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Politizar el aula

27 Marzo, 2019

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Empecé este texto preguntándome si debo escribir sobre la educación política de los jóvenes colombianos o sobre la crisis medioambiental de las ciudades. La disyuntiva es falsa. Ambas son resultado de lo mismo: Colombia es un país que aún no entiende en qué consiste la política.

Según Hannah Arendt, el espacio público y el político son lo mismo. Se trata de la dimensión a la que accedemos los seres humanos para establecer relaciones los unos con los otros. Romper el espacio político y separarlo del social, en los albores de la Modernidad, hizo que los asuntos privados se insertaran en lo público, y, por tanto, en la política.

Para decirlo con ejemplos concretos: Odebrecht, Reficar, Saludcoop, etc.

Los problemas medioambientales son resultado de que el anhelo privado de comodidad, velocidad, privacidad -y cualquier sustantivo terminado en dad- es superior a la concepción política del espacio común. A esto se suma que no existen servicios públicos de transporte. Por la misma razón. Lo que aquí se llama transporte público consiste en un oligopolio que ha privatizado calles, andenes y, por supuesto, el aire.

Por el otro lado, el señor Rodríguez, senador del centro democrático, proponía privatizar el discurso de los profesores. Por supuesto que limitar la libertad de cátedra para no politizar las aulas es ya el extremo peligroso de la intromisión de lo privado en el ámbito público. Se trata de convertir lo político en dogma.

Todos sabemos, que a pesar de las apariencias y de mi tono pesimista, grandes intelectuales están también en la escena pública y rápidamente levantaron la polvareda necesaria sobre el tema. Sin embargo, algo importante me sorprendió. No leí la objeción principal a la propuesta: el aula es un espacio político.

Me parece que, contrario a lo que dice el señor Rodríguez, el problema educativo actual es que las aulas están despolitizadas. Los estudiantes de primer semestre no entienden lo que leen, son incapaces de escribir un corto texto legible, se les dificulta trabajar en grupo, rara vez objetan las posiciones de los profesores y casi nunca discuten los deberes que se les asignan. Su objetivo central es ganar el cartón para aumentar los ingresos.

Los proyectos educativos institucionales se refieren a competencias, emprendimiento, innovación, éxito, clientes. La palabra profesor se ha desvanecido en los planes de desarrollo de las universidades y la producción intelectual reemplazó al acto de dar clase.

En el ámbito nacional, las luchas de los sindicatos de profesores se marginan a los presupuestos financieros. Las quejitas de los estudiantes de universidades privadas son los costos de las matrículas. Los debates de los profesores universitarios son por el sistema de puntos o por su inexistencia.

El señor Edward Rodríguez, entonces, sólo le está agregando la “ideología” uribista al dogma financiero de la época contemporánea. Es por eso que politizar el aula sería el camino para empezar a tener espacio público y fortalecer la democracia.