De mata-gatos a cuasi presidente

23 Junio, 2026

Por GERMÁN NAVAS TALERO

Editor: Francisco Cristancho R.

Uno no sabe si reír o llorar después de ver cómo se comporta el pueblo colombiano.

 

 Las peras nunca dan olmos, eso dice el conocido adagio, y por eso no hay que pedirle algo a lo que no lo ofrece. Nosotros, que conocemos bien este país, ya teníamos sospechas de que algo podía suceder así, porque era enfrentar a un hombre honrado contra uno semi honrado y, lógicamente, pues gana el semi honrado, porque al colombiano pareciera que las cosas claras no le gustan.

¿Recuerdan ustedes cuando se hizo el referendo por la paz, que la gente votó por la guerra? Ese es el país que nos tocó soportar, en suerte o en mala suerte. Y nos toca quedarnos acá, porque ¿a qué nos vamos a ir? ¿Será que nos vamos a hacer el oso como los colombianos que, para cambiar de situación, se van para Estados Unidos a que los cojan a patadas?

Porque hay una cosa que es cierta: este país está mal, pero Estados Unidos está peor. Entonces uno no entiende a qué se va un colombiano a los Estados Unidos para que lo pateen, lo insulten, lo maltraten y lo deporten, como pasa con los colombianos frecuentemente. Porque los Estados Unidos no son el paraíso de la democracia. No se coman ese cuento.

La paz de los Estados Unidos es la que nos muestran en las películas, porque la violencia en ese país es similar a la nuestra. Una barriada en Los Ángeles es igual a las de acá. El hambre que se soporta en las calles colombianas también la soportan los pobres en los Estados Unidos. La diferencia es que nosotros reconocemos nuestras falencias, los gringos se las quieren dar de puros y de eso no tienen nada.

Es tal el abuso de los gringos que ya vienen a decirnos aquí cómo tenemos que manejarnos nosotros. Nos critican nuestras elecciones y, descaradamente, el sindicado, condenado, el sinvergüenza de Donald Trump dice cómo tenemos que votar. Un país que elige a un presidente que tiene 34 condenas por ilícitos, es un país que no puede dar ejemplo de nada.

Por eso les pregunto a los colombianos que se van a que los pateen allá… ¿a qué van? ¿a que los maltraten?, por lo menos si aquí les dan una patada se las está dando un compatriota, pero que vayan allá a que un mal sujeto, grosero y patán, como son la mayoría de los policías de allá… ¿lo coja a pata por el solo hecho de ser colombiano?, es algo que no se entiende.

Ahora, eso le puede ocurrir en el remoto caso de que lo dejen entrar; porque, lo más seguro, es que le pase lo que le ha pasado a una cantidad de idiotas que iban a ver fútbol en Nueva York, y que ni siquiera los dejaron entrar. Perdieron la plata de la boleta, la de las reservas ¡y todo! Porque creyeron que allá podían ver fútbol en paz, y ni siquiera los dejaron entrar, incluso, habiendo acreditado las boletas.

Y los sacan a las patadas, porque la de democracia se la inventaron los griegos, pero nunca los gringos aprendieron a practicarla. Es de los países que se ha caracterizado por ser antidemócrata. Allá el que tiene dinero es el que manda, el pobre… ¡que aguante!

Si usted es inmigrante deberá soportar que en cualquier momento lo echen de allá. Los únicos inmigrantes que tienen derecho a hacer lo que se le da la gana son los Trump, porque esa familia también llegó de manera ilegal a los Estados Unidos. Ellos no cumplían los requisitos y allá están; de hecho, la señora Melania Trump tampoco es estadounidense, pero a ella no la han sacado de allá porque entre sinvergüenzas se cuidan siempre el botín.

Señores colombianos: ¿qué tienen que ir a hacer a los Estados Unidos? Repito: Acá estamos mal, pero si ustedes se van para allá, van a estar peor. Entiendan que ustedes son -y serán siempre- de segunda clase. Hay lugares en el mundo mucho más divertidos que los Estados Unidos, pero como les gusta el ‘paraíso’ norteamericano y, sin vergüenza alguna, hacen colas de tres y cuatro días para conseguir una visa, y cuando estén allá con cualquier pretexto los sacarán a patadas, como en los cuentos cómicos… ¡Plop!, como en Condorito.

Y ojalá los sacaran y los devolvieran para acá. No. Los devuelven a donde les dé la gana a los gringos, porque ellos no respetan ninguna ley. La ley la imponen ellos: el imperialismo. Los demás, que aguanten.

Si usted está mal aquí, aguante hambre en colombiano, pero ir a aguantar hambre en un idioma que no entiende, es mucho peor.

Adenda-. Con todo lo que se ha destapado durante las votaciones y en el proceso de preconteo de la más reciente jornada electoral, cualquier registrador honesto ya hubiese entregado su cargo. Claro, lejos de eso está el muy cuestionable Hernán Penagos, a quien pareciera tenerlo sin cuidado tamaña irregularidad.

Adenda II-. Prometo que bloquearé a quien me envíe alabanzas o elogios para De La Espriella. La razón: si comparten a ese individuo quiere decir que ustedes también admiran a quien nos quiere destripar.

Coletilla por Deisdre Constanza.  El pasado domingo quedó claro que Colombia es un país partido por la mitad. Un resultado tan ajustado demuestra que nadie puede hablar en nombre de todos ni vender la idea de una verdad absoluta. Durante meses nos dijeron que había que escoger entre el miedo y la esperanza, entre el escándalo y la propuesta. Muchos votamos convencidos, otros simplemente por odio a Petro votaron en contra de Cepeda así de sencillo, además de titulares alarmistas y opinadores que confunden ruido con información. La democracia habló y ahora corresponde respetarla. Pero también hay que recordar que ganar una elección no convierte a nadie en dueño del país ni perderla en enemigo.  Sigo del lado de la vida, de la paz, de la naturaleza y de las propuestas que buscan un país más justo. Porque mientras algunos viven de sembrar miedo, otros seguimos creyendo que Colombia merece algo mejor que el odio como programa de gobierno. Menos histeria colectiva y cuando se trate de votar siempre será mejor elegir la vida y la esperanza.

Hasta la próxima semana.