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La superagente

Editor: Francisco Cristancho R.

No siempre lo que parece ser, es; y no siempre lo que es, debería ser. Esto lo decimos porque cuando uno mira el comportamiento de ciertos afines al señor Trump, que parecieran ingenuos y buenos servidores, termina decepcionándose. No hay sino que mirar la cara del señor J. D. Vance, su vicepresidente, para percibir ese prototipo clásico del hipócrita crónico. Eso es el tal Vance. Y ese es el hombre de confianza del señor Trump. Ahora, de Trump, ni hablar.

Pero miremos esto otro. La persona que le manejaba todos los enredos de faldas -y de sin faldas- al señor Jeffrey Epstein es una señora que coincide con el Superagente 86, Maxwell Smart. Esta señora, que hacía igualmente de ‘superagente’ al conseguirle la ‘mercancía’ al señor Epstein, también es Maxwell. Ella era la que hacía todo el trabajo sucio por debajo de cuerda llevándole las ‘amiguitas’ tanto a Epstein como a Trump. O sea, era también una superagente, pero del delito.

Todo indica que la señora Maxwell -Ghislaine Maxwell- está a punto de salir de la cárcel gracias a las peripecias jurídicas que los gringos hacen con su ley, y gracias también al derecho al indulto del cual goza el señor presidente de la República para perdonar a quien le dé la real gana. Parece -según se dice- que el señor Trump estaría muy tentado a conceder el beneficio del indulto a Maxwell, pero no al 86, sino a la superagente de Epstein. En eso están, aun cuando ya hay movimientos que están protestando y que dicen que podría haber hasta una revuelta si esto llegase a ocurrir.

Pero, conociendo la doble moral de los gringos, cuando quieren hacer algo lo hacen. Así como bombardearon a Hiroshima y Nagasaki sin el mínimo asomo de conciencia. Con tal de lavarle la cara al señor Trump, sueltan a esta señora y le dan un pasaporte para que se vaya a cualquier parte del mundo. ¡Así son ellos! Ella era la que le conseguía las niñas a Epstein y a Trump, y tiene bastantes ‘guardados’. Ella le conoce vida, honra y bienes a Epstein y a Trump en cuanto a naguas y a calzoncitos se refiere. Precisamente, en días pasados, el fiscal general -que es una ‘ficha’ de Trump- tuvo una reunión durante casi seis horas con esta superagente. ¿de qué hablaron?, eso se desconoce, pero parece que estaban negociando su silencio a cambio del indulto. ¿Y el silencio de ella por qué? Porque si ella hablara, contaría cuántas personas más cayeron en los pantis de las ‘amigas’ de Epstein, incluyendo al señor presidente de la República de los Estados Unidos; porque él, aun cuando lo niegue, ya ha aparecido en varias fotografías junto a Mr. Jeffrey; se hablaba con él; incluso, le enviaba tarjetitas de afecto, y hoy todo lo niega. Son cínicos. No hay nada más mentiroso que un gringo asustado, porque inventan mentiras y ni siquiera se ponen colorados. Miren a Donald Trump, él dice mentiras y se ríe.

Esa es, respetados lectores, la superagente que en este momento tiene entre sus manos -por no decir que entre sus pantis- los secretos del señor Trump y sus devaneos con algunas niñas. Parece, además, que la señora de él, doña Melania, sí estaba enterada de sus andanzas, porque -según dicen las malas y buenas lenguas- Trump conoció a Melania en un sitio de ‘entretenimiento para adultos’. No sabemos si ella tendría más de 17 en esa época, porque todo indica que le gustan las niñitas.

Es tan cínico este individuo que un día, cuando estaba mirando a su hijita, él dijo -y así quedó grabado- que si no fuera su padre le estaría arrastrando el ala, porque la veía muy bonita. Así lo dijo. Y así quedó grabado. Echándole flores eróticas a su hija. Así salió en televisión. Y a los gringos les parece muy gracioso, muy simpático, y es él el de mostrar para los republicanos. Pero atérrense de esto: a los gringos les pasa con Trump lo que les pasa a los bogotanos con Peñalosa, él hizo ochas y panochas, se tiró a Bogotá y lo reeligieron. Trump se tiró a los Estados Unidos, hizo lo que le dio la gana, y también lo reeligieron. Se concluye entonces que al pueblo le gustan los malos; los buenos mueren y van al cielo. Entonces, ¡Que viva la superagente!

Coletilla: un verdadero éxito resultó la cena que se le ofreció la semana pasada a la candidata a la Presidencia de la República, la doctora Carolina Corcho. Vino gente de todas partes del país; hubo lleno completo. Una reunión agradable, sin discursos de politiqueros ni odios que llenó en su totalidad el salón de eventos de un hotel en Bogotá, donde se llevó a cabo este homenaje. Vinieron muchas personas de todas partes del país a hacerse presentes y a decirle a Carolina Corcho “Con usted estamos y la acompañamos”. Y hoy, desde esta columna le escribo: ¡Doctora Carolina Corcho, con usted estoy y la acompaño!

Hasta la próxima semana, lectores.

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