El 7 de enero, la Casa Blanca hizo pública la lista de organizaciones internacionales y entidades de las Naciones Unidas, decisión que pone en efecto la política pública contenida en la Orden Ejecutiva número 14199 del 4 de febrero de 2025. En ella, se anuncia que los Estados Unidos se retirarán y dejarán de financiar una larga lista de organizaciones internacionales, incluyendo varias de las Naciones Unidas, porque ya no sirven a los intereses estadounidenses. Consideramos que es un error político y estratégico por parte de los Estados Unidos salir de todas estas organizaciones dado que ellos mismos jugaron un papel importante en la creación del orden internacional que existe hoy, porque los retos a los que responden estas organizaciones son vitales para la humanidad, y por ende, la decisión afectará negativamente a muchas personas, tanto dentro como fuera de los EE. UU. No podemos pasar por alto que entre las entidades señaladas en el mensaje del Presidente Trump se encuentra el Foro Permanente sobre los Afrodescendientes de la ONU. La ONG Colombia Acuerdo de Paz condena enérgicamente la retirada de los Estados Unidos de un espacio creado para adelantar el reconocimiento, la justicia y el desarrollo de las personas y pueblos afrodescendientes del mundo.
Este reciente anuncio no nos sorprende dados los pasos que ha estado tomando la actual administración de los EE. UU. contra las personas afrodescendientes en el último año. Desde el inicio del segundo término de Donald Trump como Presidente, a partir de enero de 2025, los EE. UU. decretaron múltiples órdenes presidenciales contra lo que ellos denominan “diversidad, equidad e inclusión”, retrocedieron así los avances históricos que se lograron con sacrificio, sangre y la muerte de los afroamericanos, incluyendo entre ellos el acceso a la educación, la adopción de medidas contra la discriminación racial y la ley del derecho al voto de 1965, medidas que buscaban desmantelar las barreras de Jim Crow que impedían el disfrute de los derechos humanos de los afroamericanos. También, bajo la bandera de acabar con el “wokeism”, presentado como una batalla cultural, se han promovido ideas racistas, xenofóbicas, misóginas, homofóbicas, anti-derechos y de ideología nacionalista blanca.
Durante el pasado año, observamos cómo se desmantelaron todas las oficinas, se despidió personal y derogaron protecciones dentro del gobierno federal dirigidas a combatir discriminación racial y de género. Estas medidas se hicieron extensivas a los gobiernos estatales y locales, como también a los sectores no gubernamentales bajo la amenaza de retirarles los fondos públicos que recibían. Toda acción que tomaba en cuenta una perspectiva diferenciada o reflejaba la diversidad racial estadounidense y el orgullo en lo mismo ha sido cancelada. Bajo la errónea noción de que las oportunidades de participar solo deben otorgarse en base a mérito y que tomar en consideración los obstáculos sociales a la igualdad, se han terminado los esfuerzos por construir una sociedad inclusiva de verdadera igualdad de oportunidades. Esto ha dejado a los afroamericanos y otros grupos racializados sin protecciones contra la discriminación por parte de su gobierno federal.
Las escuelas han eliminado de sus bibliotecas libros sobre y por afrodescendientes. Las universidades se han visto obligadas a eliminar programas y actividades de reconocimiento de la historia y cultura afrodescendiente. Se ha demonizado, insultado y perseguido públicamente a personas afrodescendientes, activistas negros y movimientos antirracistas, como el movimiento Black Lives Matter, entre otros. Esto ha incluido ataques y señalamientos insólitos contra congresistas afroamericanos, especialmente mujeres. Esta agenda de exclusión se manifiesta también en una política contra las personas inmigrantes, fomentando el uso de perfiles racializados para detener y expulsar personas, y las restricciones selectivas de visas a nacionales de países africanos y caribeños. Mientras se expande la lista de países africanos y afrodescendientes con restricciones de entrada a los EE. UU., se proporciona refugio a los afrikaners, bajo el alegato de que son surafricanos blancos perseguidos.
Están buscando borrar la historia de los afrodescendientes y sus contribuciones al país, además de resaltar a esclavistas como héroes. Se ha tratado de borrar todo el trabajo, informes y cualquier otra indicación del trabajo realizado sobre los temas de raza, discriminación racial y género. Se restableció la Comisión Asesora del Presidente 1776, fundada en noviembre de 2020 y retomada en la actual administración. Lo llamativo es que el informe presentado por dicha comisión se produjo sin la participación de historiadores y expertos en la historia estadounidense. El informe blanquea la historia de EE. UU. al negar las experiencias vividas de los afrodescendientes, las mujeres y las comunidades indígenas, entre otras falacias. También se eliminó toda mención de minorías étnicas de los informes anuales de derechos humanos del Departamento de Estado.
Mientras estos esfuerzos destructivos avanzaban en EE.UU., se daban pasos internacionales de reconocimiento de las personas y pueblos afrodescendientes, de su historia, sus luchas y sus reclamos de justicia reparativa. Con la creación del Foro Permanente sobre los afrodescendientes se avanzó en la implementación de la Declaración y Plan de Acción de Durban (2001), hoja de ruta que continuó con la aprobación de los decenios internacionales de los afrodescendientes. Y los reclamos por reparaciones crecían en todo el mundo.
Lo curioso del anuncio de la Casa Blanca es que los EE. UU. no financia el Foro Permanente sobre los Afrodescendientes. Por lo tanto, este anuncio y los comentarios insultantes que funcionarios del gobierno han hecho a la prensa — que no vamos a dignificar replicándolos — solo aspiran a construir una supremacía a nivel internacional y advertir a los países aliados a unirse a su ataque al “wokeism”. Con esta acción, lo que buscan es expandir a nivel global el desmantelamiento del sistema de derechos de las mujeres, los afrodescendientes y otros grupos excluidos que pretenden implementar nacionalmente, y empoderar, a su vez, a los movimientos de supremacía blanca en el mundo. Esto es, sin lugar a dudas, un hecho condenable y un reto al que estamos obligados a responder.
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