El reclutamiento de menores en Colombia es una tragedia estructural y multidimensional

30 Enero, 2026
  • La infancia se reduce a un recurso de guerra. Los grupos armados usan métodos sofisticados —desde incentivos estéticos y redes sociales hasta coacción emocional— para captar menores, especialmente indígenas. Con un reclutamiento cada 48 horas, un informe de Indepaz exige una política definitiva de Estado que priorice la vida sobre sobre los fusiles.


Por LA NUEVA PRENSA

 En los territorios donde el Estado es una sombra y los grupos armados son la ley, la infancia no se vive, se sobrevive. El más reciente informe de Indepaz, titulado "Mientras el reclutamiento crece, la infancia se reduce", revela una realidad desoladora: el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes (NNA) en Colombia ha dejado de ser una práctica meramente militar para convertirse en un fenómeno de control social absoluto, cimentado en el abandono institucional y la sofisticación de los métodos de captación.

Uno de los puntos más críticos que resalta el informe es la tensión en la narrativa estatal. Mientras el Derecho Internacional Humanitario (DIH) es claro al señalar que un menor reclutado nunca pierde su condición de víctima, el discurso oficial ha tenido peligrosos giros hacia la estigmatización.

En 2021, la muerte de once menores en un bombardeo en Guaviare provocó una moción de censura. Sin embargo, para 2025, tras nuevos bombardeos, la postura del Ministerio de Defensa parece haber cambiado hacia una lógica donde "el arma mata, no la edad", debilitando la protección especial de la que deberían gozar los NNA. Según datos de Medicina Legal, 214 menores han sido asesinados por la Fuerza Pública en la última década, evidenciando que la niñez está atrapada entre el fuego de los grupos ilegales y la respuesta reactiva del Estado.

La magnitud del fenómeno es alarmante. En la Cumbre de Gobernadores de 2025 se denunció que cada 48 horas un niño es reclutado en Colombia.

 

El panorama en 2025 (Hasta noviembre):

Total de casos registrados: 194.

Población más afectada: 43% indígenas, 41% niñas y adolescentes mujeres, 8% afrocolombianos.

 

Principales responsables: 

Estado Mayor Central (EMC): 44%

ELN: 14%

Ejército Gaitanista de Colombia (EGC): 8%

Segunda Marquetalia: 4%

Sin embargo, Indepaz advierte sobre un subregistro de entre el 30% y 40%. Muchas familias no denuncian por miedo, o las autoridades clasifican los casos como "desaparición forzada" en lugar de reclutamiento, invisibilizando la raíz del problema. En el Norte del Cauca, las cifras de la ACIN muestran una tendencia aterradora: entre 2019 y 2025, al menos 1.045 menores fueron arrebatados de sus comunidades.

 

Reclutamiento, Uso y Utilización

Para abordar el problema, el informe aclara que no todo contacto con el grupo armado implica "tomar las armas" de inmediato. Existe una escala de vulneración:

Reclutamiento: Incorporación formal a la estructura (como combatiente).

Uso: Labores de inteligencia, mensajería ("campaneo"), vigilancia o explotación laboral sin ser parte formal de las filas.

Utilización: Concepto más amplio que incluye explotación sexual, fines simbólicos o económicos.

Regla de oro: En el marco legal colombiano e internacional, todo reclutamiento es forzado, ya que un menor no tiene la capacidad de "consentir" su ingreso a un grupo criminal, incluso si parece "voluntario" debido a las circunstancias de pobreza o falta de opciones.

El informe de Indepaz 2025 desglosa cómo los grupos armados han sofisticado sus métodos, alejándose de la tradicional incursión violenta para apostar por mecanismos de "endulzamiento" y control emocional.

 

Coacción Emocional

Ya no es solo el rapto. Los grupos instrumentalizan los vínculos afectivos. Especialmente en el caso de las niñas, se utilizan relaciones de pareja con mandos medios que ofrecen "protección" o estatus. Una vez dentro, estas jóvenes son obligadas a reclutar a otros menores, feminizando la cadena de captación.

Uno de los hallazgos más sorprendentes es el uso de incentivos estéticos. Los grupos ofrecen tratamientos de ortodoncia, diseño de cejas o keratina a jóvenes que no pueden costearlos. Estos beneficios actúan como un gancho simbólico de pertenencia y deuda con la organización.

Los grupos identifican el talento. Si un niño destaca en el fútbol pero su familia no puede comprar los guayos, el grupo armado aparece como el "mecenas". Patrocinan torneos, uniformes y viajes, creando una dependencia que termina en el traslado forzado del joven a otras zonas de combate.

 

Reclutamiento Digital

Redes sociales como TikTok e Instagram son los nuevos escaparates de la guerra. A través de videos de "tecnocumbia" con uniformes impecables, armas bañadas en oro y alarde de dinero, los grupos venden un estilo de vida de éxito rápido que contrasta con la miseria estructural de sus hogares.

 

El Cauca: El epicentro de la tragedia

El departamento del Cauca se destaca como el laboratorio de estas dinámicas. La convergencia de economías ilícitas (coca y minería), la disputa territorial entre el EMC y la Segunda Marquetalia, y la debilidad del Estado han dejado a las comunidades indígenas, como las representadas por el CRIC y la ACIN, en una resistencia solitaria.

En municipios como El Tambo, Toribío, Caloto y Argelia, el grupo armado no solo recluta al menor; destruye el tejido social, desafía la autoridad de los cabildos y fractura la espiritualidad de los pueblos originarios. Para muchos jóvenes en estas zonas, el fusil parece ser el único camino de "ascenso social".

 

¿Por qué la infancia?

El reclutamiento no ocurre en el vacío. Indepaz señala factores que el Estado ignora sistemáticamente:

Pobreza Multidimensional: Cuando el hambre apremia, una oferta de un millón de pesos parece una fortuna.

Fallas en el Sistema Educativo: Escuelas sin recursos o que son utilizadas como centros de captación por los grupos armados.

Vulnerabilidad LGTBIQ+: Jóvenes que sufren bullying en sus hogares o colegios encuentran en el grupo armado una falsa promesa de "respeto" y "familia".

Presencia Estatal Reactiva: El Estado llega con fusiles (militarización) pero no con servicios sociales, salud mental o proyectos de vida sostenibles.

El informe cierra con un llamado urgente: la protección de la infancia no puede ser un programa de gobierno transitorio o una bandera de campaña. Debe ser una política de Estado estructural.

Si el reclutamiento crece, es porque como sociedad hemos permitido que la infancia se reduzca a un recurso de guerra. Mientras los gobiernos sigan actuando como "observadores" y no como garantes activos, las zonas rurales de Colombia seguirán enterrando su futuro antes de que este cumpla la mayoría de edad.