Gracias, Presidente

02 Marzo, 2026

Por EFRAIM MEDINA REYES

 No te conozco personalmente, no sé qué persona eres en tu íntima cotidianidad ni creo que eso importe. Tal vez incluso es mejor así porque puedo expresarme sin que medie vínculo alguno entre los dos que altere mi visión o juicio respecto a ti.  Escribo estás líneas, con una mezcla de vibrante ilusión y profunda melancolía, para decir simplemente:

-Gracias, Petro.

Se acerca inexorable el día en que dejarás de ser oficialmente nuestro Presidente, pero creo que tu nombre y tus acciones quedarán grabadas en el corazón de este país y de cada colombiano que, igual que yo, ha sentido, acompañado, respaldado y apreciado tu lucha para cambiar el adverso destino al que esa corrupta clase política tradicional nos había condenado.

No voy a mencionar aquí a tus siniestros enemigos porque no son dignos de aparecer en un texto cuya única intención es darte una y mil veces las gracias.

Más allá de los múltiples resultados positivos de tu gobierno y de aquellos que lo son menos. De los proyectos que has sacado adelante y los que aún están en marcha. Y, por supuesto, más allá de las iniciativas que fracasaron y las reformas que no te permitieron llevar a cabo pero que Iván Cepeda, que espero con el alma sea tu sucesor, podría culminar. Sobre todo si somos capaces de elegir un Congreso honesto y respetable que allane el camino a la justicia social y la transformación del país que tú ya iniciaste.

Insisto: más allá de triunfos y frustraciones, de discursos y silencios, de batallas y heridas, de alegrías, sinsabores y errores aceptados o negados yo, en nombre de tu pueblo del que soy uno más, te quiero dar, con toda la sinceridad y dignidad que heredé de mi madre, las gracias por el que considero el más profundo, importante e irreversible de tus logros: el cambio de mentalidad.

Y es este un cambio que nadie jamás podrá alterar o negar. Un cambio que es al mismo tiempo conceptual y emocional. Un cambio que ha sacudido las entrañas de este país y que hizo posible que, por primera vez en nuestra compleja, difícil y accidentada historia, nos sintiéramos plenamente representados, para bien o para mal, por un Presidente y nos sintiéramos todos, y cada uno de nosotros, ese Presidente.

Sí, dejas una nueva forma de concebir a un Jefe de Estado y, así mismo, un modo distinto de vernos y estimarnos a nosotros mismos como habitantes y ciudadanos de este país. Y dejas la idea de que el país que imaginamos y nos negaron aún está a nuestro alcance y que no debemos eludir nunca más esa idea.

Gracias Presidente por tu actitud desenfadada y tu comunicación auténtica y a ratos excéntrica, pero siempre constante y tan llena de humanidad que nos ha permitido interesarnos, como nunca antes, en qué cosa somos y seguir los compases y vaivenes de tu gobierno en tiempo real y tutearte como estoy haciendo y acertar o equivocarnos y también, por qué no, a veces trasnochar, discutir, emputarnos y delirar contigo.

Gracias por recordarnos con tanto ahínco que no hemos sobrevivido al incendio colonial ni a la ignominia despiadada de la esclavitud para arrastrarnos o implorar caridad sino para tomar las riendas de esta tierra que amamos y de la que somos los legítimos dueños.

Gracias por enfrentar y no temer identificar a los ladrones, los intrusos, los racistas y usurpadores, incluyendo a los que han hecho parte de tu gobierno. Y alzar la voz, en nuestro nombre, contra quienes nos silenciaron usando la violencia, la corrupción y el terror. Esos mismos que aún están allí intentado aferrarse al poder perdido y que debemos derrotar pacificamente en las urnas.

Gracias por convencernos, a pesar de la incertidumbre que décadas y décadas de ominosa oscuridad nos habían impregnado en la mente, que tenemos el derecho a vivir dignamente y que es esa la función del Estado y no saquear y concentrar la riqueza como hizo hasta hoy la élite criminal y corrupta que dominó el país.

Gracias por escribir y repetir tantas veces que nos merecemos algo más que miseria y abandono, algo más que mentiras y desprecio, algo más que impunidad y desesperación. Y que no somos seres de segunda o tercera clase ni mucho menos carne de cañón. Que se trata de asumir nuestra responsabilidad como pueblo y defender nuestros derechos. Gracias por haber realizado, empeñándote al máximo y arriesgándolo todo, tu parte. Sabemos bien que la continuidad de tus esfuerzos queda en nuestras manos. De corazón gracias.

Quizá apreciado Petro no seas el colombiano más eficaz e inolvidable en la cama (en realidad lo soy yo), pero lo eres como Presidente. Absolutamente inolvidable.

Tu aventura equinoccial al frente de este país me ha llevado a entender que no basta con ser el escritor, el artista, el buen padre y hombre justo que creo ser. No basta porque puedo hacer más y dar lo que de mí dependa para seguir cambiando este país, mi país, y hacerlo mejor como tú has intentado y en parte logrado que sea, contra viento y marea, cada instante de tu gobierno.

Gracias por y para siempre Gustavo Petro.