántico que se evaporó.
Cepeda es el mercadeo nocivo. Es el producto que devalúa la marca. Iván Cepeda es el desodorante con olor a sobaco. ¿Grotesco no? Lo siento. Se que no les entra. Que están muchos ahora como tratando de tragarse un zapato, pero es así. Nada más cierto. Empiecen a morder y poco a poco van pasando.
Y si yo no lo digo:
¿Entonces quién?
No me voy a callar ni voy a dejar de destilar este veneno, porque sé que les sirve de purgante. No paro, así me agarren a pata muchos seguidores y progresistas muy admirados: Porque esto hay que hacerlo ya y de forma inmediata. Desde aquí le pido al Progresismo que convenzan a Cepeda de que se tiene que hacer a un lado.
Por mi parte queda advertido a gritos, incluso si no va servir de nada.
¿Cómo va a haber aceptado los resultados y ahora, semanas después, justificando con babas de borracho la figura, ahí sí, sacar de la manga una desobediencia civil? Y eso que yo le copio mucho a la idea. Me gusta el concepto y me toca espíritu.
Me declaro en radical, férrea e inamovible desobediencia civil... ¿Y?
La desobediencia civil no sirve de nada sin un líder carismático que le dé vida al movimiento que la promueve.
Cepeda debe entender que le falta mucho para Gandhi, y que si tiene la cabeza tan rayada como para sentirse deidad reencarnada, pues que se meta en la oscura y aislada caverna en la quiere estar y le dedique la vida entera a la contemplación filosófica. De pronto, ya en esas no va necesitar del marqueting que tanto aborrece.
Necesitamos a alguien que sirva y aproveche estas dos semanas de gobierno en democracia que nos quedan, antes de pasar a la más oscura de las tiranías.
Este cartucho de la desobediencia civil pudo haber sido la mejor de las ideas, pero el error insalvable fue el de haber puesto a este doctor Chapatin a estallarlo.
Este tipo no enciende un fósforo. Brilla más un carbón apagado.
¿No se dan cuenta del oso astronómico que estamos haciendo?
¿No ven cómo se están se burlando todos de este hueso de dinosaurio que dice ser el divino niño del cielo que le tira línea al progresismo.?
¿Por qué no le dieron a Carolina Corcho la labor de presentar la figura de la desobediencia civil en nombre del Pacto histórico?
Con ella liderando dicha postura filosófica y política, todo sería diferente. En cambio, en la boca de Iván, la desobediencia civil, sonó al pataleo del candidato aquel que se durmió y no hizo campaña, y además, fue tan pusilánime que se dejó robar.
Porque nos robaron, sí. Obvio, ¡nos robaron como siempre! Pero es que Iván aceptó el robo y tiró la tualla antes de subirse al ring, porque ni si quiera se habían instaurado las acciones en pro del escrutinio en el exterior.
Por otra parte el robo, es una variable que Ivancito debió ponderar, variable diminuta que se les pasó a todos esos micos sagrados que lo asesoraron y que no fueron capaces de organizar la vigilancia: Nadie estaba cuidando las miles de mesas en las que nos robaron.
Unos dicen que 300 mil. Otros llegan a asegurar que pudieron ser 600 mil y otros creen que fueron muchos más los votos del tumbe. Eso no se sabrá jamás.
Pero eso sí, lo que es innegable es que si DeLa Espriella hubiera obtenido un millón de votos reales menos, o Cepeda hubiera llegado a superarlo por esa cifra, no habría sotweare chiviado que hubiera resistido esa avalancha de cartones a favor y hubiéramos ganado muy sobrados.
¿Un millón? Era muy fácil ganarle a ese tipo. Lo tuvimos todo en nuestras manos. Hubiera sido posible haber ganado en primera vuelta. Con lo que no contabamos es que la ráfaga que nos destruyó la esperanza, fue la falta de liderazgo y la manifiesta tozudez y estupidez, de nuestro propio candidato: Iván Cepeda.
De La Espriella sabe que lo que tiene es humo. Por eso le está lambiendo los soles a tanto general. Sabe que lo que va a hacer, va a generar hambre y rabia. Y él, lo que quiere, es que empiece la plomacera. No se olviden de sus evidentes rasgos sociopaticos, gestores de esa personalidad deslinderada que tanto lo caracteriza.
Abelardo De La Espriella podrá ser el dueño del congreso y de las Cortes a las que ya está palabreando, pero le falta lo más grande: El alma del Pueblo Colombiano que es precisamente a la que se le agota el brillo cada vez que Iván sale a los medios a seguirla cagando más y más y más…..
Ahora, si se concentran en la estrevista que al final de mis letras, les propongo escuchar, lo habrán de oír en su nueva faceta: Muy débilmente empoderado, lidiando con los micrófonos, el nuevo Iván bien bravito y refaccionando, llega a los medios.
Vean como este desnutrido gallero pretende taparle la jeta a esos cocodrilos, mientras se esfuerza por justificar el enredo chistoso que él mismo armó y que es el que lo ahoga frente a los periodistas.
Iván fue y será reconocido por ser el que agachó la cabeza. El facilista que se ufana de ser un guevón. Esa precisa, arrugada y peludita, es la palabra que muchos me mencionan cuando se refieren a él y eso es lo que queda en el inconsciente de los simples terrícolas que lo ven y lo oyen. Si él agarra el micrófono, el Progresismo Colombiano está en el lodazal.
El facismo confederado está feliz viendo como lo decapitan en cada entrevista. Son dichosos cada vez que sale a echar sus discursos, con esos hijueputas papelitos que nos duermen a todos.
Existen suficientes razones sociológicas, históricas, culturales, económicas, para que Iván Cepeda le entregue las banderas del Partido a otro candidato, que ojalá reúna las cualidades necesarias para atraer… y que adolezca de aquellas que hacen que Iván, espante.
Si Iván Cepeda continúa cacareando como alma peregrina, vamos a perder estos días previos a la posesión del fétido y pulgoso, maloliente y pútrido lavaperros del narcotrafico y piñón del narcotrafico, Abelardo De La Espriella.
Ojalá con esto que acabo de decir, no se me ofendan Iván y sus pendejos. Lo que me mandaron a decir de la campaña cuando desesperado estaba viendo todo yéndose a la mierda, es que no Ivan no iba ni a usar lenguaje ni situaciones confrontacionales con el candidato opositor y por eso es que en campaña Cepedita no le recordó a Colombia lo mafioso, traqueto y lo gringo que era el criminal aquel que se nos metió a Palacio. Nada de eso sucedió. Iván se portó como un bonito niño decente. El mejor de la clase. El que recibe el besito de la profe y al que le ponen la medallita en el pecho.
El maestro Guillén, con su pluma mortal, le dijo a Iván en un post a quemarropa, que él no era la virgencita de Chiquinquira. …y ese precisamente es el problema, porque eso es lo que se cree Iván Cepeda.
Iván no es ningún ladrón. Es un hombre muy decente en sus actuaciones como servidor público. Cero corrupción y mucha transparencia: Cierto. Pero de santo no tiene ni el bordado de la capa porque es mentiroso, oportunista, terco, y egolatra, tan egolatra que se siente canonizado y convertido en la matrona de la capital boyacense. Eso también fue lo que nos jodió, que Iván Cepeda llegara a la campaña a picárselas de virgencita.
Una esplendorosa deidad que no hizo publicidad cuando debía porque eso era pecado. Que no fue capaz de dispararle a De La Espriella, las verdades que ya estaban cargadas en la recámara porque todo lo confrontacional, habría de tostarlo en el infierno.
Iván Cepeda es esa santa inmaculada que se dejó decir narco, guerrillero, mafioso, sin responder nada. Poniendo una y otra vez la misma mejilla, sin defenderse en los medios a los que le dio miedo y pereza salirles en campaña. Y en cambio hoy también obra a destiempo: Si ven en el link de aquí abajito, la entrevista que me motivó a escribir este artículo, estarán de acuerdo conmigo que ahora sí, por el bien del proyecto progresista, Iván Cepeda se debe dedicar a hacer exactamente lo mismo que hizo en campaña: Nada.
Link a entrevista con la W -Caracol. A dos semanas del 7 de agosto:
