Enero 22, 2019
Diciembre 06, 2018

La protestation vs la quejita

Por SANDRA ORÓSTEGUI

Ahora que las imágenes de las protestas francesas llegan a los ojos de los colombianos, me permito afirmar: es mentira que en Colombia se proteste mucho. Es mentira que la protesta en Colombia sea vandálica. Es mentira que en Colombia se irrespete el statu quo. Es mentira que las protestas deriven en violencia porque esté infectada de grupos armados.

De hecho, lo que aquí llamamos protesta, es, apenas, quejita.

La distancia oceánica de las luchas francesas y las quejas colombianas radica en una historia y, por supuesto, en una educación y una cultura fuertes en conceptos y discusiones políticas.

Mientras los franceses saben que los funcionarios públicos -del presidente para abajo- son empleados del pueblo; los colombianos seguimos convencidos de que los altos funcionarios merecen privilegios, no hay razones para exigirles su renuncia y es importante agradecerles lo poquito que hacen bien.

La consulta anticorrupción… fracasó.

Mientras los franceses entienden que las causas de los unos terminan por ser las causas de todos; los colombianos creemos que esos estudiantes son unos desadaptados que necesitan correa. Que esos campesinos son unos andrajosos que no agradecen lo que se les da. Que esos indígenas son unos salvajes que deberían civilizarse. Que esos camioneros son unos inconscientes que detienen la buena circulación del país.

Y, en suma, una porción mayoritaria de colombianos cree que todos los anteriores son unos comunistas, socialistas, castrochavistas. Y lo dicen en tono amenazante.

Entre el 1 de enero y el 17 de noviembre de 2018 han sido asesinados 226 líderes sociales y defensores de Derechos Humanos. (El Espectador, 23 de noviembre de 2018)

Es imposible que la queja trascienda si el miedo a romper la estructura feudal, heredada de la colonia, prima sobre las posibilidades de tener una sociedad equitativa. Esto les tomó a los franceses más de un siglo. Y como lo confirman las imágenes, aún no lo han conseguido del todo. 

Y es que, tal vez, a lo que más le temen los colombianos es a la inestabilidad que representa la democracia, a la exigencia de ser ciudadanos activos que sostiene a la democracia; y a la necesidad de conocer, respetar y discutir que significa la democracia.

En definitiva, la distancia entre Colombia y Francia es la manera como se asumen los problemas propios. Como dijo John Stuart Mill, “El valor de una nación no es otra cosa que el valor de los individuos que la componen”.