Hacía mucho tiempo no sucedía nada parecido a la inauguración de obras recientes de Alejandro Obregón el viernes pasado –coctel de 7 a 10 p.m.- en Estrella, la galería nueva, de Estrella Nieto.
Se sabía, con anterioridad, que sería algo muy especial. Obregón es siempre noticia y si Obregón es el “motivo” de una reunión para las gentes de los círculos intelectuales, artísticos –ahora se agregan a los sociales y políticos-, es suficiente para que cualquier cosa sea un acontecimiento.
Pero además estaban sus cuadros: nuevos, desconocidos, con nombres de ángeles, al revés. Y no podía olvidarse que en el aire flotaba la necesidad de un encuentro parecido, después de un receso… después de un tiempo –para algunos, siglos- de silencio: ese siglo fue el año durante el cual Obregón preparó la muestra abierta al público el viernes.
Estrella queda, exactamente, en la calle Setenta con carrera Séptima; al lado hay un salón de belleza y en la esquina una floristería; no es grande, no es pequeña, tiene forma alargada, con el espacio necesario para apreciar una colección –y una escultura, en el caso del viernes- y lo suficientemente reducida también como para aprisionar el “ambiente”.
A las nueve y media
Eran las nueve cuando alguien preguntó a Obregón:
-¿Y de precios?
-De precios, pregúntele a Marta.
Marta Traba sonrió, no dijo nada, y unos minutos después, Estrella Nieta hizo cuentas:
-Pues, verá: son 23 cuadros, hay 15 vendidos, los grandes son a 20 mil pesos, los pequeños a 10 mil… veamos… alrededor de 200 mil pesos.
Era importante tener una suma –las cifras, ya se sabe, impresionan mucho-; y 200 mil pesos, a las nueve y media de la noche, dos horas después de una inauguración, es verdadera noticia. Noticia que demuestra, entre otras cosas, el prestigio del maestro, porque a ciencia cierta nadie -¿será exageración?- pudo apreciar ni a sus anchas ni de ninguna manera los 23 cuadros, o ángeles, entre los cuales estaban Camilo Torres y el “Che” Guevara.
Esto, naturalmente, porque si en “ventas fue todo un éxito, esta inauguración, en materia de asistencia, tiene pocos precedentes.
Entonces no habría manera de tener una perspectiva… ni visual, ni intelectual; mucho menos emocional.
A algunas personas les sucedió que sólo vieron colores nuevos. Otras, mucho más conscientes, e inteligentes, analizaron la muestra; ante la mirada inexpresiva de algunos invitados que no tuvieron la oportunidad –como los conscientes –de ver la exposición antes de su apertura. Una amiga me dijo:
-A que no te atreves a decir que esto vale como conjunto… solamente…
No entendí muy bien –y obvio- le respondí:
-Claro que no me atrevo.
México, México, México
Alejandro Obregón, con impecable vestido azul oscuro, camisa blanca y corbata de un rojo fuerte, soportó abrazos, besos felicitaciones desorbitadas, preguntas, comentarios… con una discreción impresionante. Su voz no se oyó, y si habló lo hizo casi en voz baja.
Un colega, periodista, Revetez –en esta reunión no se habló mal de los periodistas-, se sintió en una inauguración de México. Él trabaja allí desde hace unos cuantos años y encontró el ambiente exactamente igual.
Copia fiel de una inauguración en México.
Le dijo a Obregón que sería estupendo para él un viaje a ese país, ya que allí se conoce mucho su nombre, pero no su obra, y por informes –de tercera mano- se supo que el maestro le dijo que sí, que iría.
Cine, teatro, papel maché
La sorpresa de la inauguración fue Arturo Ripstein. Un joven mexicano que hace tres años era el director de cine más joven del mundo. Hoy tiene 24 años, ya no es el más joven, soporta unos cuantos kilos de más –un poco menos de cabello- y unos “bigotes” puros mexicanos.
Arturo vino a Colombia hace tres años y medio, con su padre, con García Márquez y trajo su película Tiempo de morir, con la cual renació el cine mexicano… Ahora acaba de dirigir otra cinta –dice que es maravillosa-, ha llegado solo de paso, y se aloja en casa de Guillermo Angulo y Vana de Angulo.
Patricia Ariza y Santiago García fueron también “personajes”; motivo inmediato: la visita de Arrabal, el autor que vendrá a la Casa de la Cultura, para asistir a la presentación de su obra Fando y Lis. Arrabal ha dicho unas cuantas cosas “pesadas” en relación con Colombia, antes de su viaje, y el ambiente para su llegada… es un poco tenso. Eso tiene encantados, como es lógico, a Santiago y a Patricia, porque “cuando hay polémica…”
Con un vestido estilo Congreso –morado y muchos anillos de papel maché entre un talego de papel- Susana de Goenaga contó que se va a México; Celmira Yepes habló de las obras de teatro infantil que prepara su esposo Roberto Álvarez –cambió su chompa azul por una chaqueta de cuero negro-, comentó también algo del proyecto; Rosita Azuero, con sombrero negro colocado hacia un lado de la cara, habló de todo el mundo, Iván Ochoa y Ruby de Ochoa llegaron con un norteamericano “muy interesante”.
El padre Rafael García-Herreros llegó entusiasmadísimo, saludó muy efusivo a todo el mundo, comentó que en su “museo” también tiene un Obregón. Dennis Bourke y Kathy, con capa negra, se refirieron a su teatro; ella contó que había comprado un cuadro: “Veinte mil pesos, ¡imagínate!”
Políticos y… nuevos cuellos de tortuga
Fue una inauguración donde “había de todo”: los de siempre, los de “vez en cuando”, los que nunca van, los políticos jóvenes y varios cuellos de tortuga nuevos.
¿Los temas? Variadísimos: la problemática de la pintura, la problemática el cine, la problemática del teatro, la problemática de la política.
Iáder Giraldo, nuevo cuello de tortuga, en azul, vestido de paño príncipe de Gales.
-¿Desde cuándo vas a exposiciones?
-Es que ahora voy a convertirme en intelectual.
José Nieto –exponente de actualidad en materia de moda masculina- tenía una chaqueta negra entallada con botones morados, larguísima, y una camisa amarilla; conversó un rato con Antonio Panesso, Antonio Turbay, Plinio Apuleyo Mendoza y Fabio Lozano, todos con atuendos convencionales y tradicionales. En cambio, sorprendieron con “cuellos de tortuga”, Jaime Umaña de Brigard, un pintor joven, Camilo Calderón, el dibujante Fabio Puerta, quien aclaró, cuando alguien no lo reconoció:
-Es que ahora todos, absolutamente todos, somos mechudos.
Y entre unos y otros, artistas y políticos jóvenes, publicistas, periodistas y “gente en general, Alberto Casas, Jorge Arenas Lamus, Byron López; obviamente los pintores desconocidos –pero, según dicen, prometedores en este ambiente- con atuendos, esos sí revolucionarios: panas de colores fuertes, zapatos con hebillas y corbatas gigantescas, de raso, de seda, de materiales que nadie imaginaría en una corbata…
Aire fresco, en la moda
Con el propósito de respirar un poco mejor, los asistentes salieron –a intervalos y por turno- a tomar aire fresco a la puerta de la galería…
Pero el aire fresco también estaba en la moda, porque las combinaciones y los contrastes “daban gusto”: el traje pantalón en brocado dorado de Marta Traba, con la gabardina de un oficinista que “no alcanzó a cambiarse”, el vestido en terciopelo negro con blusa de encaje de Estrella Nieto, con el conjunto pantalón de Stella Suescún; los trajes largos –de gala- de Sofía Urrutia y de Himelda Restrepo de Ángel, quienes se dieron una “pasadita” por la inauguración antes de ir a la comida de Andrés Uribe Campuzano y Gloria Zea de Uribe, la ruana de un norteamericano, las joyas de verdad con las de papel maché, los cachumbos románticos de Alicia Baráibar –“está inconocible”, alguien comentó- con las melenas alborotadas de algunos artistas y… uno que otro vestido de coctel, uno que otro abrigo de pieles.
El tiempo pasó volando y no fue suficiente para ver la exposición…
“Tenemos que venir a verla”:
Y yo también tendría que ir a verla… para tenerle una respuesta a mi amiga, que me dijo: “A que no te atreves?”
SOBRE LA AUTORA: Gloria Pachón de Galán, periodista, nació en Cúcuta en 1936. Es la viuda de Luis Carlos Galán Sarmiento, también periodista y político asesinado por el narcotráfico en 1989. En los años 60 fue célebre cronista de El Tiempo, donde conoció a Galan, con quien tuvo tres hijos: Juan Manuel, Claudio Mario y Carlos Fernando Galán Pachón. Varios trabajos de ella han sido recogidos en antologías del periodismo colombiano.








