De la Espriella lanzó su campaña con Uribe de vice, violando la Constitución. Uribe lo desmintió por Twitter: si así es el desayuno, ¿quién quiere almuerzo?
Abelardo de la Espriella arrancó su carrera presidencial como suele hacer todo lo que toca: con despliegue mediático, buscando titulares y apostando por un golpe de efecto que garantizara ruido. Anunció que su fórmula vicepresidencial sería Álvaro Uribe Vélez, casi como si el expresidente hubiese aceptado posar para la foto de campaña y calzarse, una vez más, el traje de salvador de la derecha. Pero veinticuatro horas después, Uribe, desde su propia cuenta en X (Twitter), le respondió sin rodeos: no tiene intención de ser candidato a vicepresidente, no fue consultado y no lo será. Así, con un trino, el expresidente bajó a De la Espriella del bus que había anunciado como su “fórmula ganadora”, dejando al abogado como protagonista de su propio sainete.
No es un error menor. De la Espriella lleva años cultivando una relación de devoción pública con Uribe, hecha de obsequios, gestos y reverencias. Le ha regalado sombreros, gafas, café, canciones, homenajes e incluso interpretaciones jurídicas que más parecen actos de lealtad que de análisis legal. Lo ha defendido con discursos encendidos y columnas aduladoras, convirtiéndolo en el centro de su narrativa política y profesional. Y ahora, cuando intenta convertir esa cercanía en capital electoral, Uribe le da la espalda en público, con un mensaje de apenas unas líneas que le recuerda que en política no basta con lamer botas, llenar vitrinas de souvenirs y cantar serenatas.
El golpe no solo es político: es jurídico. Porque, por si el abogado no lo recordaba, la Constitución prohíbe que un expresidente sea vicepresidente, dado que, tras la reforma de 2015, cualquier cargo que lo ubique en la línea de sucesión presidencial viola el principio de alternancia. No es un tecnicismo flexible ni un resquicio para abogados creativos; es una barrera para evitar reelecciones disfrazadas. La jugada, además de improvisada, habría naufragado en el Consejo Nacional Electoral antes de nacer, dejando a De la Espriella con una fórmula imposible y una campaña tambaleante.
Queda flotando una pregunta que incomoda: si De la Espriella, que presume de conocer como nadie las leyes, arranca con una propuesta que viola la Constitución y es rechazado públicamente por el hombre a quien lleva años adulando, ¿qué le espera al país si ese estilo improvisado y servil llegara a la Casa de Nariño? Si así se sirve el desayuno, más vale no quedarse a probar el almuerzo.
Y lo más irónico es que, según muchos, el intento de meter a Uribe en su fórmula no solo buscaba titulares, sino ofrecerle al expresidente un salvavidas político para esquivar la sentencia que se avecina por el proceso de falsos testigos. Pero ni con sombreros, ni con café, ni con canciones logró seducirlo. Uribe, curtido y frío, le respondió con la contundencia de quien sabe dónde poner distancia: “no te vistas, que no vas”.
Así, De la Espriella comenzó su campaña con pólvora y terminó oliendo a humo. Y si no cambia de libreto, su aspiración quedará como tantas de su estilo: más show que sustancia, más titulares que propuestas, más lealtades fingidas que realidades políticas.