Juzguen ustedes

07 Febrero, 2020

Por AUGUSTO OCAMPO

@AUGUSTOOCAMPO

En la inmunda como dicen los jóvenes, tocamos fondo como lo señalan otros o se corrompió la sal, todas expresiones sinónimos, válidas para aterrizar la crisis sin precedentes que sin lugar a dudas, hizo metástasis a propósito de los penosos y vergonzosos hechos de corrupción que involucran a magistrados de la más alta instancia de juzgamiento, en tanto se supo que al interior de la otrora prestigiosa Corte Suprema de Justicia, operaba descaradamente una especie de carrusel o subasta de expedientes. En el capitulo más reciente la fugitiva Aida Merlano salpica de nuevo a los encumbrado togados de la Corte Suprema, sus juzgadores a quienes señaló metiéndolos en el mismo saco de los que según su dicho permeados por la corrupción la tomaron como chivo expiatorio.

Realidad la anterior que se viene a sumar a los recientes cuestionamientos que se les hace a los jueces y fiscales a quienes en la mayoría legos en temas jurídicos, solo motivados o inspirados por la pasión, los critican en sus determinaciones que suponen contrarias a derecho, torcidas, caprichosas o desatinadas, todo porque sobre todo los juicios que elaboran y venden algunos medios de comunicación, cargados de populismo e histeria no concuerdan con la hermenéutica que hacen los operadores judiciales al momento de emitir sus autos o sentencias.

Y, por si lo anterior no bastara, los abogados no escapamos a esa especie de linchamiento que sobre todo en las redes sociales apunta a hacer carrera cuando, erróneamente se descalifica el ejercicio profesional de los penalistas que asumen la defensa privilegiando el respeto del debido proceso y la presunción de inocencia, del señalado de turno a quien desde el comienzo se le avasalla, prejuzgando, adelantando juicios sumarios desde los micrófonos, cuando equiparan al togado con el cliente que criminalizan cuando como pasa en la mayoría de los casos, apenas el implicado es llamado a responder, estando aún en ciernes todo un proceso, escenario natural para debatir en punto de la responsabilidad de éste lo prejuzgan y condenan.

Se pretende que el abogado entonces someta al escrutinio público la decisión de apoderar o no a tal o cual, que al caer en desgracia como todos, incluso los que llegan al extremo de amenazar de muerte al profesional, también tiene derecho a una asistencia técnica para afrontar la tragedia del proceso penal.

El anterior panorama muestra una realidad que en esas tres dimensiones involucra magistrados, jueces, abogados justicia, impunidad, medios y corrupción apuntando al desprestigio y a la crítica de una administración de justicia filtrada por intereses non santos, alejados de la función natural que debe inspirar sus actos, coyuntura que pide a gritos una reingeniería a fondo para recuperar el prestigio, respeto y buen nombre de la hoy alicaída Rama Judicial del Poder público.

En este sentido, mi atrevimiento hoy al arriesgarme a plasmar la propuesta que pasa por exponer las bondades del cambio de modelo de juzgamiento en lo penal, puntualmente, eco de los reparos generalizados en relación con necesidad de devolver el prestigio y la credibilidad para con la labor y las determinaciones de nuestros jueces y el ejercicio profesional de los abogados, estimo oportuna la implementación –regreso- al juzgamiento para las causas criminales con jurado de consciencia.

El jurado de conciencia es una institución vista con buenos ojos por buena parte de la academia especializada, doctrinantes y funcionarios, básicamente porque permite que exista participación democrática en la justicia. Nótese que la implementación de este modelo adicionalmente permite a los sujetos implicados, acusados de haber cometido delitos tener un juicio público en el cual en su etapa culminante un número plural de personas, revisen en detalle su caso, para finalmente decidir sobre su responsabilidad, culpable o inocente. Sería objeto de reglamentación, definir los requisitos o calidades de las personas que integrarían el jurado, lo mismo que su número y la naturaleza o tipo de delitos de su competencia.

Lo anterior, permitiría que los ciudadanos escogidos para desempeñar el rol de juzgadores se involucren más en la justicia, lo que generaría un sentido de pertenencia por las instituciones, alejaría el monstruo de la corrupción, en tanto la pluralidad de jueces de diferentes estirpes blindaría su tarea al soborno; en blanco y negro, no es lo mismo permear-torcer a un operador judicial como acontece hoy con las consecuencias que son públicas en los casos que se descubrieron y que llenan las primeras planas en los medios de comunicación en nuestra adolorida patria, a no menos de seis personas número eventual de integrantes del jurado que se propone.

Para Alexis de Tocqueville,  “…El hombre que puede juzgar al criminal es, pues, el dueño de la sociedad. Y la institución del jurado coloca al pueblo mismo, o por lo menos a una clase de ciudadanos, en el sitial del Juez. La institución del jurado pone, pues, realmente la dirección de la sociedad en manos del pueblo o de esa clase. El juicio por jurado sería así uno de los pilares fundamentales sobre los que se basaría un “Estado democrático…”

Lo anterior significa que actuando como jurado de conciencia se puede participar en la justicia penal y en nuestro caso, la misma Constitución Política en su artículo 116 permite que de manera transitoria se otorguen facultades jurisdiccionales a los particulares cuando señala : “:..Los particulares pueden ser investidos transitoriamente de la función de administrar justicia en la condición de jurados en las causas criminales, conciliadores o en la de árbitros habilitados por las partes para proferir fallos en derecho o en equidad, en los términos que determine la ley…”.

Para Montesquieu: “…El poder de juzgar debe ejercerse por personas salidas del pueblo en la forma que establezca la ley para formar un tribunal transitorio. Este es el único medio como el terrible poder de juzgar no se vincule a ningún Estado, a ninguna profesión y se haga invisible y nulo…”

Y para Carrara, ¨por su parte, dice que “el jurado representa la vanguardia de la libertad, rige en los pueblos evolucionados... los pueblos somnolientos se unieron a los déspotas para proscribir los tribunales populares.”.

La Universidad de Columbia, junto con el Profesor Fletcher y su discípulo, el Profesor Chiesa (Director de Derecho penal en Buffalo) respaldan la figura del jurado como base de la teoría del contexto que busca que los casos se puedan juzgar por personas que entienden las circunstancias del implicado.

Como se ve, todo lo que hoy conocemos en punto de los escándalos y las reconocidas fallas al alrededor del sistema acusatorio, amen de los reparos que casi a diario y desde todas las orillas se le hacen a la administración de justicia desprestigiada de sus bases, son para reflexionar y considerar seria y responsablemente sobre la necesidad de cambiar la actual forma de juzgamiento penal, materia de tantas objeciones y tachas; tanto por legos como por eruditos en la ciencia del derecho penal.

De hecho, y sin que tengan la formación, desconocedores del rigor en la aplicación del derecho, muchos sobre todo desde los medios, escudan el prejuzgamiento en opiniones y so pretexto de informar desde el origen de cualquier causa criminal, inducen su particular juicio o parecer filtrándolo sutilmente a las numerosas audiencias –rating- que incautas lo avalan, con el agravante de que haciendo eco del opinador de turno, se ensañan contra fiscales, jueces, magistrados y abogados a quienes sin conocer en detalle las pruebas califican de corruptos.

Lo anterior entonces justificaría la implementación del jurado, veremos si para el momento en que uno o más de esos personajes que critican sin saber, investidos como jueces a sabiendas de la enorme responsabilidad que les asiste, mantienen el rigor, y la rudeza con la que hoy se expresan en contra de un sujeto sentado en el banquillo de los acusados, criticando a las partes involucradas en el proceso, veremos si en un segundo plano el tema de la audiencia, al asumir como jurados, se comprometen y responsablemente emiten un juicio justo.

 

AUGUSTO A. OCAMPO

Abogado