El partido Verde, en Boyacá, históricamente se ha presentado como un partido que vela por el medio ambiente, que abandera las causas del cuidado de la tierra y del agua. No se necesita ser ingeniero ambiental, aunque el partido siempre se sustente en los argumentos de esas lumbreras, para saber que el ambientalismo que pregonan solo se trata de un eslogan que adorna al verde de su nombre. Vimos a personajes como la senadora recientemente electa, Carolina Espitia, sembrando árboles en campaña, y una vez elegida, haciendo alianzas con candidatos presidenciales profracking. Hemos oído también a Carlos Amaya adornar sus discursos que, llenos de estereotipos sobre los campesinos, se adornaron rimbombantemente también con toques de ambientalismo y defensa de territorios, lugares comunes para las supuestas promesas de la juventud.
El cinismo y las contradicciones del partido Verde y sus cabezas más visibles en Boyacá no solo son evidentes con el discurso anticorrupción del que sabemos tiene inundado al departamento de clientelismo y de, como lo llaman mis paisanos, “contratos amayados”. La contradicción más obvia que desdibuja ese falso ambientalismo por el cual el excandidato presidencial también se presentó como héroe en la disputa por el cuidado del medioambiente es esta: según el blog de denuncia “Boyacá libre”, siendo aún gobernador de Boyacá, dejó un acuerdo firmado junto a la empresa Refeel que pretendía instalar más de 364.000 paneles solares en zonas de páramo y reservas hídricas correspondientes al páramo de Guantiva- la Rusia, zonas que, siendo área de páramo, omitió sin pudor. Con el mismo cinismo con el que se le oyó al hablar de la oposición al fracking en la W, en una entrevista el 20 de julio de 2018, Carlos Amaya, el hijo pródigo de esta tierra, firmó a puerta cerrada el proyecto APE COR 15 que le concede licencia ambiental a la compañía petrolera Maurel & Prom para la perforación exploratoria en Tasco, Beteitiva, Busbanzá y Corrales, zonas características por afluentes y nacimientos de agua.
Ahora que estoy de paso por Boyacá he visto cómo las vallas que antes eran de Federico Gutiérrez pasan a ser del candidato Rodolfo Hernández, las ventanas adornadas con carteles de Sergio Fajardo se reemplazan por la cara de Hernández; el candidato de la Liga anticorrupción, aparece en cada esquina de uno de los departamentos más inundados de clientelismo por el partido que ahora lo respalda. Exconcejales del partido Verde y discípulos de Fajardo se ponen de acuerdo en sus redes sociales para decir que se necesita hacer de Hernández la voz del centro, y todos estos ambientalistas de marca, de color, de pose y de sembrar arbolitos de campaña, sin duda se juegan la campaña por el ingeniero que seguro solucionará el problema de la delimitación de páramos en Boyacá construyendo casas, o cuando no, enviando a la casa a las lideresas que han enfrentado a la multinacional que ha puesto en riesgo los recursos hídricos Maurel and Prom. Teniendo como opción a la mujer que salvó el río ovejas, premio Goldman de 2018, los pobres boyacenses embaucados por un slogan y deslumbrados por el discurso bravucón, y quién sabe cuántos contratos, no saben qué les espera a la Laguna de Tota, a Siscunsí, La Rusia, Ocetá y la Laguna Negra, Tasco, Beteitiva y tantas otras zonas dispuestas para el extractivismo. Me imagino al pobre viejecito que sin nadita que ofrecer, negoció en Boyacá fracking, agua, páramos y más, ¡quién sabe qué!
Fuentes:
https://boyacalibre.blogspot.com/2022/03/la-farsa-ambientalista-de-carlos-amaya.html
Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la posición de La Nueva Prensa.