La crisis actual y el derecho internacional

03 Marzo, 2026
  • Para desactivar el peligro de una guerra nuclear es necesario fortalecer las Naciones Unidas


Por EDUARDO MATYAS CAMARGO

 

“Un minuto después de la última explosión, más de la mitad de los seres humanos habrá muerto, el polvo y el humo de los continentes en llamas derrotarán a la luz solar, y las tinieblas absolutas volverán a reinar en el mundo”[1]

 El 9 de mayo de 2026 se cumplen 81 años del final de la II Guerra Mundial en que los países aliados  (EE.UU. Inglaterra, URSS), derrotaron al eje fascista conformado fundamentalmente por Alemania nacionalsocialista (NAZI), Italia Fascista y el Japón militarista, que se rindió el 15 de agosto de 1946,  luego de que los EE.UU. detonaran sobre las ciudades de Hiroshima (6 de agosto) y Nagasaki (9 de agosto)  sendas bombas nucleares, con un saldo de más de 240 mil muertos, en los dos únicos ataques nucleares de la historia.

Con posterioridad al fin de la IIGM se inició un periodo histórico conocido como la “Guerra Fría”, en que emulaban la Unión Soviética y los Estados Unidos por obtener el dominio del mundo, con el predominio militar de los EE.UU. Sin embargo, en 1949 la Unión Soviética obtuvo la bomba atómica, rompiendo el monopolio nuclear y creándose una distensión militar basada en el terror de emplear la bomba atómica entre las potencias que garantizaría la destrucción de la humanidad.

 

El nuevo orden internacional de la Posguerra 

Como consecuencia de la IIGM, que dejó 60 millones de muertos, la mayor parte civiles, se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), proclamada su fundación en la ciudad de San Francisco el 26 de Junio de 1945, fecha en que 51 Estados soberanos suscribieron la Carta de la ONU, en cuyo texto se incluía el estatuto de la Corte Internacional de Justicia.

En la Carta fundacional de la ONU se estableció la prohibición de la guerra para resolver las controversias entre los Estados, el respeto a la independencia y a la soberanía nacional, dándose inició a un proceso de descolonización de las naciones africanas,  asiáticas  y americanas, que entrarían a formar parte de la ONU,  hasta hallarse ésta conformada hoy por 193 Estados soberanos,  y Palestina con el estatus de Estado observador permanente no integrante pleno de la ONU desde el 29 de noviembre de 2012, que le permite asistir a las sesiones  de la Asamblea  General pero no votar, reconocido hoy  145 países como Estado que aspira a ejercer soberanía  sobre Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental.

No obstante, desde la IIGM se han librado centenares de guerras con involucramiento de las potencias capitalistas y socialistas, desde la cruenta guerra por el dominio de la Península de Corea en el Asia oriental, que produjo alrededor de 3 millones de muertos y dejó la península dividida desde 1953 en dos países, Corea del norte Comunista y Corea del sur capitalista, con un armisticio, no tratado de paz, aún vigente. Cabe resaltar que en esta   guerra librada entre 1950 - 1953, con la parte norte apoyada por la República Popular China y la URSS, y la del sur, por una alianza de 15 países liderados por EE.UU, bajo la bandera de la ONU, en cuyo conflicto nuestro país participó enviando el Batallón Colombia, no se usaron las bombas atómicas, pese a ser el primero y uno de los más cruentos conflictos en que se enfrentaron las potencias capitalistas y comunistas.

Posteriormente se librarían otras guerras similares como la de Vietnam, en la década de los 70 con un saldo de 5 millones de vietnamitas muertos y 55 mil norteamericanos.

El orden jurídico internacional contemporáneo que se inició con fuerza en 1945 ha tenido un desarrollo muy importante en los distintos campos del derecho, especialmente del derecho público, que ha permitido a la humanidad vivir pese a las innumerables guerras civiles, coloniales y neocoloniales, un periodo de relativa paz sin las guerras mundiales que se vivieron en el siglo XX.

Este nuevo orden permitió durante la segunda mitad del siglo XX un sólido desarrollo  de del derecho de los derechos Humanos, del derecho internacional humanitario y del derecho penal internacional,  y su desarrollo como nuevos derechos humanos: como  el derecho a la paz, al desarrollo económico y humano, de género, los derechos del niño, la desaparición forzada de personas, la prohibición del genocidio, la violencia contra la mujer, los derechos de las comunidades étnicas,  el  ambiental, del mar, entre otros.

El mundo se había acostumbrado a un orden jurídico sin confrontaciones mundiales, y se establecieron acuerdos sobre limitación de la fabricación y uso de las bombas atómicas (Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE), y otros tipos de armamentos bélicos como el tratado de minas antipersonas (convención de Otawa 1997), bombas racimo (2008). 

Se llegó a pensar que evolucionaríamos  hacia un mundo de paz y desarrollo humano, económico y social. En Europa se hacía una sociedad de bienestar estableciendo modelos sociopolíticos donde el Estado a través del intervencionismo en la economía garantiza derechos fundamentales y servicios básicos —salud, educación, vivienda y protección social— para asegurar una vida digna, equitativa y de alta calidad para todos sus habitantes.

 

Fin de la Guerra Fría y nuevos conflictos 

En 1991 se disuelve la Unión Soviética y simultáneamente se producen revoluciones antisocialistas y prodemocráticas en los países de la Europa oriental, llegándose a teorizar por el politólogo japones Francis Fukuyama “el fin de la historia”, al haberse terminado uno de los polos de la confrontación internacional entre la URRS y los EE.UU de America. Se pensó que se iniciaría una era de paz internacional al disolverse el Pacto militar de Varsovia, el cual ejercía una tutoría militar sobre la soberanía de los países socialistas de Europa oriental bajo la doctrina de la “soberanía limitada” y la “división internacional del trabajo” controladas por Rusia.  

Rusia al dejar de ser socialista   inicia acercamientos a occidente llegándose a  pensar en la posibilidad  que éste país euroasiático ingresara  a la Unión Europea,  surgida a partir de la Declaración Schuman el 9 de mayo de 1950 con el propósito de unir la producción de carbón y acero de Francia y Alemania bajo una autoridad común para evitar futuros conflictos, evolucionó primero  a la unión  de 20 países consolidando un espacio de moneda única (el euro), comercio, libre circulación de personas, capitales,  política exterior y de seguridad, y  a través del tratado de Maastricht (Países Bajos), se crea oficialmente  la Unión Europea  el 1 de noviembre de 1993,  conformada hoy  por 29 países  y aun  en vías de expansión con varios candidatos como Ucrania, Bosnia, Albania y otros

Ese orden jurídico que prometía la paz y la prosperidad internacional ha venido sufriendo afectaciones graves que lo están poniendo en peligro hasta el punto que se halla amenazado con una nueva confrontación mundial, con el uso de bombas termonucleares.

Uno de esos focos de confrontación ha emergido en la Rusia poscomunista que tras la reconversión capitalista y la disolución de la URSS sufrió una crisis económica y su consecuente sensación de haber perdido su posición de superpotencia mundial con afectación del orgullo nacional para los lideres nacionalistas. De la intervención militar rusa en Georgia en apoyo a los separatistas de Osetia del Norte y Sur, se pasó a la ocupación militar y anexión de la península de Crimea a Rusia en 2014 y la imposición de la renuncia de Ucrania de ingresar a la Unión Europea, lo que llevó al derrocamiento del gobierno proruso de Víctor Yanukovich en la llamada revolución de Euromaidán, entre noviembre de 2013 y febrero de 2014.

Al disolverse la URSS el 25 de diciembre de 1991 y dejar el poder Mijaíl Gobachov, asume el poder el líder anticomunista de Boris Yeltsin, siendo el primer gobernante (1991-1999) de la Federación Rusa caracterizado por una caótica transición al capitalismo y la democracia, marcada por la "terapia de choque" económica, el surgimiento de oligarcas, inestabilidad política, la guerra de Chechenia y una severa reducción del PIB. A la renuncia de Yeltsin el 31 de diciembre de 1999 deja encargado interinamente de la presidencia, al primer ministro Vladimir Putin que 4 meses después sería elegido como titular, cuya primera aparición en la arena internacional es la dura represión militar en la Segunda Guerra de Chechenia en contra de los separatistas que aplastaría.

Putin, quien calificó en 2005  la disolución de la URSS como la  "mayor catástrofe geopolítica del siglo XX",  sostiene desde entonces  bajo una ideología nacionalista e imperialista,  que el colapso no solo destruyó la integridad territorial de la Rusia histórica, sino que también dejó a millones de rusos fuera de su país, por lo que se propuso reconstituir a Rusia como potencia mundial y reintegrar a la “madre Rusia” los territorios perdidos, reconstruyendo la grandeza que tubo bajo los imperios zarista y después como integrante de la URSS.

Uno de sus objetivos con el fin de restablecer la gloria a Rusia es reintegrar a Ucrania a sus dominios, bajo la idea que Rusia tuvo sus orígenes en el “rus de Kiev” (ss. IX-XIII) como una federación de tribus eslavas orientales y urálicas, primer estado eslavo ortodoxo. Es así, como el 24 de febrero de 2022 el ejército ruso invadió a gran escala (180.000 soldados) el territorio ucraniano con el fin de derrocar el régimen de Kiev e imponer un gobierno proruso, argumentando la existencia de un régimen fascista en Ucrania y el rechazo a la pretensión de éste país de ingresar al Tratado militar del Atlántico Norte (OTAN) y la  Unión Europea. Cuatro años después el ejército ruso mantiene ocupado el 20 por ciento del territorio ucraniano, ha causado destrucción a gran escala en Ucrania, y los muertos se calculan pueden alcanzar  2  millones  contando las bajas de ambos ejércitos y cerca de 15 mil civiles en los ataques diarios de la federación rusa a las ciudades ucranianas,   exigiendo para terminar la guerra la sesión del Donbás, una región industrializada en el este de Ucrania, compuesta principalmente por las provincias de Donetsk y Lugansk, conocida por sus vastas reservas de carbón y su fuerte industria pesada, de valor estratégico y la existencia de población ruso parlante, la desmilitarización y el no ingreso de Ucrania a la OTAN.

Los EE.UU. de América que han sido desde la IIGM la mayor potencia económica-militar y principal componente de la OTAN y aliado de Europa,  con la segunda llegada de Trump a la presidencia de los EE.UU. en enero de 2025 ha debilitado las alianzas tradicionales y respalda las pretensiones de Rusia de anexarse el Dombass ucraniano, poniendo en riesgo la seguridad europea ante las amenazas de Putin de desatar una Guerra total y nuclear sí Europa respalda plenamente a Ucrania y envía tropas al frente de Guerra. Aunado a lo anterior ha destruido los tratados de libre comercio internacional desatando una Guerra económica con la República Popular China, que es una potencia económica y militar en ascenso,  ha pretendido comprar y  poner bajo control la isla de Groenlandia que se hallá bajo soberanía danesa, además del Canal de Panamá, bombardeando lanchas en aguas internacionales que acusa de llevar droga hacia los EE.UU. con más de un centenar de muertos,  llevando  a cabo el 3 de enero de 2026 una abierta intervención militar en Venezuela, matando a un número indeterminado de personas y  capturando ilegalmente (ya que un país o potencia no puede intervenir en otro país para dar captura),  al gobernante de facto NICOLAS MADURO,  llevándolo para ser juzgado en EE.UU. por supuestos delitos no cometidos en suelo norteamericano, e imponiendo un protectorado en Venezuela, e impone un cerco económico y militar a Cuba, prohibiéndoles a las naciones del mundo suministrar petróleo a la isla cuya economía agoniza,  todo ello con violación del derecho internacional establecido en la Carta de las NN.UU. en 1945.

En la mañana del 28 de febrero de 2026, Israel y EE.UU. bombardean intensamente el territorio iraní, desatando una guerra internacional cuya duración y consecuencias son por ahora desconocidas. 

El 12 de Abril de 2025, Iran y Estados Unidos habían comenzado  una serie de negociaciones en Oman y Ginebra destinadas a alcanzar un acuerdo para limitar el enriquecimiento de unanio que impida a Irán constuir  una bomba nuclear.  En una carta del presidente estadounidense Donald Trump al líder supremo iraní Ali Jamenei  Trump había establecido un plazo de dos meses (60 días) para que Irán llegara a un acuerdo, y se mastaba estar dispuesto a usar la fuerza sí las negociaciones fracasaran.

Simultáneamente  EE.UU. había venido desplegando cuantiosas fuerzas militares en torno a Irán,  como el portaviones Abraham Lincoln,  de propulsión nuclear clase Nimitz;  tres destructores clase Arleigh Burke que completan su grupo de ataque; dos destructores capaces de realizar ataques de misiles de largo alcance y tres buques especializados para combatir cerca de la costa estacionados en la base naval de Baréin, cazas F-15 y EA-18 estacionados en la base militar Muwaffaq Salti en Jordania, y de los aviones de carga estadounidenses y aeronaves de reabastecimiento y comunicaciones que se mueven hacia Medio Oriente desde Estados Unidos y Europa, todo lo que presagiaba una inminente intervención militar.

La agresión a Irán es violatoria del Derecho Internacional construido a partir de la II GM, y ha producido hasta el 2 de febrero más de 500 muertos,  en cerca de dos mil objetivos militares atacados que han causado graves daños en la infraestructura militar, y centenares de civiles,  entre ellos cerca de un centenar de niñas de una escuela en el sur de Irán, constituyéndose en grave crimen de guerra.  EE.UU. advierte que las operaciones pueden durar 4 o 5 semanas,  pero su duración resulta incierta.

Irán cuenta con un  poderío   militar  muy inferior al de sus agresores,  su ejército se compone de 610.000 hombres, 303 aeronaves, 1600 tanques y 100 activos navales, frente a los   1.300.000 hombres del ejército norteamericano,  10.000 aereonaves, 3.500 tanques y 465 naves de guerra de los EE.UU,  más los de Israel, un Estado militarista que  dispone de un ejército terrestre de 169.000 soldados activos y 465.000 reservistas, 49.904 vehículos de combate, 478 aeronaves y 82 navíos de guerra, mas el apoyo incondicional de EE.UU.  La Unión Europea no ha participado directamente en la agresión,  y España ha condenado los ataques.

Irán ha respondido a la agresión con el lanzamiento de centenares de misiles, que pese a la “cúpula de hierro” de Israel han impactado en Jerusalén y otros territorios con un saldo de 15 muertos, además de atacar las bases militares de EE.UU. en Chipre, Barein, Kuwait, Catar, Arabia Saudita, Irak, Omán, Siria, Emiratos Árabes Unidos, a Hesbolá en Líbano y Jordania, lo que podría constituir un error al forzar un frente muy amplio en su contra, en lugar de buscar un frente árabe contra sus agresores.

 

¿Un nuevo orden internacional? 

El orden jurídico internacional se halla profundamente resquebrajado, y algunos se aventuran a celebrar o lamentar  un “nuevo” orden bajo la férula de la fuerza, de los ejércitos imperiales,   de los misiles y la amenaza del uso bombas nucleares, un orden imperialista en el que,  en  principio,  habrían tres grandes potencias que aspiran a repartirse el mundo: América para los norteamericanos, Europa y la parte oriental de Asia para los Rusos, Asia central y sur para los chinos, y el Africa,  repartido por regiones y países para Rusia y China. Una cuarta potencia regional que actúa por intereses propios expansionista , y representa igualmente intereses norteamericanos es el Estado sionista de Israel, que desde su proclamación en 1948 con el apoyo primordial de la URSS (que aspiraba entrara en su órbita y sirviera de peón como le sirve hoy a EE.UU.),  en  consideración del alto número de judíos askenazis que allí emigraron para ocupar y dominar territorios palestinos, es hoy un Estado subimperialista que aspira a consolidar el gran Israel con dominio sobre en el medio oriente.

Al propósito de establecer ese nuevo orden imperialista le resulta propicio la terminación  en el mes de febrero de 2026  del último gran tratado de limitación de armas nucleares Start III que se había suscrito entre Barack Obama y Dimitri Medveded en abril de 2010 con una vigencia de 10 años, el cual en febrero de 2021 se había extendido su vigencia hasta 2026. Los tres Acuerdos Start permitieron reducir a una quinta parte el número de ojivas nucleares que llegaron a poseer estas potencias, limitándolas a 1.550 ojivas y 800 dispositivos de lanzamiento de misiles intercontinentales en tierra, en submarinos o aviones bombarderos. Se restablece la competencia del terror nuclear viviendo por primera vez desde los años sesenta del siglo XX sin tratado alguno de su limitación, aparte de que en dichos tratados no formó parte la República Popular China ni ningún otro país con armas nucleares, sumándose a ellos en los últimos años Corea del Norte, países que mantienen en secreto el número de ojivas que poseen disponibles.

La inmensa mayoría de las naciones del mundo, víctimas actuales y potenciales del nuevo reparto que pretenden las  grandes potencias, todas miembros de la Naciones Unidas, deben unir sus fuerzas en este foro internacional y reformar su estructura y mandato para hacer de esta organización global una fuerza que haga respetar el Derecho Internacional, la soberanía y la independencia de las naciones como única herramienta para hacer retroceder la arbitrariedad y las agresiones imperialistas,  haciendo vinculante las resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las NN.UU., reformando el Consejo de Seguridad, incluyendo como miembros permanentes representantes de América Latina y Africa, aboliendo el veto para aprobar decisiones por una mayoría calificada.

Hay que restablecer el derecho internacional como paradigma del orden global. De otra manera se mantendrá la realidad trágica que describió el primer ministro de Canadá Mark Carney el   21 de enero de 2026 en el Foro de Davos “que los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias.” 

 

[1] Gabriel García Márquez, Palabras pronunciadas por el escritor colombiano el 6 de agosto de 1986 en   Ixtapa, México, en el aniversario número 41 de la bomba de Hiroshima.